
Parangolés
Raíza Ribeiro Cavalcanti. Académica del Departamento de Artes Visuales de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, Doctora y Magister en Sociología (UFPE/Brasil), Cientista Social y periodista (UFPE/Brasil). Es Investigadora miembro del Núcleo de Sociología del Arte y de las Prácticas Culturales (FACSO/UChile). Sus líneas de investigación se enmarcan en las áreas de sociología del arte, artes visuales, prácticas culturales, museos e instituciones de la cultura.
raiza.ribeiro@uchile.cl
Los Parangolés (1965–1968), de Hélio Oiticica, fueron descritos por el artista como “esculturas de vestir”. La serie, inspirada en las visitas de Oiticica a la Escola de Samba Estação Primeira de Mangueira, en el morro (cerro) de Mangueira en Rio de Janeiro, es compuesta por estructuras de tejido que son activadas a partir del cuerpo del otro que lo viste, en especial el “cuerpo danzante” que el artista identifica como propio de los habitantes de las favelas de Río de Janeiro. Este trabajo extiende y profundiza la investigación espacial y ambiental de Hélio Oiticica, que empieza en los Bilaterais (1959) y Relevos Espaciais (1959–1960), pasa por los Núcleos (1960–1966) y llega hasta los Penetráveis (1961–1980), donde crea las primeras estructuras para ser penetradas por el cuerpo. El trabajo más destacado de esta serie son los Penetráveis 1 y 2, más conocidos como Tropicália (1967). En este trabajo, Oiticica inaugura en Brasil la perspectiva de la instalación, al plasmar elementos como pájaros (araras), plantas, gravilla y arena en la investigación de la forma, el color y el espacio, recreando un ambiente experiencial. Lo anterior buscó construir una imagen “vivencial” de Brasil, con fuerte referencia a las favelas y a la cultura marginal del período, además de inserir en las artes visuales una mención directa al movimiento musical de la Tropicália y todo su simbolismo marginal y festivo.
Específicamente los Parangolés son el resultado de la ampliación de la experimentación de este artista con el color y el espacio. Radicalizan la inserción del color en el entorno, en la medida que se trata de estructuras para vestir. Además, esta nueva obra de Oiticica radicaliza otro aspecto buscado por el artista desde la salida del cuadro hacia el espacio: la participación. Los Parangolés son una obra que sólo acontece a partir del otro. Del cuerpo del otro. La alteridad es esencial para la existencia misma de esta obra. En palabras de Hélio Oiticica:
El Parangolé revela entonces su carácter fundamental de estructura ambiental, poseyendo un núcleo principal: el “participador-obra”1, que se desdobla en “participador”, cuando asiste, y “obra”, cuando es asistida desde fuera en ese espacio-tiempo ambiental. Estos núcleos participador-obra, al relacionarse en un ambiente determinado (en una exposición, por ejemplo), crean un sistema ambiental Parangolé que, a su vez, podría ser asistido por otros participantes desde fuera (Alves, 2007, p.34).
El “participador” aquí evocado es, al mismo tiempo, obra y espectador. Es obra en la medida en que coloca su cuerpo como objeto artístico, vistiendo los parangolés; y es espectador en tanto contiene, en sí, la posibilidad de asistir también a otro cuerpo-obra.
Al mismo tiempo, los parangolés son el intento de un anti-arte que, en sí mismo, constituye una tentativa de resignificación del arte moderno brasileño. Es la reivindicación de un arte que acontece en el entorno, en el cual Oiticica abraza al espectador como participante, abriéndose a esa alteridad y modificando los lugares antes determinados de quién es obra y quién es público.
Otro aspecto de gran importancia en los parangolés es el énfasis en una “primitividad constructiva popular”, idea alineada al concepto de “marginalidad”, de mirada desde los márgenes, que orienta distintos proyectos tropicalistas. La urbanidad popular, especialmente la “arquitectura de las favelas”, con sus construcciones improvisadas, es determinante en esta obra, que se constituye básicamente como una acción en tiempo real, permitiendo el improviso surgido a partir de los cuerpos-danzantes. El término mismo es de origen local, muy coloquial, que remite a conversa inútil o traicionera. Como en muchas palabras de la lengua portuguesa-brasileña, la combinación de las sílabas Pa-ran-go-lé posee movimiento y una musicalidad que suena a algo improvisado, creado, precario y popular. Es una palabra tropical, periférica, latinoamericana. Y tal como la palabra, los parangolés son capas coloridas, “precarias” e “improvisadas”, al igual que la acción de quien habrá de utilizarlos. Además, en su transitoriedad y originalidad, se inspiran en las escuelas de samba de las favelas y comunidades de Río de Janeiro, en sus estandartes y disfraces, pero sobre todo en su musicalidad. Parece haber “samba” en los parangolés.
