Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más…

Héctor Oyarzún es crí­ti­co, pro­gra­ma­dor y aca­dé­mi­co de his­to­ria y teo­ría del cine. Ha publi­ca­do tex­tos y crí­ti­cas de cine en diver­sas revis­tas y libros nacio­na­les e inter­na­cio­na­les. 

Ciudad: Luján de Cuyo
Productor: Leonardo Favio (1938–2012)
Personas Vinculadas: Leonardo Favio, Jorge Zuhair Jury, Federico Luppi, Elsa Daniel, María Vaner, Juan José Stagnaro, Antonio Ripoll
Ubicación: Archivo Audiovisual Municipal de Avellaneda
País: Argentina
Año: 1967
Tipo: Cine

“Nunca me gustó expli­car una esce­na y el men­sa­je que esta­ba implí­ci­to, por­que a veces yo quie­ro decir una cosa y los crí­ti­cos dicen otras que me hacen que­dar aún mejor. Como un gran inte­lec­tual”
- Leonardo Favio

En un breve texto sobre el cine de Favio, Nicolás Prividera (2008) rela­ta una peque­ña anéc­do­ta que con­den­sa la excep­cio­na­li­dad de su doble tra­yec­to­ria como can­tan­te popu­lar y cineas­ta moderno. En un fes­ti­val en México, el cineas­ta y crí­ti­co argen­tino afir­ma que Favio sería el cineas­ta argen­tino más impor­tan­te de todos los tiem­pos. Su inter­lo­cu­tor, que des­co­no­ce por com­ple­to su tra­yec­to­ria fíl­mi­ca, rompe a reír. Si bien la afir­ma­ción no sería par­ti­cu­lar­men­te polé­mi­ca den­tro de Argentina, esta      se expli­ca cono­cien­do la fama lati­no­ame­ri­ca­na de Favio, inmor­tal mucho antes por sus can­cio­nes román­ti­cas que por sus pelí­cu­las. Era, dice Prividera, como ente­rar­se que el cineas­ta mexi­cano más impor­tan­te fue Jorge Negrete. Yo iría más lejos y, pen­san­do en figu­ras más cer­ca­nas a la época de Favio, era como si Juan Gabriel hubie­se fil­ma­do codo a codo con Ripstein y Hermosillo, o como si Ray Davies hubie­se par­ti­ci­pa­do acti­va­men­te del Free Cinema. Y, ade­más, sien­do el mejor cineas­ta del grupo. 

Cuando Favio estre­na Este es el roman­ce del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trun­co, comen­zó la tris­te­za y unas pocas cosas más… (1967), toda­vía no había ini­cia­do su carre­ra como can­tan­te meló­di­co, pero esta­ba ape­nas a un año de hacer­lo. Favio debu­ta con el disco Fuiste mía un verano (1968), que posi­cio­na su figu­ra como ídolo juve­nil en medio del estreno de dos de sus pelí­cu­las más moder­nas y for­mal­men­te atre­vi­das, Este es el roman­ce… y El depen­dien­te (1969). En su texto sobre Juan Moreira (1973), Gonzalo Aguilar (2007) pro­fun­di­za en esta dupli­ci­dad de Favio y ana­li­za parte de su obra acto­ral en clave pop, en la que com­bi­nó ambas face­tas. En para­le­lo a toda esta pro­duc­ción, Favio pro­ta­go­ni­zó la pelí­cu­la Fuiste mía un verano (Eduardo Calcagno, 1969), una pelí­cu­la con­ce­bi­da para capi­ta­li­zar su recien­te fama como can­tan­te: “Pese a ser pelí­cu­las muy popu­la­res, esta­ban bien lejos de la inquie­tud de Favio como cineas­ta, quien siem­pre man­tu­vo ambas acti­vi­da­des —     can­tan­te y direc­tor de cine— sepa­ra­das e incon­ta­mi­na­das entre sí”. 

