
Gráfica de la Confederación Campesina del Perú (CCP)
Tania Gómez Perochena. Investigadora doctoral de Goldsmiths, University of London. Miembro del Centro de Estudios Postcoloniales, y de Ecorazonar, organización de ecología política feminista en Perú.
¡Por la tierra y el poder, venceremos!
— CCP, 1985
La cuestión de fondo del problema [agrario] era, finalmente, planteada [por las élites]. Sin embargo, ya era tarde …. A inicios de los 60 los campesinos tenían su propia idea de reforma agraria
— José Luis Renique, 1991
La reforma agraria peruana de 1969 fue uno de los procesos de redistribución de tierras más radicales de América Latina en el siglo XX. El gobierno militar de Juan Velasco Alvarado expropió los grandes latifundios en la costa y la sierra, transformándolos en cooperativas y sociedades agrícolas administradas por el Estado, con el objetivo declarado de acabar con el poder terrateniente y modernizar el agro. Fue una revolución desde arriba: sin participación campesina en su diseño y con enormes límites que las propias organizaciones campesinas buscaron disputar.
La historia visual de esa disputa ha sido sistemáticamente opacada por la gráfica oficial. El debate sobre la reforma agraria estuvo dominado estéticamente por los afiches producidos por el propio Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas: piezas de alto tiraje, elaboradas por artistas que combinaban la vanguardia cosmopolita con la iconografía de las luchas anticoloniales andinas. Ese corpus ha generado una discusión notable: Anna Cant, Talía Dajes y Mijail Mitrovic han analizado, desde ángulos distintos, cómo esas imágenes construían un sujeto campesino mítico —solarizado, heroico, vinculado a Túpac Amaru— y cómo lo estético no era mero decorado ideológico sino un entramado político que constituía una nueva subjetividad nacional-popular. Esta discusión es rica y sigue abierta.
A esta línea de trabajo debemos sumar las imágenes que los propios campesinos y sus organizaciones autónomas produjeron sobre la misma coyuntura. El vasto archivo de la Confederación Campesina del Perú (CCP), recientemente digitalizado, puede ayudarnos a embarcarnos en esta tarea.
Fundada el 11 de abril de 1947, la CCP emergió, entre varios factores, de la confluencia de gremios campesinos, el Partido Aprista Peruano (APRA) y el Partido Socialista. Su origen intelectual se remonta a las largas conversaciones entre Juan Hipólito Pévez Oliveros, veterano dirigente, y José Carlos Mariátegui, fundador del socialismo peruano, sobre la necesidad de una organización gremial campesina autónoma. Desde sus orígenes, la CCP articuló sus reivindicaciones en un horizonte obrero-campesino que concebía a los trabajadores del campo como parte de un sujeto colectivo explotado por el capital y la gran propiedad terrateniente. A lo largo de su historia, diversas corrientes de la izquierda peruana disputaron su dirección, entre ellas el Partido Comunista Peruano-Unidad, Bandera Roja, el Partido Obrero Revolucionario (POR), Vanguardia Revolucionaria y el Partido Unificado Mariateguista, lo que refleja las tensiones y escisiones del marxismo latinoamericano del siglo XX. La organización enfrentó períodos de intensa represión estatal, divisiones internas y el destructivo impacto del Conflicto Armado Interno (1980–2000), pero sostuvo su papel como principal gremio campesino del país.
El archivo que hoy podemos consultar es, en sí mismo, producto de una lucha. En 2008, la historiadora Ruth Borja inició, con el trabajo voluntario de estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la recuperación de los documentos de la CCP, que se encontraban en riesgo de deterioro irreversible. Años después, el Grupo Archivo y Memoria logró digitalizar más de 30.000 documentos, preservando la memoria de décadas de lucha, aprendizaje y herencia campesina.
Lo primero que habla en este acervo es su condición material. El archivo reúne técnicas diversas que no responden a un plan estético centralizado: grabados en madera o linóleo que requieren habilidad artesanal, pero no maquinaria industrial; fotomontajes en los que fotografías documentales de movilizaciones reales —cuerpos concretos, puños en alto, chullos y sombreros de ala ancha— se imprimen sobre fondos de color; ilustraciones dibujadas a mano con figuras de movimiento colectivo y geografías locales concretas, no paisajes andinos genéricos. Esta heterogeneidad técnica no es una limitación sino una declaración: no hay identidad gráfica unificada porque no hay aparato de propaganda centralizado. Cada escala y federación produce con lo que tiene, para quien lo necesita, en el momento en que lo necesita. Si los afiches del Estado se tiraban en ediciones de hasta 200.000 copias con tecnología offset y colores psicodélicos, los materiales de la CCP, de la dirección nacional o de las tantas federaciones regionales que la componían, reflejaban la pluralidad irreductible de un movimiento que no cabía en una sola imagen ni en un solo canal. Su falta de unidad es su forma más honesta: una estética del proceso.
