El Capital, traducción de Wenceslao Roces

Gabriel Rivas Castro. Becario pos­doc­to­ral en el Instituto de Investigación en Ciencias Sociales (ICSO) de la Universidad Diego Portales (UDP), magís­ter en eco­no­mía, pro­fe­sor de cien­cias socia­les y filo­so­fía.

Ciudad: Ciudad de México
Productor: Fondo de Cultura Económica
Personas Vinculadas: Wenceslao Roces (tra­duc­tor), Karl Marx (autor), Daniel Cosío Villegas (direc­tor FCE), Pablo Neruda (media­dor del exi­lio)
Ubicación: Biblioteca Nacional de México; Biblioteca Nacional Mariano Moreno (Argentina); Biblioteca Nacional de Chile
País: México
Año: 1946

«Con El capi­tal, al dar cima a su obra, Marx entre­ga­ría a las masas tra­ba­ja­do­ras del mundo el arma revo­lu­cio­na­ria más for­mi­da­ble para su com­ba­te: la legi­ti­ma­ción cien­tí­fi­ca rigu­ro­sa de la razón y jus­ti­cia de éste y la cer­te­za incon­mo­vi­ble de su vic­to­ria.»

— Wenceslao Roces, ¿Qué es, para noso­tros, El Capital? (1967), en Escritos sobre El Capital, UNAM/CEMOS, 2025.

Hacia 1898, año de la edi­ción pio­ne­ra de Juan B. Justo en Argentina de su pri­me­ro tomo tra­du­ci­do del ale­mán, El Capital era patri­mo­nio de círcu­los redu­ci­dos: cua­dros mili­tan­tes, socie­da­des de lec­tu­ra, mino­rías obre­ras con acce­so a biblio­te­cas sin­di­ca­les. Las pri­me­ras ver­sio­nes habían cir­cu­la­do a par­tir de la edi­ción fran­ce­sa pre­pa­ra­da por Joseph Roy ‑nunca del ale­mán ori­gi­nal- y res­pon­dían a las urgen­cias de dis­tin­tas corrien­tes del movi­mien­to obre­ro: socia­lis­tas, anar­quis­tas, comu­nis­tas (Tarcus, 2018). Todavía en 1935, cuan­do Manuel Pedroso publi­có su pro­pia ver­sión en la edi­to­rial del señor Aguilar en Madrid, el uni­ver­so lec­tor his­pa­no­par­lan­te seguía sien­do redu­ci­do y dis­per­so. El libro que Marx había escri­to para armar a la clase obre­ra con la cien­cia de su pro­pia con­di­ción no dis­po­nía aún en cas­te­llano de una edi­ción sis­te­má­ti­ca, com­ple­ta y cien­tí­fi­ca­men­te con­fia­ble. Eso cam­bia­ría en 1946.

Wenceslao Roces nació en 1897 en Soto de Sobrescobio, en la cuen­ca mine­ra astu­ria­na, y murió en Ciudad de México en 1992, fun­dién­do­se en la cul­tu­ra lati­no­ame­ri­ca­na. Formado como juris­ta en Oviedo y Madrid, doc­to­ra­do con pre­mio extra­or­di­na­rio en Alemania y titu­lar de la cáte­dra de Derecho Romano en Salamanca, en 1924 es apar­ta­do de la ense­ñan­za por la dic­ta­du­ra de Primo de Rivera. En el perío­do de ostra­cis­mo que siguió, Roces se volcó a la tra­duc­ción.

Cuando regre­só a Alemania a fines de los años vein­te, el movi­mien­to obre­ro aún car­ga­ba con la memo­ria inme­dia­ta del levan­ta­mien­to espar­ta­quis­ta de enero de 1919, que resul­tó en el ase­si­na­to de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg por las mili­cias que el SPD des­en­ca­de­nó con­tra la revo­lu­ción. Esa recien­te heri­da en el movi­mien­to comu­nis­ta mun­dial fue parte del ambien­te que empu­jó a Roces del neo­kan­tis­mo al socia­lis­mo cien­tí­fi­co. Armado con la cien­cia pro­le­ta­ria, se incor­po­ró al Partido Comunista Español a su regre­so, y desde ahí su tra­ba­jo inte­lec­tual y su tra­ba­jo polí­ti­co pasa­ron a ser la misma cosa.