El cuerpo, al insertarse en los parangolés, deja de ser solamente cuerpo: pasa a adentrarse en el entorno, a formar parte de él, aunque resignificándolo. Los parangolés son vectores para una nueva significación, ya sea del espacio, del tiempo, del cuerpo o de la identidad del cuerpo que los viste. En este caso, una identidad marginal, situada en los bordes de una ciudad que la evita y la invisibiliza.
Esta intensa evocación de la identidad marginal es políticamente fundamental en los parangolés. Es aquí donde Hélio Oiticica vuelve visible al cuerpo negro, favelado, habitante de los cerros de Río de Janeiro, completamente invisibilizado por las clases medias de la ciudad y, principalmente, por el poder público de la época (hasta la actualidad). La romantización de este habitante del morro —festivo, sambista, improvisador, maleable, adaptable (como la capa)— constituye un intento de volverlo atractivo, visible y perceptible para un Río de Janeiro que, en ese momento, ignoraba casi por completo a estos sujetos. Se trata, además, de una acción pública y política de resignificación de una identidad marginal, considerada criminal y peligrosa por el poder policial, idea difundida y reforzada en los medios de comunicación.
De modo que el cuerpo negro que se introduce en el Parangolé, que danza con él, se convierte en vector de su resignificación social. Es el cuerpo individual resignificando una identidad social, desconstruyendo el consenso que lo oscurece y silencia, otorgándole visibilidad y, así, la posibilidad de una voz pública, la oportunidad de construir su propia identificación. Por lo tanto, esta identificación con los grupos marginalizados se convierte en política: subvierte consensos y reivindica, en una época de dictadura militar, espacios de libertad de expresión, precisamente en el lugar donde la represión ha sido —y sigue siendo— más dura y cruel.
Además, la positivación estética de la identidad negra marginalizada opera en la producción de nuevas subjetividades políticas que comienzan a reivindicar un nuevo lugar en lo común, una entrada en el todo que no los contiene. Positivizar la identidad negra revela la negatividad que le era atribuida y promueve el intento de cuestionamiento de esa “distribución de lo sensible” (Rancière, 2009) que aliena estos cuerpos y voces de la esfera pública.
De este modo, podemos afirmar que los parangolés son también una acción de resignificación social de la identidad negra y marginalizada. Una práctica artística que utiliza el cuerpo como vector de ruptura política de consensos sociales que invisibilizan y silencian sujetos, excluyéndolos de la participación en lo político, en lo social y en lo sensible. Son, por lo tanto, una práctica agonística en el seno de la esfera pública, revelando ante ella identidades marginales, impulsando sus afectos y subjetividades en la lucha política por visibilidad
Libros y publicaciones asociadas:
Alves, D. C. D. (2007). H2O2: Hélio por Hélio; Oiticica pós-Oiticica (Tesis de magíster). Escola de Belas Artes, Universidade Federal de Minas Gerais, Belo Horizonte, Brasil.
Basualdo, C. (2007). Tropicália: uma revolução na cultura brasileira (1967–1972). São Paulo: Cosac Naify.
Brito, R. (1985). Neoconcretismo, Vértice e Ruptura do Projeto Construtivo Brasileiro. FUNARTE/Instituto Nacional de Artes Plásticas
Furegatti, S. (2005). Passagens da arte brasileira para o espaço extramuros: Experimentações ambientais de Flávio de Carvalho, Hélio Oiticica e Artur Barrio na passagem da modernidade para a contemporaneidade. Seminário Vanguarda e Modernidade nas Artes Brasileiras, Instituto de Artes, Universidade Estadual de Campinas (Unicamp), Campinas, Brasil. Disponible en: https://www.pparalelo.art.br/docs/passagens-da-arte-brasileira-para-o-espaco-extramuros/
Jacques, P. B. (2001). Estética da ginga: a arquitetura das favelas através da obra de
Hélio Oiticica. Rio de Janeiro: Casa da palavra/RIOARTE.
Rancière, J. (2009). A Partilha do Sensível: estética e política. São Paulo, editora 34, 2ª edição.
Teixeira, A. G. (2017). Um olhar sobre a poética dos Parangolés de Hélio Oiticica. Arteriais – Revista do Programa de Pós-Graduação em Artes, 3(4), 51–59. https://doi.org/10.18542/arteriais.v3i4.4863
Otros enlaces:
Galería
- El término “participador” es creado por Hélio Oiticica como una forma de reunir las ideas de espectador y participante. ↩︎
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