
Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más…
Héctor Oyarzún es crítico, programador y académico de historia y teoría del cine. Ha publicado textos y críticas de cine en diversas revistas y libros nacionales e internacionales.
“Nunca me gustó explicar una escena y el mensaje que estaba implícito, porque a veces yo quiero decir una cosa y los críticos dicen otras que me hacen quedar aún mejor. Como un gran intelectual”
- Leonardo Favio
En un breve texto sobre el cine de Favio, Nicolás Prividera (2008) relata una pequeña anécdota que condensa la excepcionalidad de su doble trayectoria como cantante popular y cineasta moderno. En un festival en México, el cineasta y crítico argentino afirma que Favio sería el cineasta argentino más importante de todos los tiempos. Su interlocutor, que desconoce por completo su trayectoria fílmica, rompe a reír. Si bien la afirmación no sería particularmente polémica dentro de Argentina, esta se explica conociendo la fama latinoamericana de Favio, inmortal mucho antes por sus canciones románticas que por sus películas. Era, dice Prividera, como enterarse que el cineasta mexicano más importante fue Jorge Negrete. Yo iría más lejos y, pensando en figuras más cercanas a la época de Favio, era como si Juan Gabriel hubiese filmado codo a codo con Ripstein y Hermosillo, o como si Ray Davies hubiese participado activamente del Free Cinema. Y, además, siendo el mejor cineasta del grupo.
Cuando Favio estrena Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más… (1967), todavía no había iniciado su carrera como cantante melódico, pero estaba apenas a un año de hacerlo. Favio debuta con el disco Fuiste mía un verano (1968), que posiciona su figura como ídolo juvenil en medio del estreno de dos de sus películas más modernas y formalmente atrevidas, Este es el romance… y El dependiente (1969). En su texto sobre Juan Moreira (1973), Gonzalo Aguilar (2007) profundiza en esta duplicidad de Favio y analiza parte de su obra actoral en clave pop, en la que combinó ambas facetas. En paralelo a toda esta producción, Favio protagonizó la película Fuiste mía un verano (Eduardo Calcagno, 1969), una película concebida para capitalizar su reciente fama como cantante: “Pese a ser películas muy populares, estaban bien lejos de la inquietud de Favio como cineasta, quien siempre mantuvo ambas actividades — cantante y director de cine— separadas e incontaminadas entre sí”.
Esta escisión, por otra parte, aun cuando puede coincidir con la manera en que Favio solía referirse a ambos mundos en entrevistas, ha inclinado a las lecturas sobre el cineasta a casi no considerar su cualidad de músico, o mencionándolo como una suerte de curiosidad asociada a inquietudes artísticas de otro orden. Sin embargo, las vías por las que Favio llega al cine moderno y a la invención formal hacen que su condición de popstar y cineasta se muestre menos contradictoria de lo que parece a simple vista. Por el contrario, si Favio fue un cineasta plenamente moderno, lo fue en parte por su conciliación radical entre lo que las jerarquías artísticas catalogaban como “bajo” o “alto”. Así como sus canciones de pop ligero revelaban una sofisticación no siempre reconocida, su versión del cine moderno estaría cruzada a su vez por su lectura personal de lo popular y de lo pop.
Federico Luppi, protagonista de la película, recordaba que durante el rodaje de Este es el romance… Favio estudiaba historietas para planificar sus encuadres. El ascetismo y la economía de la película podrían, entonces, tener que ver tanto con Bresson — cineasta admirado por Favio y quizás el punto de referencia más común para pensar su composición de planos— como con la síntesis narrativa propia del relato en viñetas. Como en un cómic, hay planos de Este es el romance… que podrían valerse de un solo fotograma para desplegar el sentido completo del plano. La soledad del Aniceto en la segunda mitad de la película y su expresión mediante el plano general responde a una sabiduría narrativa basada en la sustracción, lo que lo emparenta tanto con las rupturas del cine francés como con el cómic italiano.