Desde la edi­to­rial Cenit, entre 1930 y 1934, Roces no solo publi­có el tomo I de El Capital en dos volú­me­nes y en for­ma­to popu­lar, sino que diri­gió la colec­ción Biblioteca Carlos Marx, en la que ver­tió al cas­te­llano el Anti-Dühring de Engels, el Manifiesto Comunista, tex­tos de Lenin, Mi Vida de Trotsky, La acu­mu­la­ción del capi­tal de Rosa Luxemburg y la bio­gra­fía de Marx escri­ta por Franz Mehring (Tarcus, 2018). Todos estos tra­ba­jos for­man parte del cor­pus mar­xis­ta en espa­ñol y se apo­ya­ron en las edi­cio­nes crí­ti­cas del Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú. En el logro mismo de la tra­duc­ción se juga­ba algo más: la posi­bi­li­dad de fijar un mar­xis­mo de len­gua espa­ño­la con la cohe­ren­cia cien­tí­fi­ca que exi­gía la acción polí­ti­ca orga­ni­za­da, fren­te al tra­ba­jo dis­per­so y ecléc­ti­co del socia­lis­mo refor­mis­ta. La gue­rra civil, sin embar­go, inte­rrum­pió ese pro­yec­to antes de com­ple­tar­lo. La derro­ta de la República y la olea­da fas­cis­ta obli­ga­ron a Roces a cru­zar el Atlántico antes de con­cluir la tra­duc­ción de los tres tomos y la edi­ción defi­ni­ti­va hubo de espe­rar hasta 1946. 

La clase obre­ra euro­pea cruzó el Atlántico gra­cias a las redes soli­da­rias que ten­día la clase obre­ra lati­no­ame­ri­ca­na, tra­yen­do con Roces el pro­yec­to inaca­ba­do de tra­duc­ción. Pablo Neruda, quien era enton­ces cón­sul gene­ral de Chile en Francia, ges­tio­nó la sali­da de Roces y su com­pa­ñe­ra, Carmen Dorronsoro, de una Europa en lla­mas donde agen­tes fran­quis­tas bus­ca­ban al tra­duc­tor y obre­ro del sec­tor públi­co para entre­gar­lo a España y fusi­lar­lo. El barco que los con­du­jo no fue el famo­so Winnipeg ‑cuya leyen­da con­cen­tra la memo­ria de aquel exi­lio- sino el Masilia, que zarpó hacia Río de Janeiro. Desde allí, Roces cruzó tres paí­ses hasta lle­gar a México en 1942.

El fas­cis­mo, al mismo tiem­po que des­truía a los sec­to­res más avan­za­dos de la clase obre­ra euro­pea, des­pla­za­ba hacia América Latina nue­vas y fecun­das fuer­zas pro­duc­ti­vas. México reci­bía a los exi­lia­dos en un momen­to en que su pro­pio pro­ce­so de expan­sión esta­tal y edu­ca­ti­va crea­ba una deman­da iné­di­ta de tra­ba­jo inte­lec­tual cali­fi­ca­do. La con­trac­ción del mer­ca­do mun­dial duran­te la gue­rra y el desa­rro­llo de pro­ce­sos nacio­na­les de indus­tria­li­za­ción deman­da­ba cien­cia social para su orga­ni­za­ción: el Estado cre­cía, se com­ple­ji­za­ba, y deman­da­ba cua­dros téc­ni­cos capa­ces de com­pren­der­lo y admi­nis­trar­lo. Hacia 1940, cuan­do Roces llegó a México, América Latina suma­ba ya unos 140 millo­nes de habi­tan­tes; la tasa de alfa­be­ti­za­ción ron­da­ba el 45% ‑cerca de 63 millo­nes de letrados‑, más del tri­ple que a comien­zos del siglo, y las uni­ver­si­da­des públi­cas se mul­ti­pli­ca­ban para sos­te­ner la indus­tria­li­za­ción en mar­cha. El Fondo de Cultura Económica, fun­da­do en 1934 por Daniel Cosío Villegas para dotar a México de la biblio­gra­fía bási­ca de la cien­cia eco­nó­mi­ca ‑que hasta enton­ces solo exis­tía en inglés‑, encon­tró en los exi­lia­dos espa­ño­les un recur­so extra­or­di­na­rio de tra­duc­ción de obras de cir­cu­la­ción limi­ta­da prác­ti­ca­men­te a Europa a un públi­co lati­no­ame­ri­cano más amplio. El colap­so de la indus­tria edi­to­rial espa­ño­la, cuyos tra­ba­ja­do­res y recur­sos mate­ria­les habían sido des­trui­dos por la gue­rra y per­se­gui­dos por el fas­cis­mo, flo­re­cie­ron del otro lado del Atlántico como parte del desa­rro­llo cul­tu­ral de la región lati­no­ame­ri­ca­na.