Esta esci­sión, por otra parte, aun cuan­do puede coin­ci­dir con la mane­ra en que Favio solía refe­rir­se a ambos mun­dos en entre­vis­tas, ha incli­na­do a las lec­tu­ras sobre el cineas­ta a casi no con­si­de­rar su cua­li­dad de músi­co, o men­cio­nán­do­lo como una suer­te de curio­si­dad aso­cia­da a inquie­tu­des artís­ti­cas de otro orden. Sin embar­go, las vías por las que Favio llega al cine moderno y a la inven­ción for­mal hacen que su con­di­ción de pops­tar y cineas­ta se mues­tre menos con­tra­dic­to­ria de lo que pare­ce a sim­ple vista. Por el con­tra­rio, si Favio fue un cineas­ta ple­na­men­te moderno, lo fue en parte por su con­ci­lia­ción radi­cal entre lo que las jerar­quías artís­ti­cas cata­lo­ga­ban como “bajo” o “alto”. Así como sus can­cio­nes de pop lige­ro reve­la­ban una sofis­ti­ca­ción no siem­pre reco­no­ci­da, su ver­sión del cine moderno esta­ría cru­za­da a su vez por su lec­tu­ra per­so­nal de lo popu­lar y de lo pop. 

Federico Luppi, pro­ta­go­nis­ta de la pelí­cu­la, recor­da­ba que duran­te el roda­je de Este es el roman­ce… Favio estu­dia­ba his­to­rie­tas para pla­ni­fi­car sus encua­dres. El asce­tis­mo y la eco­no­mía de la pelí­cu­la podrían, enton­ces, tener que ver tanto con Bresson —     cineas­ta admi­ra­do por Favio y qui­zás el punto de refe­ren­cia más común para pen­sar su com­po­si­ción de pla­nos— como con la sín­te­sis narra­ti­va pro­pia del rela­to en viñe­tas. Como en un cómic, hay pla­nos de Este es el roman­ce… que podrían valer­se de un solo foto­gra­ma para des­ple­gar el sen­ti­do com­ple­to del plano. La sole­dad del Aniceto en la segun­da mitad de la pelí­cu­la y su expre­sión median­te el plano gene­ral res­pon­de a una sabi­du­ría narra­ti­va basa­da en la sus­trac­ción, lo que lo empa­ren­ta tanto con las rup­tu­ras del cine fran­cés como con el cómic ita­liano. 

Este es el roman­ce del Aniceto y la Francisca… comien­za, como tan­tas pelí­cu­las, con el encuen­tro for­tui­to entre un chico y una chica. La Francisca (Elsa Daniel) des­cien­de de un bus y se para fren­te a una vitri­na con un car­tel que anun­cia: “Empleada domés­ti­ca se nece­si­ta”. El Aniceto (Federico Luppi), por su parte, ya ha adver­ti­do su pre­sen­cia; un breve plano de su ros­tro nos lo hace saber. Cuando Francisca levan­ta la vista, sus ojos se cru­zan con los del Aniceto y son­ríe. Hasta ese inter­cam­bio de mira­das, el comien­zo se ins­cri­be en la tra­di­ción del cine clá­si­co, que resuel­ve el fle­cha­zo hete­ro­se­xual median­te un inter­cam­bio de plano y con­tra­plano. Pero Favio insis­te y este ir y venir de mira­das se pro­lon­ga: son die­ci­nue­ve cor­tes entre los ros­tros de Luppi y Daniel, inclu­yen­do sal­tos de eje y un míti­co movi­mien­to que rodea el ros­tro de la Francisca. Terminado el inter­cam­bio, los encon­tra­mos ya des­nu­dos en la cama des­pués del sexo. Este es el roman­ce… eli­mi­na el coque­teo y las pre­sen­ta­cio­nes y, en su lugar, uti­li­za una ver­sión extre­ma de un códi­go reco­no­ci­ble. Con die­ci­nue­ve cor­tes, sabe­mos que ya pasó lo usual. Hasta cier­to punto, Favio con­si­gue la sín­te­sis a tra­vés del exce­so. O, en la lógi­ca de la can­ción pop: “Me ocu­rrió hace pocos días, al lle­gar a la esta­ción. Yo subía, ella baja­ba, la miré y me miró. Ding dong, estas cosas del amor…”

