Revista Gaceta

Juan David Correa es edi­tor, escri­tor y perio­dis­ta. Fue minis­tro de las Culturas, las Artes y los Saberes de Colombia en el gobierno de Gustavo Petro.

Ciudad: Bogotá
Productor: Ministerio de Cultura de Colombia
Personas Vinculadas: Gloria Zea, Juan Gustavo Cobo Borda, Jorge Eliécer Ruiz, Marta Granados, Santiago Mutis.
Ubicación: www.gaceta.co
País: Colombia
Año: 1977

“Entre una cul­tu­ra cerra­da, eli­tis­ta, en oca­sio­nes exce­si­va­men­te espe­cia­li­za­da, y otra masi­va super­fi­cial, hecha de resú­me­nes y gene­ra­li­za­cio­nes. opta­mos por retor­nar a lo que de ver­dad nos pertenece,confrontándolo, inte­rro­gán­do­lo, ponién­do­lo en cir­cu­la­ción, esta­ble­cien­do con ello el punto de par­ti­da hacia un cono­ci­mien­to exac­to de nues­tras ver­da­de­ras carac­te­rís­ti­cas como nación, de nues­tros ras­gos dis­tin­ti­vos como iden­ti­dad cul­tu­ral.” 
— Gloria Zea, 1975

  Gaceta se publi­có por pri­me­ra vez en 1976. El país de enton­ces tran­si­ta­ba el gobierno de Alfonso López Michelsen, un libe­ral con ideas pro­gre­sis­tas que había ter­mi­na­do por domes­ti­car­se hacien­do un gobierno poco refor­mis­ta y algo reac­cio­na­rio que fue con­tes­ta­do por miles de estu­dian­tes, tra­ba­ja­do­res y cam­pe­si­nos que remo­vie­ron los cimien­tos de una socie­dad que no cabía en las lógi­cas domi­nan­tes impues­tas  tras vein­te años de Frente Nacional. 

 La déca­da se había ini­cia­do con un acon­te­ci­mien­to que tiene una pro­fun­da cone­xión con el pre­sen­te que vive Colombia. Las elec­cio­nes de 1970 fue­ron recla­ma­das por la Alianza Nacional Popular (ANAPO). Se hizo frau­de. El con­ser­va­dor Misael Pastrana y el mismo López lide­ra­ron la con­tra-refor­ma agra­ria,  y vol­vie­ron a cerrar los espa­cios nece­sa­rios para hacer otro tipo de polí­ti­ca en el país.

En la selva, cen­te­nas de gue­rri­lle­ros se habían atrin­che­ra­do. Las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) habían naci­do en 1964. El ELN (Ejercito de Liberación Nacional) en ese mismo año. Mayo de 1968 esta­ba aún en la con­cien­cia de millo­nes de jóve­nes que se sen­tían deses­pe­ra­dos ante la idea de un mundo cuyos valo­res impe­ran­tes cerra­ban los cami­nos. El 19 de abril de 1970, cuan­do se pro­du­jo el frau­de elec­to­ral, nació el M‑19, cuyo lan­za­mien­to ofi­cial se daría cua­tro años des­pués. 

Una revis­ta es, sin duda, pro­duc­to de su época. Por eso, aque­lla Gaceta pro­ve­nía de ese país donde la Alternativa de García Márquez y Fals Borda ya cir­cu­la­ba, Eco pro­lon­ga­ba a Mito, se habían pro­du­ci­do los dos gran­des paros nacio­na­les de 1971 y 1977, algu­nos jóve­nes se habían eman­ci­pa­do a tra­vés de sin­di­ca­tos indus­tria­les y agra­rios, aso­cia­cio­nes estu­dian­ti­les, agru­pa­cio­nes femi­nis­tas, gru­pos de estu­dio e ini­cia­ti­vas cul­tu­ra­les y artís­ti­cas. Se pro­yec­ta­ba cine de cali­dad en diver­sos tea­tros del país, se rea­li­za­ban los salo­nes nacio­na­les de artis­tas, se inves­ti­ga­ba de nuevo en el país exclui­do, y el Instituto Colombiano de Cultura había tran­si­ta­do sus pri­me­ros siete años de la mano de Jorge Rojas, pio­ne­ro de la colec­ción popu­lar de lite­ra­tu­ra, cuyos tira­jes alcan­za­ron la impen­sa­ble cifra hoy de 100.000 ejem­pla­res. Sucedida por Gloria Zea, quien asu­mió la direc­ción y creó esta revis­ta, junto a Juan Gustavo Cobo Borda, Jorge Eliécer Ruiz, el dise­ño de Marta Granados, la edi­ción de Santiago Mutis y un grupo de cola­bo­ra­do­res que la pro­po­nían como un espa­cio dis­tan­te de ser  un órgano ofi­cial para trans­mi­tir polí­ti­cas y pro­gra­mas esta­ta­les, sino como un refle­jo de la acti­vi­dad artís­ti­ca y cul­tu­ral del país. 

