
Programas de Alimentación Escolar en Chile
Claudia Deichler, Historiadora, Doctora © de la Universidad de Santiago, Investigadora de Historia de la alimentación
“Proporcionemos a los niños el alimento, el vestuario y el medicamento en caso de enfermedad, y veremos cómo los padres llevan [a] sus hijos a la Escuela; y este sería un medio preliminar para hacer más tarde obligatoria la instrucción”.
— Eloísa Díaz, 1906
Las diversas estrategias y planes de alimentación para la infancia en las escuelas chilenas durante el siglo XX fueron una respuesta civil, institucional y política al problema de la desnutrición y la deserción escolar. No se trataba sólo de repartir comida, sino de un proyecto de ingeniería social que buscaba transformar la realidad biológica de la clase trabajadora. Los programas de alimentación escolar representaron el paso de la beneficencia privada a una responsabilidad estatal técnica, científica y obligatoria. Convirtiendo los recintos educacionales en el brazo más cercano del Estado para las familias populares, garantizando que, al menos durante la jornada escolar, la necesidad más básica estuviera cubierta.
A lo largo del siglo XX, Chile libró una batalla determinante en las aulas y consultorios: la lucha contra la desnutrición infantil. Para la historiografía de la alimentación, este proceso no solo representa una serie de hitos médicos o administrativos, sino que constituye el eje sobre el cual se articuló la relación entre el Estado, la infancia y los sectores populares. Lo que comenzó como una respuesta urgente ante cifras de mortalidad alarmantes, terminó por consolidar a la escuela como uno de los principales centros de protección social del país (Illanes, 1991).
A fines del siglo XIX y comienzos del XX, la Cuestión Social en Chile se manifestaba con crudeza en los registros demográficos. Hacia 1910, el Registro Civil arrojaba una cifra demoledora: el 26% de la población infanto-juvenil fallecía, siendo la precariedad alimentaria el factor subyacente en la mayoría de los casos. En este escenario, la incapacidad de las familias populares para sustentar a sus hijos no pasó desapercibida para la élite médica y política, pero fueron las mujeres de la sociedad civil quienes tomaron la vanguardia.
En 1908 surgieron iniciativas privadas pioneras como la Olla Infantil y la Sociedad de Ollas Infantiles. Estas agrupaciones de beneficencia marcaron el inicio de una transición fundamental: el traslado del acto de alimentar desde el hogar hacia el espacio público. La escuela se reveló entonces como el lugar propicio no solo para la instrucción, sino para la supervivencia.
Un hito legislativo transformó esta dinámica: la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria de 1920 (Lei N°3.654,1920). Con su promulgación, profesores y médicos formalizaron una certeza que ya observaban en el cotidiano: no es posible educar a niñas y niños que padecen hambre. La deserción escolar no era solo un problema de falta de voluntad, sino de carencias materiales. Así, los comedores escolares se establecieron como un aliciente crítico para asegurar la asistencia. Sin embargo, la brecha entre el marco legal y el financiamiento estatal fue persistente. Aunque la ley propiciaba la creación de Juntas de Auxilio, los recursos seguían siendo esquivos. No fue sino hasta la llegada de los gobiernos radicales cuando el presupuesto para alimentación y vestuario experimentó un incremento significativo, aunque todavía insuficiente frente a la magnitud de la crisis nutricional que golpeaba a los barrios obreros y zonas rurales.
La segunda mitad del siglo XX marcó el paso de la beneficencia dispersa a la institucionalidad técnica. En 1953 se creó la Junta Nacional de Auxilio Escolar (JUNAE), organismo que en 1964 evolucionaría hacia lo que sigue siendo conocido como la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (JUNAEB) durante el gobierno de Jorge Alessandri. Esta transición significó que la alimentación escolar dejó de ser vista como una “limosna” para ser comprendida como un derecho y un deber del Estado para con sus ciudadanos más jóvenes.
Este proceso de maduración institucional alcanzó su punto cúlmine en la década de 1970. Dentro del programa de la Unidad Popular, la Medida N°15 —el “Medio Litro de Leche”— se erigió como el símbolo más potente de las políticas de alimentación complementaria. Bajo la dirección de Giorgio Solimano la cobertura se expandió de manera inédita: de 650 mil beneficiarios en 1970 se saltó a 3.6 millones en 1973. La distribución estratégica a través de la red de la JUNAEB y el Servicio Nacional de Salud permitió que la leche llegara a cada rincón del país, logrando uno de los impactos más profundos y efectivos en la reducción de la desnutrición infantil en la historia de Chile.
Pese al éxito de medidas como la distribución de leche y la robusta institucionalidad creada, la historia de la alimentación en Chile nos recuerda que el problema de la escasez no se resolvió de forma lineal ni inmediata. Grandes grupos de infancias continuaron enfrentando la vulnerabilidad alimentaria hasta bien avanzado el cierre del siglo. En perspectiva histórica, el siglo XX chileno demuestra que la escuela no fue solo un recinto para la instrucción, sino un laboratorio de políticas sociales donde el plato de comida y la ración de leche fueron herramientas de justicia tan vitales como el silabario. La historia de lo que comieron niñas y niños es, en última instancia, la historia de las prioridades del Estado.
Que el Estado garantice la alimentación en las escuelas es reconocer que lo biológico es político. Es la afirmación de que la vida humana debe estar por encima de las leyes del mercado. En un país como Chile, donde la mesa ha sido históricamente un lugar de profunda segregación, el comedor escolar estatal es uno de los pocos espacios donde se intenta, con mayor o menor éxito, materializar la consigna de que todos tenemos el mismo derecho a la existencia.
Referencias
Libros y publicaciones asociadas:
Carrasco, N., y Neves, C. (2023). Programa de Alimentación Escolar en Chile, 1964–1969. La expansión del desarrollo/subdesarrollo en América Latina a través de la estandarización del comer. Revista Notas Históricas y Geográficas, (31), 178–195.
Díaz, E. (1906). La alimentación de los niños pobres en las escuelas públicas. Anuario del Ministerio de Instrucción Primaria (1), 3–13.
Dirección General de Educación Primaria (1920). Lei N° 3.654 sobre Educación Primaria Obligatoria. Santiago: Imprenta Lagunas & Co.
Illanes, M.A (1991). Ausente señorita. El niño chileno, la escuela para pobres y el auxilio. 1890–1990. Chile: Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas.
Imágenes:
1) Almuerzo escolar en la Escuela Normal de Aplicación, 1920. Fondo Museo Histórico Nacional.
2) Almuerzo escolar en el Liceo n°1 de Niñas, 1940. Fondo Museo Histórico Nacional.
3) Niños saliendo de una clase de agricultura en una escuela rural, 1925. Fondo Museo Histórico Nacional.
4) Desayuno escolar, 1944. Museo de la Educación.
5) Desayuno escolar en una escuela de niñas, 1930. Fondo Museo Histórico Nacional.
6) Niñas almorzando en comedor escolar, c. 1920. Museo de la Educación.
7) Olla Escolar, 1912. Museo de la Educación.
8) ¿Por qué el Medio Litro de Leche? (Portada), 1971. Santiago: Universitaria (Colección Biblioteca Nacional).
Cómo citar este artículo APA (7.ª edición):
Deichler, C. (2026, 29 de abril). Programas de Alimentación Escolar en Chile.
https://www.modernismolatinoamericano.org/programas-de-alimentacion-escolar-en-chile/
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