Invasión

Invasión

María Laura Lattanzi Vizzolini. Académica del Departamento de Teoría de las Artes de la Universidad de Chile. Doctora en Filosofía con men­ción en esté­ti­ca y teo­ría del arte de la Universidad de Chile, Licenciada en Sociología de la Universidad de Buenos Aires. Crítica de cine y miem­bro del colec­ti­vo de cine laFuga

Ciudad: Buenos Aires
Productor: Proartel S.A.
Personas Vinculadas: Hugo Santiago (direc­tor y pro­duc­tor), Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares (guión), Ricardo Aronovich (direc­ción de foto­gra­fía), Olga Zubarry, Lautaro Murúa, Juan Carlos Paz, Martín Adjemián, Daniel Fernández, Roberto Villanueva (elen­co)
País: Argentina
Año: 1969
Tipo: Cine

Invasión es la leyen­da de una ciu­dad, ima­gi­na­ria o real, sitia­da por fuer­tes enemi­gos y defen­di­da por unos pocos hom­bres que acaso no son héroes. Luchan hasta el fin, sin sos­pe­char que su bata­lla es infi­ni­ta”.

— Jorge Luis Borges,1969

Invasión (1969) fue la pri­me­ra pelí­cu­la de Hugo Santiago, rea­li­za­da a par­tir de un guion escri­to en cola­bo­ra­ción con Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Convertida con el tiem­po en una obra de culto, inclu­so míti­ca, en parte por las figu­ras que con­flu­yen en su rea­li­za­ción, ha lle­ga­do a enca­be­zar diver­sas lis­tas de las mejo­res pelí­cu­las del cine argen­tino. Sin embar­go, ese reco­no­ci­mien­to fue tar­dío. En el momen­to de su estreno fue cele­bra­da por la crí­ti­ca, pero igno­ra­da por el públi­co y más tarde, la pro­pia pelí­cu­la que­da­ría atra­pa­da en las vio­len­cias de la his­to­ria argen­ti­na: prohi­bi­da tras el golpe mili­tar de 1976, des­apa­re­ci­da con el robo de sus bobi­nas en 1978 y recons­trui­da y res­tau­ra­da en su tota­li­dad recién a ini­cios del 2000 gra­cias al hallaz­go de unos posi­ti­vos de la pelí­cu­la. La recons­truc­ción se reali­zó en Francia bajo la super­vi­sión de Hugo Santiago y del direc­tor de foto­gra­fía Ricardo Aronovich, gra­cias al apoyo del canal Arte y del pro­duc­tor Pierre-André Boutang. Como si su des­tino hubie­ra sido el de resis­tir, Invasión sobre­vi­vió a la oscu­ri­dad para vol­ver a encon­trar­se con sus espec­ta­do­res.

Su roda­je y estreno coin­ci­die­ron con el gobierno mili­tar ins­tau­ra­do tras el golpe de Estado de 1966, que dio ini­cio a la dic­ta­du­ra de Juan Carlos Onganía. La cen­su­ra, la per­se­cu­ción, la vio­len­cia polí­ti­ca y la cre­cien­te radi­ca­li­za­ción ideo­ló­gi­ca mar­ca­ban la época. En ese esce­na­rio, buena parte del arte lati­no­ame­ri­cano buscó inven­tar nue­vas for­mas de mirar y de narrar, len­gua­jes capa­ces de expre­sar las ten­sio­nes de socie­da­des mar­ca­das por la moder­ni­za­ción, la depen­den­cia y la vio­len­cia. La obra de Hugo Santiago ocupa allí un lugar sin­gu­lar. En sus explo­ra­cio­nes sobre el cine moderno, el direc­tor logró entre­la­zar las bús­que­das for­ma­les de las van­guar­dias euro­peas —en espe­cial del cine francés—con ele­men­tos pro­ve­nien­tes de la tra­di­ción cul­tu­ral argen­ti­na. Invasión com­bi­na regis­tros pro­ve­nien­tes de la cien­cia fic­ción y el poli­cial con una poé­ti­ca crio­llis­ta, una que remi­te tanto a la lite­ra­tu­ra bor­gea­na como a cier­tas tra­di­cio­nes narra­ti­vas argen­ti­nas: el mito del cora­je, los héroes anó­ni­mos, la resis­ten­cia y la milon­ga como forma de inten­si­fi­ca­ción de lo trá­gi­co. En clave bor­gea­na, estos ele­men­tos se cons­tru­yen, tal como men­cio­na Oubiña (2007) desde una “filo­lo­gía ima­gi­na­ria” y un cos­tum­bris­mo pura­men­te ver­bal (con­si­de­ra­mos ade­más que la “Milonga Manuel de Flores” que se canta en la pelí­cu­la, es tam­bién una letra de Borges) que se esca­pan al pin­to­res­quis­mo, como así tam­bién remi­ten a una tra­di­ción pro­fun­da, impo­si­ble de situar en un fecha deter­mi­na­da, de allí que se iden­ti­fi­que al moder­nis­mo de Borges como uno que es siem­pre inac­tual. Esa inde­ter­mi­na­ción tem­po­ral, una suer­te de pasa­do inme­mo­rial que carac­te­ri­za la esti­lís­ti­ca bor­gea­na, se ten­sio­na con varios ele­men­tos de la estruc­tu­ra narra­ti­va que pue­den ser leí­dos en clave ale­gó­ri­ca con el con­tex­to socio-polí­ti­co en el que se rea­li­za la pelí­cu­la (la vio­len­cia polí­ti­ca  y la resis­ten­cia popu­lar).  