Repasando los cua­ren­ta y tres núme­ros publi­ca­dos entre 1976 y 1984 es incon­tes­ta­ble el valor de sus enfo­ques, las bre­chas que abrió en aque­llos años en los cua­les el Instituto había logra­do una auto­no­mía, pero cuyo carác­ter de ads­cri­to al Ministerio de Educación Nacional, seguía limi­tán­do­lo ins­ti­tu­cio­nal­men­te  en su eje­cu­ción y en la posi­bi­li­dad de inci­dir en los pla­nes de desa­rro­llo de los gobier­nos suce­si­vos.

  Aquella Gaceta atra­ve­só el país pro­po­nien­do deba­tes sobre arqueo­lo­gía, lite­ra­tu­ra, hizo parte de la inmen­sa tarea edi­to­rial que con­ti­nuó el pro­pio Cobo en las Colecciones Popular y de Autores Nacionales, la cual fue con­tes­ta­da por Rojas lla­mán­do­la “libros para bur­gue­ses”, pues sus tira­jes eran mucho meno­res y sus pre­cios un poco más altos. Dicha revis­ta fue tes­ti­go del lan­za­mien­to de escri­to­res como Jaime Manrique Ardila, cuya nove­la El cadá­ver de papá se ade­lan­tó por mucho a una serie de sen­si­bi­li­da­des lite­ra­rias LGBTIQ+ que aso­ma­rían la cabe­za –a ries­go de ser defe­nes­tra­das social­men­te–; o de la apa­ri­ción de una serie de libros que inten­ta­ban hacer algo que, a nues­tra mane­ra de ver, ten­día puen­tes entre las ten­sio­nes del pre­sen­te de los años 70–80, y la poten­te tra­di­ción cul­tu­ral de ese siglo XX que comen­za­ba a enfi­lar­se hacia su final, tam­bién repri­mi­da y vio­len­ta­da duran­te los años 50 y 60. Por allí pasa­ron com­pi­la­cio­nes de otras revis­tas, y auto­ras como Alba Lucía Ángel y Beatriz González, entre muchas otras, anto­lo­gías del ensa­yo y del cuen­to, los libros de la nueva his­to­ria, los deba­tes sobre los salo­nes regio­na­les, las dis­cu­sio­nes de urba­nis­tas como Sergio Trujillo, las jor­na­das de cul­tu­ra popu­lar de Gloria Triana, la tarea de divul­ga­ción de la libre­ría La Alegría de Leer, el fes­ti­val de Teatro de la Corporación Colombiana de Teatro.

  Al reco­rrer dichas pági­nas desde 2024 cree­mos que fue un tra­ba­jo admi­ra­ble en un país que seguía enre­dan­do sus ciclos his­tó­ri­cos en vorá­gi­nes suce­si­vas. Al gobierno de López lo suce­dió el de Turbay Ayala y duran­te su pre­si­den­cia se des­en­ca­de­nó una omi­no­sa repre­sión. Se recru­de­ció la gue­rra. Y la selva, que reco­rre este pri­mer núme­ro de la ter­ce­ra etapa de Gaceta, se hun­dió más en la gue­rra: Jaime Bateman Cayón formó colum­nas en las sel­vas del Caquetá; las FARC se asen­ta­ron en el Yarí; y poco a poco el nar­co­trá­fi­co, la polí­ti­ca, y su pos­te­rior gober­nan­za para­mi­li­tar, se fue con­vir­tien­do, ante los ojos com­pla­cien­tes de una socie­dad cada vez más cerra­da, en la mone­da de cam­bio en las sel­vas, repi­tien­do his­to­rias como las de los cin­cuen­ta y dos pue­blos indí­ge­nas de la Amazonia, cuya diez­ma­da pobla­ción se redu­jo a 76.000 per­so­nas sobre­vi­vien­tes  del holo­caus­to del cau­cho, acae­ci­do a fina­les del siglo XIX y comien­zos del XX. 

La paz fue el gran tema desde 1981, cuan­do Belisario Betancur Cuartas ven­ció a Alfonso López Michelsen, por cuen­ta de una divi­sión libe­ral. De repen­te, Gaceta había entra­do en los años ochen­ta sin la com­pa­ñía de las revis­tas men­cio­na­das, aun cuan­do los suple­men­tos de El Espectador, el “Magazín”,  “Lecturas”, de El Tiempo, “Estravagario” de El Pueblo, de Cali, y el “Suplemento lite­ra­rio” de Vanguardia Liberal, de Bucaramanga, entre otros, cum­plían la tarea de ampliar hori­zon­tes para el país que puja­ba por expre­sar sus nue­vas sen­si­bi­li­da­des. 