Incorporándose a ini­cios de 1940 al Fondo de Cultura Económica, el tra­ba­jo de Roces no se redu­jo a la tra­duc­ción de El Capital, sino que volcó al espa­ñol gran parte de la obra de Marx, vol­vien­do dis­po­ni­ble, por pri­me­ra vez, poten­cias socia­les hasta ahora exclui­das del acer­vo obre­ro lati­no­ame­ri­cano. Serán más de cin­cuen­ta títu­los de dis­tin­tos auto­res a lo largo de seis déca­das. El pri­mer texto mar­xis­ta que Roces tra­du­jo en México fue la Historia crí­ti­ca de la teo­ría de la plus­va­lía (FCE, 1945), los tres volú­me­nes de manus­cri­tos pós­tu­mos de Marx que Kautsky había orga­ni­za­do y publi­ca­do como tomo IV de El Capital. Un año des­pués, entre abril de 1946 y julio de 1947, el FCE publi­có la edi­ción com­ple­ta en cinco volú­me­nes: los tres tomos de El Capital. Crítica de la eco­no­mía polí­ti­ca, tra­du­ci­dos direc­ta­men­te del ale­mán a par­tir de la edi­ción crí­ti­ca del Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú. Era la pri­me­ra vez que la obra ínte­gra exis­tía en cas­te­llano con soli­dez filo­ló­gi­ca y cohe­ren­cia ter­mi­no­ló­gi­ca. Aquella edi­ción venía a cum­plir el com­pro­mi­so que Roces había con­traí­do en 1934 con los lec­to­res de la edi­ción Cenit, abor­ta­da por la gue­rra antes de com­ple­tar­se. Más de una déca­da des­pués, en medio de una ruta de exi­lio que cruzó tres paí­ses, la deuda inte­lec­tual que­da­ba sal­da­da y se masi­fi­ca­ba una puer­ta en espa­ñol a la cien­cia obre­ra.

Cuando las pri­me­ras tra­duc­cio­nes indi­rec­tas de El Capital cir­cu­la­ron en América Latina hacia 1900, el con­ti­nen­te tenía ape­nas 18 a 20 millo­nes de per­so­nas alfa­be­ti­za­das. La tra­duc­ción de Roces llegó en un punto de infle­xión. En 1950, América Latina tenía cerca de 90 millo­nes de letra­dos; en 1960, más de 130 millo­nes; en 1975, más de 200 millo­nes. El tomo I de la edi­ción FCE alcan­zó por sí solo los 230.000 ejem­pla­res (Tarcus, 2018). Lo que en las déca­das ante­rio­res había sido un texto de cir­cu­la­ción mili­tan­te res­trin­gi­da, se con­ver­tía en un com­po­nen­te estruc­tu­ral del campo aca­dé­mi­co lati­no­ame­ri­cano y en un ins­tru­men­to de for­ma­ción polí­ti­ca de alcan­ce masi­vo.

Si la impor­tan­cia del FCE pasa por ser un puen­te entre una pro­duc­ción inte­lec­tual inter­na­cio­nal y una cre­cien­te clase obre­ra lati­no­ame­ri­ca­na que deman­da herra­mien­tas para reco­no­cer­se en su pro­pia expe­rien­cia his­tó­ri­ca, la impor­tan­cia de Roces radi­ca en poner a la mano de la inte­li­gen­cia obre­ra el prin­ci­pal tra­ba­jo de la cien­cia social moder­na dedi­ca­do espe­cí­fi­ca­men­te a su ser social. Lejos de ser un libro de eco­no­mía, El Capital deja atrás a la cien­cia eco­nó­mi­ca bur­gue­sa, superán­do­la con una expo­si­ción sis­te­má­ti­ca de las rela­cio­nes socia­les que median el ser social de la clase obre­ra: el víncu­lo mer­can­til, el dine­ro, la jor­na­da labo­ral, el sala­rio, la plus­va­lía, la acu­mu­la­ción, la repro­duc­ción de sí misma como atri­bu­to del capi­tal. Con la tra­duc­ción de Roces y el obre­ro colec­ti­vo que mueve los engra­na­jes del FCE, la clase obre­ra his­pa­no­ha­blan­te acce­dió ‑por pri­me­ra vez en toda su exten­sión- a la cien­cia de su pro­pia con­di­ción.