La diferencia más profunda con la gráfica oficialista, sin embargo, no es técnica sino política. Las imágenes de la CCP parten de la necesidad de coordinar a un sujeto que ya estaba movilizado. Los cuerpos que aparecen no suelen ser héroes míticos sino compañeros reconocibles, con el gesto de quien convoca una asamblea o denuncia un abuso. Junto a ellos aparece el obrero con su engranaje, lo que revela una posición teórica clara: la CCP inscribía al campesinado en la clase trabajadora, aspirando a una alianza con el obrero urbano como horizonte político del Perú que se estaba articulando.
Esa diferencia se expresa también en el modo de concebir la reforma agraria. Donde los afiches del Estado declaraban “el patrón ya no comerá más de tu pobreza”, las imágenes de la CCP respondieron: “campesino, el patrón no está solo para comer de tu pobreza”. La crítica a los burócratas corruptos de la reforma está presente; la alianza obrero-campesina es un horizonte a conquistar; la reforma verdadera no existe sin la participación del propio campesinado. Para el Estado, la reforma era un hecho consumado que debía ser celebrado e interiorizado; para la CCP, era un proceso abierto e insuficiente que debía ser expandida desde abajo. Incluso en algunos casos se recurría a la figura de Túpac Amaru — ícono central de la propaganda velasquista —; se hacía en un registro crítico: no como símbolo de una revolución ya realizada, sino como una forma de recordar la incompletitud de la reforma, que buscaba empujar más allá de los límites que el régimen le había fijado. La CCP no rechazaba la reforma: la desbordaba. Los materiales gráficos de la CCP son la extensión visual de ese proyecto autónomo: una lucha abierta y popular que impugnaba al Estado sin abandonarlo como terreno de disputa.
Los archivos de las luchas campesinas están allí, disponibles para ser explorados. Para adentrarnos en una lucha que fue casi borrada del imaginario político actual, cuyas potencialidades nos permiten pensar en un tiempo en el que —a través de contradicciones y tensiones sin resolver— existía algo más que una reforma diseñada por los técnicos del Estado: existía una propuesta popular capaz de interpelarla, contenerla y desbordarla. En un contexto en el que el Estado peruano ha sido cooptado por un persistente pacto mafioso y la sociedad aparece casi reducida a la impotencia o al cinismo, estos materiales nos recuerdan los momentos en que fue posible disputar la relación entre Estado y población desde la creatividad y la osadía. Volver al archivo de la CCP puede ser, entonces, una acción reflexiva que permite recordar que la autonomía popular tiene historia, tiene contenido, tiene archivo.
* Le agradezco a Wilder Sanchez, presidente de la CCP, por conceder el permiso en el uso de las imágenes del archivo. Y a Charles Walker y Ruth Borja del Grupo Memoria y Archivo por la ayuda en la gestiones.
Libros y publicaciones asociadas:
Cant, A. (2012). ‘Land for those who work it’: A visual analysis of agrarian reform posters in Velasco’s Peru. Journal of Latin American Studies, 44(1), 1–37.
Cant, A. (2017). Representando la Revolución: la propaganda política del gobierno de Juan Velasco Alvarado en el Perú, 1968–1975. En S. Schuster y Ó. D. Hernández Quiñones (Eds.), Imaginando América Latina: historia y cultura visual, siglos XIX al XXI (pp. 281–313). Editorial Universidad del Rosario.
Cant, A. (2021). Land without masters: Agrarian reform and political change under Peru’s military government. University of Texas Press.
Crisóstomo Meza, Mercedes. 2022. ‘Las mujeres en los movimientos campesinos. La experiencia de la Confederación Campesina del Perú: 1947–1987’. EIAL: Estudios Interdisciplinarios de America Latina y el Caribe 33(1): 138–62.
Huamaní, M. y Tito, J. (2016, marzo). Archivo y revistas de la Confederación Campesina del Perú. Grupo de Trabajo Historia del Siglo XX. https://grupodetrabajohistoriasiglo20.blogspot.com/2016/03/archivo-y-revistas-de-la-confederacion.html
Mitrovic, M., Barros, M. y Álvarez, R. (2022). Un grito a la tierra: Arte y revolución en Chaski (Cusco, 1972–1974). Instituto de Estudios Peruanos.
Oberlin Molina, M. N. (2022). De Marilyn Monroe a Tupac Amaru: El pop achorado y los afiches de la reforma agraria peruana (1968–1973) como vanguardia artística. Revista de la
Red Intercátedras de Historia de América Latina Contemporánea, 16, 83–101.
Renique, Jose Luis. 1991. Los Sueños de La Sierra: Cusco En El Siglo XX. Lima: CEPES Centro Peruano de Estudios Sociales.
Roca-Rey, C. (2016). La propaganda visual durante el gobierno de Juan Velasco Alvarado (1968–1975). IEP / IFEA.
Ruiz Durand, J. (1984). Afiches de la Reforma Agraria: otra experiencia trunca. U‑tópicos: En torno a lo visual, 4–5(17).
Cómo citar este artículo APA (7.ª edición):
Gómez, T. (2026, 27 de junio). Gráfica de la Confederación Campesina del Perú (CCP). Modernismo Latinoamericano. https://www.modernismolatinoamericano.org/grafica-de-la-confederacion-campesina-del-peru-ccp/
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