No será la única vez en que Favio sin­te­ti­ce las eta­pas tra­di­cio­na­les del boy-meets-girl median­te un inter­cam­bio de mira­das enfá­ti­co. El fle­cha­zo de Nazareno Cruz y el lobo (1975) es, acaso, toda­vía más exce­si­vo, como tam­bién lo será el segui­mien­to a la bici­cle­ta del ena­mo­ra­do Monzón en Soñar, soñar (1976), en un aún menos con­ven­cio­nal boy-meets-boy. Esta auda­cia for­mal, sin embar­go, no se empa­ren­ta de mane­ra evi­den­te con las rup­tu­ras de Manuel Antín o de Rodolfo Kuhn, otros dos reno­va­do­res de la lla­ma­da Generación del 60’. En Favio, las ope­ra­cio­nes más radi­ca­les no pro­vie­nen (o no solo, al menos) de la influen­cia de las corrien­tes reno­va­do­ras del cine moderno mun­dial. Como afir­ma Fernando Martín Peña (2012): “En los films de Favio el punto de par­ti­da nunca es la volun­tad de rup­tu­ra, no hay nin­gún a prio­ri teó­ri­co, nin­gún sis­te­ma pro­gra­má­ti­co para expe­ri­men­tar con la forma, ni se trata de pro­du­cir un dis­tan­cia­mien­to con el espec­ta­dor median­te la evi­den­cia de los arti­fi­cios del len­gua­je.” En varias otras secuen­cias, Favio será igual de sin­té­ti­co. Un lige­ro movi­mien­to de cáma­ra y un cam­bio de foco anti­ci­pan, en otra secuen­cia, la trai­ción amo­ro­sa que come­te­rá Aniceto al cono­cer a Lucía (María Vaner). Pero den­tro de la misma secuen­cia, Favio pro­di­ga un plano gene­ral de casi 3 minu­tos para ense­ñar la obra de tea­tro popu­lar a la que los per­so­na­jes asis­ten. En una pelí­cu­la cuya pro­pia dura­ción es sin­té­ti­ca (alre­de­dor de una hora), esta aten­ción inusual al arte popu­lar tam­bién forma parte del moder­nis­mo de Favio. 

En una de sus decla­ra­cio­nes más recor­da­das, Favio (1993) acla­ra que no se con­si­de­ra­ba un direc­tor pero­nis­ta, sino “un pero­nis­ta que hace cine y eso en algún momen­to se nota”. La ori­gi­na­li­dad de esta estre­lla del pop, que inter­vino en uno de los momen­tos de mayor inno­va­ción for­mal del cine argen­tino, no se agota en su mili­tan­cia. Sin embar­go, que Favio no sea habi­tual­men­te com­pren­di­do ni estu­dia­do den­tro aque­llo que cono­ce­mos como “cine mili­tan­te” reve­la la estre­chez de sus defi­ni­cio­nes. El carác­ter exce­si­vo y osado de sus deci­sio­nes for­ma­les resul­ta inse­pa­ra­ble de su com­pro­mi­so con uno de los pro­yec­tos polí­ti­cos más ori­gi­na­les del con­ti­nen­te. Con los años, el cine de Favio se vol­ve­ría cada vez más popu­lar, osci­lan­do entre el asce­tis­mo de Este es el roman­ce… y la des­me­su­ra román­ti­ca de Nazareno Cruz y el lobo. Pero, en ambos perío­dos, el carác­ter exce­si­vo y osado de sus deci­sio­nes for­ma­les resul­ta inse­pa­ra­ble de su com­pro­mi­so con uno de los pro­yec­tos polí­ti­cos más ori­gi­na­les del con­ti­nen­te.

Referencias

Libros y publi­ca­cio­nes aso­cia­das: 

Aguilar, G. “Juan Moreira de Leonardo Favio”, en La Fuga, 5. 

Aguilar, G. y Oubiña, D. (2020). De cómo el cine de Leonardo Favio contó el dolor y el amor de su gente, emo­cio­nó al cari­ño­so públi­co, trazó nue­vos rum­bos para enten­der la ima­gen y otras refle­xio­nes. Libraria.

Biondi, H. (2007). Sin renun­cia­mien­tos, el cine según Leonardo Favio. Corregidor.

Halfon, F. (2023). Favio vigen­te. Futurock Ediciones.

Otros enla­ces:

Lerardo, Esteban (1993). “Una con­ver­sa­ción con Leonardo Favio”. En Temakel: https://www.temakel.com/entrevistafavio.htm

Peña, F. M. (2012). “Dos pala­bras sobre Este es el roman­ce del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trun­co, comen­zó la tris­te­za y unas pocas cosas más. En Con los ojos abier­tos: https://www.conlosojosabiertos.com/dos-palabras-sobre-este-es-el-romance-del-aniceto-y-la-franscica-etc/

Prividera, N. (2008). “Crónica de un cineas­ta solo”. En Con los ojos abier­tos: https://www.conlosojosabiertos.com/cronica-de-un-cineasta-solo/

Cómo citar este artícu­lo APA (7.ª edi­ción):
Oyarzún. H. (2026, 23 de septiembre).Este es el roman­ce del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trun­co, comen­zó la tris­te­za y unas pocas cosas más…

Modernismo Latinoamericano.
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