Programas de Alimentación Escolar en Chile

Claudia Deichler, Historiadora, Doctora © de la Universidad de Santiago, Investigadora de Historia de la ali­men­ta­ción

Ciudad: Santiago de Chile
Productor: Estado de Chile
Personas Vinculadas: Ana Luisa Ortúzar de Valdés, Eloísa Díaz, Jorge Alessandri, Eduardo Frei Montalva, Radomiro Tomic, Alberto Jerez, Salvador Allende, Giorgio Solimano, Fernando Monckeberg.
Ubicación: Museo de la Educación, Museo Histórico Nacional, Biblioteca Nacional.
País: Chile
Tipo: Reforma

“Proporcionemos a los niños el ali­men­to, el ves­tua­rio y el medi­ca­men­to en caso de enfer­me­dad, y vere­mos cómo los padres lle­van [a] sus hijos a la Escuela; y este sería un medio pre­li­mi­nar para hacer más tarde obli­ga­to­ria la ins­truc­ción”.

— Eloísa Díaz, 1906

Las diver­sas estra­te­gias y pla­nes de ali­men­ta­ción para la infan­cia en las escue­las chi­le­nas duran­te el siglo XX fue­ron una res­pues­ta civil, ins­ti­tu­cio­nal y polí­ti­ca al pro­ble­ma de la des­nu­tri­ción y la deser­ción esco­lar. No se tra­ta­ba sólo de repar­tir comi­da, sino de un pro­yec­to de inge­nie­ría social que bus­ca­ba trans­for­mar la reali­dad bio­ló­gi­ca de la clase tra­ba­ja­do­ra. Los pro­gra­mas de ali­men­ta­ción esco­lar repre­sen­ta­ron el paso de la bene­fi­cen­cia pri­va­da a una res­pon­sa­bi­li­dad esta­tal téc­ni­ca, cien­tí­fi­ca y obli­ga­to­ria. Convirtiendo los recin­tos edu­ca­cio­na­les en el brazo más cer­cano del Estado para las fami­lias popu­la­res, garan­ti­zan­do que, al menos duran­te la jor­na­da esco­lar, la nece­si­dad más bási­ca estu­vie­ra cubier­ta.

A lo largo del siglo XX, Chile libró una bata­lla deter­mi­nan­te en las aulas y con­sul­to­rios: la lucha con­tra la des­nu­tri­ción infan­til. Para la his­to­rio­gra­fía de la ali­men­ta­ción, este pro­ce­so no solo repre­sen­ta una serie de hitos médi­cos o admi­nis­tra­ti­vos, sino que cons­ti­tu­ye el eje sobre el cual se arti­cu­ló la rela­ción entre el Estado, la infan­cia y los sec­to­res popu­la­res. Lo que comen­zó como una res­pues­ta urgen­te ante cifras de mor­ta­li­dad alar­man­tes, ter­mi­nó por con­so­li­dar a la escue­la como uno de los prin­ci­pa­les cen­tros de pro­tec­ción social del país (Illanes, 1991).

A fines del siglo XIX y comien­zos del XX, la Cuestión Social en Chile se mani­fes­ta­ba con cru­de­za en los regis­tros demo­grá­fi­cos. Hacia 1910, el Registro Civil arro­ja­ba una cifra demo­le­do­ra: el 26% de la pobla­ción infan­to-juve­nil falle­cía, sien­do la pre­ca­rie­dad ali­men­ta­ria el fac­tor sub­ya­cen­te en la mayo­ría de los casos. En este esce­na­rio, la inca­pa­ci­dad de las fami­lias popu­la­res para sus­ten­tar a sus hijos no pasó des­aper­ci­bi­da para la élite médi­ca y polí­ti­ca, pero fue­ron las muje­res de la socie­dad civil quie­nes toma­ron la van­guar­dia.

En 1908 sur­gie­ron ini­cia­ti­vas pri­va­das pio­ne­ras como la Olla Infantil y la Sociedad de Ollas Infantiles. Estas agru­pa­cio­nes de bene­fi­cen­cia mar­ca­ron el ini­cio de una tran­si­ción fun­da­men­tal: el tras­la­do del acto de ali­men­tar desde el hogar hacia el espa­cio públi­co. La escue­la se reve­ló enton­ces como el lugar pro­pi­cio no solo para la ins­truc­ción, sino para la super­vi­ven­cia.

Un hito legis­la­ti­vo trans­for­mó esta diná­mi­ca: la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria de 1920 (Lei N°3.654,1920). Con su pro­mul­ga­ción, pro­fe­so­res y médi­cos for­ma­li­za­ron una cer­te­za que ya obser­va­ban en el coti­diano: no es posi­ble edu­car a niñas y niños que pade­cen ham­bre. La deser­ción esco­lar no era solo un pro­ble­ma de falta de volun­tad, sino de caren­cias mate­ria­les. Así, los come­do­res esco­la­res se esta­ble­cie­ron como un ali­cien­te crí­ti­co para ase­gu­rar la asis­ten­cia. Sin embar­go, la bre­cha entre el marco legal y el finan­cia­mien­to esta­tal fue per­sis­ten­te. Aunque la ley pro­pi­cia­ba la crea­ción de Juntas de Auxilio, los recur­sos seguían sien­do esqui­vos. No fue sino hasta la lle­ga­da de los gobier­nos radi­ca­les cuan­do el pre­su­pues­to para ali­men­ta­ción y ves­tua­rio expe­ri­men­tó un incre­men­to sig­ni­fi­ca­ti­vo, aun­que toda­vía insu­fi­cien­te fren­te a la mag­ni­tud de la cri­sis nutri­cio­nal que gol­pea­ba a los barrios obre­ros y zonas rura­les.