La his­to­ria trans­cu­rre en Aquilea, una ciu­dad míti­ca que repro­du­ce la geo­gra­fía urba­na de Buenos Aires. Allí, unas fuer­zas mis­te­rio­sas y pode­ro­sas avan­zan silen­cio­sa­men­te sobre el terri­to­rio. Frente a esa ame­na­za, un peque­ño grupo de hom­bres comu­nes, lide­ra­dos por el anciano Don Porfirio, orga­ni­za una resis­ten­cia des­ti­na­da a defen­der la ciu­dad —resul­ta difí­cil no adver­tir la afi­ni­dad de este argu­men­to con El Eternauta, de Héctor Germán Oesterheld, otra de las gran­des fic­cio­nes argen­ti­nas que hacen de la resis­ten­cia colec­ti­va una forma de ima­gi­nar el por­ve­nir—. Sin embar­go, a medi­da que el rela­to avan­za, el con­flic­to deja de pre­sen­tar­se como una con­fron­ta­ción con­ven­cio­nal para asu­mir la forma de una bata­lla inter­mi­na­ble en la que la posi­bi­li­dad de la vic­to­ria pare­ce inal­can­za­ble. Pese a ello Invasión dista de ser una pelí­cu­la derro­tis­ta. Por el con­tra­rio, cons­tru­ye una épica de la resis­ten­cia que des­pla­za la pre­gun­ta por el triun­fo o la derro­ta. A dife­ren­cia de las narra­ti­vas heroi­cas tra­di­cio­na­les, los pro­ta­go­nis­tas de Invasión no actúan impul­sa­dos por la expec­ta­ti­va de la vic­to­ria; son ple­na­men­te cons­cien­tes de que sus posi­bi­li­da­des de ven­cer son míni­mas. No obs­tan­te, esta cer­te­za no con­du­ce a la resig­na­ción ni a la pasi­vi­dad. La resis­ten­cia adquie­re aquí una dimen­sión ética y épica par­ti­cu­lar, se con­vier­te en una prác­ti­ca cuyo valor no depen­de de los resul­ta­dos obte­ni­dos, sino de la deci­sión misma de sos­te­ner la lucha como un don. 

Más de medio siglo des­pués de su estreno, Invasión con­ti­núa sien­do una obra des­ta­ca­da para pen­sar las rela­cio­nes entre esté­ti­ca, polí­ti­ca y moder­ni­dad en América Latina. Su capa­ci­dad para arti­cu­lar la expe­ri­men­ta­ción for­mal, el ima­gi­na­rio crio­llis­ta y la refle­xión his­tó­ri­ca la con­vier­te en una pieza sin­gu­lar den­tro del cine de la región. La pelí­cu­la no solo anti­ci­pó muchas de las dis­cu­sio­nes que mar­ca­rían las déca­das pos­te­rio­res, sino que tam­bién cons­tru­yó una ima­gen per­du­ra­ble de la resis­ten­cia como prác­ti­ca ética y épica.

Referencias

Libros y publi­ca­cio­nes aso­cia­das: 

Cozarinsky, E. (1981) “Invasión”, en Borges en/y/sobre cine. Fundamentos.

Oubiña, D (2000) “En los con­fi­nes del pla­ne­ta (el cine con­je­tu­ral de Hugo Santiago)”, en Filmología. Ensayos con el cine. Manantial, 2000.

—, (2007) “El espec­ta­dor corto de vista: Borges y el cine”, en Variaciones Borges, n.º 24. 

Zunzunegui, S. (2021). Del rigor en el rela­to. A pro­pó­si­to de Invasión (Hugo Santiago, 1969). EU-topías. Revista de inter­cul­tu­ra­li­dad, comu­ni­ca­ción y estu­dios euro­peos21, 37–63

Cómo citar este artícu­lo APA (7.ª edi­ción):
Lattanzi Vissolini, M. (2026, 21 de julio). Invasión. Modernismo Latinoamericano.

https://www.modernismolatinoamericano.org/invasion

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