
El “Medio Litro de Leche”
Jael Goldsmith Weil PhD, Profesora Asociada en el Centro de Estudios del Desarrollo Regional y Políticas Públicas y Estudios Regionales (CEDER) de la Universidad de Los Lagos (Chile).
Leche para todos los niños de Chile: Aseguraremos medio litro de leche como ración diaria a todos los niños de Chile.
— Las primeras 40 medidas del Gobierno Popular, 1970
El Programa Nacional de Leche, popularmente conocido como el Medio Litro de Leche, fue una de las políticas más emblemáticas y recordadas del gobierno de la Unidad Popular (1970–1973). Esta campaña masiva, que entregaba medio litro de leche diario a cada niña y niño menor de quince años, fue medular en la campaña de Salvador Allende y su implementación se hizo prioritaria al asumir la presidencia.
Este componente de la agenda social de Allende se inserta dentro de un paradigma de desarrollo que en Chile tiene antecedentes en discusiones sobre “la Cuestión Social” en la década de 1930, donde la desnutrición y, en particular, el déficit proteico, eran vistos como un impedimento para salir del subdesarrollo. Ya en la década de 1970, Chile había implementado programas estatales de distribución de leche en centros de atención primarios barriales y escuelas que habían tenido éxitos sustantivos en disminuir tasas de desnutrición infantil, deserción escolar y mortalidad infantil y, a pesar del clima político polarizado, los programas de alimentación complementarios tenían un apoyo transversal.
En 1971, el pediatra y ahora presidente Salvador Allende ya tenía una larga trayectoria de compromiso en materia de distribución pública de leche, habiendo asumido en 1939 durante el gobierno de Pedro Aguirre Cerda dell Frente Popular el rol de Ministro de Salubridad con una agenda de “medicina social”, desde la cual impulsó distintos modelos incluyendo la instalación de bares lácteos — establecimientos donde consumir leche de vaca a precios moderados y, principalmente, programas de alimentación materno-infantiles y escolares.
En un discurso en 1972, argumentó:
Si un niño, en los primeros ocho meses de su vida, no recibe la proteína necesaria para su desarrollo corporal y cerebral, se va a desarrollar en forma diferente al niño que pudo tenerla. ¡Y cuántas son las madres proletarias que no pueden amamantar a sus hijos! Nosotros, los médicos, sabemos que el mejor alimento es la leche de la madre, y no lo pueden hacer porque viven en las poblaciones marginales, porque sus compañeros están cesantes y porque ellas se subalimentan. Como madres, están castigadas en sus propias vidas y, lo que es más injusto, en la vida de sus propios hijos.
Esta frase ilustra las preocupaciones nutricionales y también algo del tono maternalista propio de la época, donde son los expertos de la salud (por lo general, hombres médicos) quienes tienen el deber de conocer y velar por el bienestar de mujeres, que son entendidas principalmente como madres.
La implementación del Medio Litro de Leche enfrentó problemas logísticos inesperados. Las interrupciones en las cadenas alimentarias orquestadas por la oposición y el acaparamiento de alimentos, en conjunto con el contexto inflacionario global y nacional, significaron que los costos excedieron más de cinco veces las estimaciones. En 1972 el programa costó 54 millones de dólares, muchísimo más que los 10 millones de dólares presupuestados. Por otra parte, la aceptación de la población fue compleja. Primero, en cuanto a las características organolépticas (sabor y olor) del producto entregado: una leche descremada deshidratada importada. Era un producto poco familiar para las familias, quienes tuvieron dificultades para almacenarlo en condiciones adecuadas de inocuidad. Circulaban rumores de que era “leche de pescado” (fortalecida con harina de pescado) y su sabor y olor hacían difícil que algunas familias encontrasen formas para consumir las cantidades entregadas. Segundo, dado la politización general de la época, algunas familias no la recibían porque era la “leche de Allende”, o “leche para los pobres” o “comunista”. En otros círculos políticos, circulaban rumores que provenía de la CIA con el fin de truncar la estatura.