Este es el romance del Aniceto y la Francisca… comienza, como tantas películas, con el encuentro fortuito entre un chico y una chica. La Francisca (Elsa Daniel) desciende de un bus y se para frente a una vitrina con un cartel que anuncia: “Empleada doméstica se necesita”. El Aniceto (Federico Luppi), por su parte, ya ha advertido su presencia; un breve plano de su rostro nos lo hace saber. Cuando Francisca levanta la vista, sus ojos se cruzan con los del Aniceto y sonríe. Hasta ese intercambio de miradas, el comienzo se inscribe en la tradición del cine clásico, que resuelve el flechazo heterosexual mediante un intercambio de plano y contraplano. Pero Favio insiste y este ir y venir de miradas se prolonga: son diecinueve cortes entre los rostros de Luppi y Daniel, incluyendo saltos de eje y un mítico movimiento que rodea el rostro de la Francisca. Terminado el intercambio, los encontramos ya desnudos en la cama después del sexo. Este es el romance… elimina el coqueteo y las presentaciones y, en su lugar, utiliza una versión extrema de un código reconocible. Con diecinueve cortes, sabemos que ya pasó lo usual. Hasta cierto punto, Favio consigue la síntesis a través del exceso. O, en la lógica de la canción pop: “Me ocurrió hace pocos días, al llegar a la estación. Yo subía, ella bajaba, la miré y me miró. Ding dong, estas cosas del amor…”
No será la única vez en que Favio sintetice las etapas tradicionales del boy-meets-girl mediante un intercambio de miradas enfático. El flechazo de Nazareno Cruz y el lobo (1975) es, acaso, todavía más excesivo, como también lo será el seguimiento a la bicicleta del enamorado Monzón en Soñar, soñar (1976), en un aún menos convencional boy-meets-boy. Esta audacia formal, sin embargo, no se emparenta de manera evidente con las rupturas de Manuel Antín o de Rodolfo Kuhn, otros dos renovadores de la llamada Generación del 60’. En Favio, las operaciones más radicales no provienen (o no solo, al menos) de la influencia de las corrientes renovadoras del cine moderno mundial. Como afirma Fernando Martín Peña (2012): “En los films de Favio el punto de partida nunca es la voluntad de ruptura, no hay ningún a priori teórico, ningún sistema programático para experimentar con la forma, ni se trata de producir un distanciamiento con el espectador mediante la evidencia de los artificios del lenguaje.” En varias otras secuencias, Favio será igual de sintético. Un ligero movimiento de cámara y un cambio de foco anticipan, en otra secuencia, la traición amorosa que cometerá Aniceto al conocer a Lucía (María Vaner). Pero dentro de la misma secuencia, Favio prodiga un plano general de casi 3 minutos para enseñar la obra de teatro popular a la que los personajes asisten. En una película cuya propia duración es sintética (alrededor de una hora), esta atención inusual al arte popular también forma parte del modernismo de Favio.
En una de sus declaraciones más recordadas, Favio (1993) aclara que no se consideraba un director peronista, sino “un peronista que hace cine y eso en algún momento se nota”. La originalidad de esta estrella del pop, que intervino en uno de los momentos de mayor innovación formal del cine argentino, no se agota en su militancia. Sin embargo, que Favio no sea habitualmente comprendido ni estudiado dentro aquello que conocemos como “cine militante” revela la estrechez de sus definiciones. El carácter excesivo y osado de sus decisiones formales resulta inseparable de su compromiso con uno de los proyectos políticos más originales del continente. Con los años, el cine de Favio se volvería cada vez más popular, oscilando entre el ascetismo de Este es el romance… y la desmesura romántica de Nazareno Cruz y el lobo. Pero, en ambos períodos, el carácter excesivo y osado de sus decisiones formales resulta inseparable de su compromiso con uno de los proyectos políticos más originales del continente.
Referencias
Libros y publicaciones asociadas:
Aguilar, G. “Juan Moreira de Leonardo Favio”, en La Fuga, 5.
Aguilar, G. y Oubiña, D. (2020). De cómo el cine de Leonardo Favio contó el dolor y el amor de su gente, emocionó al cariñoso público, trazó nuevos rumbos para entender la imagen y otras reflexiones. Libraria.
Biondi, H. (2007). Sin renunciamientos, el cine según Leonardo Favio. Corregidor.
Halfon, F. (2023). Favio vigente. Futurock Ediciones.
Otros enlaces:
Lerardo, Esteban (1993). “Una conversación con Leonardo Favio”. En Temakel: https://www.temakel.com/entrevistafavio.htm
Peña, F. M. (2012). “Dos palabras sobre Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más. En Con los ojos abiertos: https://www.conlosojosabiertos.com/dos-palabras-sobre-este-es-el-romance-del-aniceto-y-la-franscica-etc/
Prividera, N. (2008). “Crónica de un cineasta solo”. En Con los ojos abiertos: https://www.conlosojosabiertos.com/cronica-de-un-cineasta-solo/
Cómo citar este artículo APA (7.ª edición):
Oyarzún. H. (2026, 23 de septiembre).Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más…
Modernismo Latinoamericano.
https://www.modernismolatinoamericano.org/este-es-el-romance-del-aniceto-y-la-francisca-de-como-quedo-trunco-comenzo-la-tristeza-y-unas-pocas-cosas-mas/
Galería
Descubre más desde Modernismo Latinoamericano
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