Wenceslao Roces con­ti­nuó tra­du­cien­do hasta sus últi­mos años y su tra­duc­ción de El Capital nos segui­rá acom­pa­ñan­do. En 1980, el FCE publi­có una nueva ver­sión, tam­bién suya, de las Teorías sobre la plus­va­lía (tomo IV de El Capital), esta vez a par­tir de la edi­ción del Instituto de Marxismo-Leninismo de Berlín. Su tra­duc­ción de la prin­ci­pal obra de Marx segui­ría sien­do la ver­sión más difun­di­da en cas­te­llano duran­te déca­das ‑obje­to de dispu­ta, de correc­ción, de nue­vas edi­cio­nes y crí­ti­cas filo­ló­gi­cas-. Cuando en 1975 el uru­gua­yo Pedro Scaron publi­có en Siglo XXI Argentina su pro­pia tra­duc­ción, con­si­de­ra­da la pri­me­ra edi­ción crí­ti­ca de la obra en cual­quier idio­ma, reco­no­ció en Roces un ante­ce­sor inevi­ta­ble: le repro­chó erro­res de inter­pre­ta­ción, pero no pudo negar­le “el ele­gan­te, cáli­do esti­lo espa­ñol” de quien en muchos pasa­jes escri­be “con tanta fres­cu­ra e ins­pi­ra­ción como si fuera el autor, no el tra­duc­tor” (Marx, 1975/1981). Ambas tra­duc­cio­nes hoy con­vi­ven como parte del patri­mo­nio cien­tí­fi­co obre­ro lati­no­ame­ri­cano. 

A los 80 años de su pri­me­ra edi­ción, la tra­duc­ción de El Capital por Wenceslao Roces se posi­cio­na como un lega­do inde­le­ble: que la clase obre­ra lati­no­ame­ri­ca­na pudie­ra leer en su pro­pio idio­ma el arma que Marx escri­bió para ella.

Referencias

Libros y publi­ca­cio­nes aso­cia­das

Marx, K. (1946). El Capital. Crítica de la eco­no­mía polí­ti­ca, 3 tomos (5 volú­me­nes). México: Fondo de Cultura Económica. Traducción de Wenceslao Roces.

Marx, K. (1945). Historia crí­ti­ca de la teo­ría de la plus­va­lía, 3 tomos. México: Fondo de Cultura Económica. Versión direc­ta y pró­lo­go de Wenceslao Roces.

Marx, K. (1934). El Capital. Crítica de la eco­no­mía polí­ti­ca, vol. I, Libro I. Madrid: Cenit. Biblioteca Carlos Marx. Traducción de W. Roces.

Marx, K. (1975–1981). El capi­tal. Crítica de la eco­no­mía polí­ti­ca (P. Scaron, Trad.; 8 vols.). Siglo XXI. (Obra ori­gi­nal publi­ca­da en 1867)

Roces, W. (1932). Introducción: Sobre los orí­ge­nes del Manifiesto y la Liga Comunista. En C. Marx y F. Engels, El Manifiesto Comunista (pp. 15–41). Editorial Cenit. Biblioteca Carlos Marx · Dirigida por Wenceslao Roces · Sección II. Los fun­da­do­res.

Tarcus, H. (2018). La Biblia del pro­le­ta­ria­do. Traductores y edi­to­res de El Capital en el mundo his­pa­no­ha­blan­te. Buenos Aires: Siglo XXI.

Vargas Lozano, G. (1983). Entrevista exclu­si­va a Wenceslao Roces. Dialéctica, núm. 14–15.

Garciadiego, J. (2025). La segun­da fun­da­ción del Fondo de Cultura Económica. El Trimestre Económico, vol. XCII, núm. 365, pp. 289–301.

Cómo citar este artícu­lo APA (7.ª edi­ción):
Rivas Castro, G. (2026, 05 de mayo). El Capital de Wenceslao Roces. Modernismo Latinoamericano.
https://www.modernismolatinoamericano.org/el-capital-traduccion-de-wenceslao-roces/

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