Sin embargo, a pesar de las dificultades logísticas y la politización de la entrega, el compromiso del Medio Litro de Leche se mantuvo por los 1.041 días que duró la presidencia de Allende. De acuerdo con reportes oficiales, en 1973 el programa tuvo 3,600,000 beneficiarias/os, y se estima que el consumo nacional de leche aumentó un 39% entre 1970 y 1972. El Dr. Patricio Hevia, quien fue director de un consultorio de la municipalidad de Recoleta, ocupó cargos en la Unidad de Fomento en el Ministerio Nacional de Salud de la época y en el 2001 fue parte del equipo que lideró la creación de la Unidad de Patrimonio Cultural de la Salud, recuerda con nostalgia haber alimentado a su hija con esa leche:
Era un programa importante para la gente. No es cierto que toda la leche era para rayar las canchas [de futbol]. Yo diría que, en la conciencia, la gente valorizaba la leche. La gente todavía se acuerda del medio litro de leche. En mi casa, por ejemplo, mi niña se alimentó con la leche del Servicio Nacional, nada más que con esa leche, y con el chancho chino, y la merluza, era lo que teníamos para comer en esa época. Y era gorda, era normal. Y estaba bien. No es como ahora…era muy importante la integración, que los ricos y los pobres estuviesen juntos.
La leche pasó de ser una transferencia material a un derecho adquirido. Fue parte del ideario de una niñez en la que no solamente estuviese ausente el hambre, sino que estuviese provista de un piso nutricional-proteico suficiente para el desarrollo pleno en la adultez. Mientras que los programas de leche posteriores no tendrán la ambición ni la magnitud del Medio Litro de Leche, los intentos de reducirlos serán entendidos como un retroceso políticamente inviable. De esta forma, el legado más importante del Medio Litro de Leche es su impronta simbólica: la leche estatal, símbolo de justicia social y representación material de un Estado que protege, alimenta y cuida.
Referencias
Frens-String, J. (2021). Hungry for Revolution: The Politics of Food and the Making of Modern Chile: University of California Press.
Gobierno de Chile. (2005). Nutrición para el desarrollo: El Modelo Chileno. Santiago: Lom Ediciones
Goldsmith Weil, J. (2017a). Milk Makes State: The Extension and Implementation of Chile’s State Milk Programs, 1901–1971. Historia, 50(I).
Goldsmith Weil, J. (2017b). Using Critical Junctures to Explain Continuity: The Case of State Milk in Neoliberal Chile. Bulletin of Latin American Research, 36(1), 52–67.
Goldsmith Weil, J. (2018). Facing the State Everyday: Examining the Implementation of Chile´s State Milk Program 1954–2010. Social Science History Journal, 42 Issue 3 (2018):469–494(3), 469–494. doi:DOI:10.1017/ssh.2018.20
Goldsmith Weil, J. (2019a). Ciudadanas de leche: Una primera línea del Estado social chileno, 1954–2019. Economía y Política, 6(2), 101–132. doi:DOI: 10.15691./07194714.2019.008
Goldsmith Weil, J. (2019b). Constructing Maternalism from Paternalism: The Case of State Milk Programs. In A. Ramm & J. Gideon (Eds.), Motherhood, Social Policies and Women’s Activism in Latin America. In Press: Palgrave Macmillan.
Jiménez de la Jara, J. (2009). Angelitos Salvados: Un recuento de las políticas de salud infantil en Chile en el siglo XX: Uqbar Editores.
Pemjean, I. (2011). Una historia con olor a leche: de la desnutrición a la obesidad, políticas públicas e ideologías de género. Revista Punto Género, 1.
Cómo citar este artículo APA (7.ª edición):
Goldsmith Weil, J. (2026, 24 de junio). El “Medio Litro de Leche”. Modernismo Latinoamericano. https://www.modernismolatinoamericano.org/computador-musical-digital-analogico-asuar-comdasuar/
Galería
Descubre más desde Modernismo Latinoamericano
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