La segun­da mitad del siglo XX marcó el paso de la bene­fi­cen­cia dis­per­sa a la ins­ti­tu­cio­na­li­dad téc­ni­ca. En 1953 se creó la Junta Nacional de Auxilio Escolar (JUNAE), orga­nis­mo que en 1964 evo­lu­cio­na­ría hacia lo que sigue sien­do cono­ci­do como la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (JUNAEB) duran­te el gobierno de Jorge Alessandri. Esta tran­si­ción sig­ni­fi­có que la ali­men­ta­ción esco­lar dejó de ser vista como una “limos­na” para ser com­pren­di­da como un dere­cho y un deber del Estado para con sus ciu­da­da­nos más jóve­nes.

Este pro­ce­so de madu­ra­ción ins­ti­tu­cio­nal alcan­zó su punto cúl­mi­ne en la déca­da de 1970. Dentro del pro­gra­ma de la Unidad Popular, la Medida N°15 —el “Medio Litro de Leche”— se eri­gió como el sím­bo­lo más poten­te de las polí­ti­cas de ali­men­ta­ción com­ple­men­ta­ria. Bajo la direc­ción de Giorgio Solimano la cober­tu­ra se expan­dió de mane­ra iné­di­ta: de 650 mil bene­fi­cia­rios en 1970 se saltó a 3.6 millo­nes en 1973. La dis­tri­bu­ción estra­té­gi­ca a tra­vés de la red de la JUNAEB y el Servicio Nacional de Salud per­mi­tió que la leche lle­ga­ra a cada rin­cón del país, logran­do uno de los impac­tos más pro­fun­dos y efec­ti­vos en la reduc­ción de la des­nu­tri­ción infan­til en la his­to­ria de Chile.

Pese al éxito de medi­das como la dis­tri­bu­ción de leche y la robus­ta ins­ti­tu­cio­na­li­dad crea­da, la his­to­ria de la ali­men­ta­ción en Chile nos recuer­da que el pro­ble­ma de la esca­sez no se resol­vió de forma lineal ni inme­dia­ta. Grandes gru­pos de infan­cias con­ti­nua­ron enfren­tan­do la vul­ne­ra­bi­li­dad ali­men­ta­ria hasta bien avan­za­do el cie­rre del siglo. En pers­pec­ti­va his­tó­ri­ca, el siglo XX chi­leno demues­tra que la escue­la no fue solo un recin­to para la ins­truc­ción, sino un labo­ra­to­rio de polí­ti­cas socia­les donde el plato de comi­da y la ración de leche fue­ron herra­mien­tas de jus­ti­cia tan vita­les como el sila­ba­rio. La his­to­ria de lo que comie­ron niñas y niños es, en últi­ma ins­tan­cia, la his­to­ria de las prio­ri­da­des del Estado.

Que el Estado garan­ti­ce la ali­men­ta­ción en las escue­las es reco­no­cer que lo bio­ló­gi­co es polí­ti­co. Es la afir­ma­ción de que la vida huma­na debe estar por enci­ma de las leyes del mer­ca­do. En un país como Chile, donde la mesa ha sido his­tó­ri­ca­men­te un lugar de pro­fun­da segre­ga­ción, el come­dor esco­lar esta­tal es uno de los pocos espa­cios donde se inten­ta, con mayor o menor éxito, mate­ria­li­zar la con­sig­na de que todos tene­mos el mismo dere­cho a la exis­ten­cia.

Referencias

Libros y publi­ca­cio­nes aso­cia­das: 

Carrasco, N., y Neves, C. (2023). Programa de Alimentación Escolar en Chile, 1964–1969. La expan­sión del desarrollo/subdesarrollo en América Latina a tra­vés de la estan­da­ri­za­ción del comer. Revista Notas Históricas y Geográficas, (31), 178–195.

Díaz, E. (1906). La ali­men­ta­ción de los niños pobres en las escue­las públi­cas. Anuario del Ministerio de Instrucción Primaria (1), 3–13. 

Dirección General de Educación Primaria (1920). Lei N° 3.654 sobre Educación Primaria Obligatoria. Santiago: Imprenta Lagunas & Co. 

Illanes, M.A (1991). Ausente seño­ri­ta. El niño chi­leno, la escue­la para pobres y el auxi­lio. 1890–1990. Chile: Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas.

Imágenes:

1) Almuerzo esco­lar en la Escuela Normal de Aplicación, 1920. Fondo Museo Histórico Nacional. 

2) Almuerzo esco­lar en el Liceo n°1 de Niñas, 1940. Fondo Museo Histórico Nacional.

3) Niños salien­do de una clase de agri­cul­tu­ra en una escue­la rural, 1925. Fondo Museo Histórico Nacional.

4) Desayuno esco­lar, 1944. Museo de la Educación.

5) Desayuno esco­lar en una escue­la de niñas, 1930. Fondo Museo Histórico Nacional.

6) Niñas almor­zan­do en come­dor esco­lar, c. 1920. Museo de la Educación.

7) Olla Escolar, 1912. Museo de la Educación.

8) ¿Por qué el Medio Litro de Leche? (Portada), 1971. Santiago: Universitaria (Colección Biblioteca Nacional).

Cómo citar este artícu­lo APA (7.ª edi­ción):
Deichler, C. (2026, 29 de abril).
Programas de Alimentación Escolar en Chile.
https://www.modernismolatinoamericano.org/programas-de-alimentacion-escolar-en-chile/

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