  La segun­da etapa de Gaceta se dio en el gobierno de Virgilio Barco y den­tro de una suer­te de cri­sis ins­ti­tu­cio­nal que se pro­du­jo tras la sali­da de Gloria Zea de Colcultura. A ella, que había esta­do diez años en la direc­ción, como a muchos fun­cio­na­rios públi­cos poco dados a reco­no­cer los logros y con­quis­tas de sus ante­ce­so­res, le pare­ció una afren­ta la tarea de la nueva direc­to­ra del Instituto, la cale­ña Aura Lucía Mera, según lo rela­ta en un dos­sier publi­ca­do en su pri­mer núme­ro. 

  Según cuen­ta Guillermo González Uribe, su nuevo direc­tor, quien venía pre­ci­sa­men­te del gran equi­po del Magazín de El Espectador coor­di­na­do por Marisol Cano y en otro momen­to edi­ta­do por Juan Manuel Roca, la direc­to­ra de enton­ces, Liliana Bonilla, le dio carta blan­ca para que hicie­ra una revis­ta para los lec­to­res y no para los gober­nan­tes. Su paso por la direc­ción fue de tres años, en unas edi­cio­nes memo­ra­bles y enor­mes –en su for­ma­to– que no deja­ron de pro­du­cir deba­tes y abrie­ron dis­cu­sio­nes cla­ves. La suya fue la ante­sa­la de lo que sería “Número”, la revis­ta  que crea­ron varios inte­lec­tua­les en 1993. Gaceta, en su segun­da etapa, tuvo, a su vez, dos momen­tos, quizá pro­du­ci­dos por  la ines­ta­bi­li­dad de  una vio­len­cia que se incre­men­tó con la pues­ta en mar­cha del gran pro­yec­to para­mi­li­tar y neo­li­be­ral a par­tir de 1990.

  En 1992 la revis­ta redu­jo su tama­ño y sus enfo­ques se con­cen­tra­ron más en las prác­ti­cas artís­ti­cas. Esa Gaceta en su segun­da etapa vivió el gran momen­to pri­va­ti­za­dor del país, y luego hizo parte del inten­to demo­cra­ti­za­dor de Ernesto Samper, quien gober­nó con la espa­da de Dámocles de las acu­sa­cio­nes del pro­ce­so 8.000 enci­ma, y cuyos logros socia­les fue­ron sacu­di­dos por un enfren­ta­mien­to cerril de la pren­sa y el esta­ble­ci­mien­to. Precisamente en ese momen­to com­ple­jo se pro­du­jo la Constitución de 1991, pero tam­bién se ini­ció el paso de la salud públi­ca de ser un dere­cho a pro­po­ner­se como un ser­vi­cio de mer­ca­do y acu­mu­la­ción finan­cie­ra, y comen­zó a des­le­gi­ti­mar­se el Estado para pro­me­ter el paraí­so de lo pri­va­do en detri­men­to de lo públi­co, junto con el des­plie­gue del pro­yec­to para­mi­li­tar de la mano de las pri­me­ras Convivir en Antioquia. En ese con­tex­to se for­mu­ló  la Ley General de Cultura, de 1997, que aca­ba­mos de revi­sar y ajus­tar. 

  Aquella Gaceta con­vi­vió con el pro­ce­so del Caguán, la pro­fun­di­za­ción de un geno­ci­dio que acabó con la vida de cien­tos de miles de per­so­nas del país, ade­más de la degra­da­ción de las luchas gue­rri­lle­ras y la des­hu­ma­ni­za­ción total del con­flic­to arma­do; y se  publi­có hasta el 2001, en su núme­ro 48, bajo la direc­ción de Luis Armando Soto Boutin.

  Que Gaceta haya ter­mi­na­do en la ante­sa­la del gobierno de Álvaro Uribe Vélez nos habla desde ese vacío de lo que sobre­ven­dría para el país de los últi­mos vein­te años, y que exce­de la posi­bi­li­dad de aná­li­sis de este texto, pero que pro­du­jo desde un gobierno de ocho años, un pro­fun­do cam­bio de men­ta­li­dad en la socie­dad colom­bia­na que siguió jugan­do su cora­zón al azar, para poner­se en manos de la vio­len­cia. Gaceta se silen­ció y el país asis­tió al horror de la deso­la­ción de la gue­rra y el con­flic­to. En 2010, el gobierno de Juan Manuel Santos, comen­zó un pro­ce­so de paz con las FARC, que de mane­ra incon­tes­ta­ble le abrió cami­nos a la movi­li­za­ción popu­lar que ter­mi­na­ría por sacu­dir el gobierno pan­dé­mi­co de Iván Duque Márquez.

  El gobierno del pre­si­den­te Petro nom­bró como su pri­me­ra minis­tra de cul­tu­ra a la dra­ma­tur­ga y lucha­do­ra social, fun­da­do­ra del Teatro La Candelaria, Patricia Ariza. Ella, que estu­vo seis meses en el cargo, hizo un gesto que a muchos les pare­ció dema­gó­gi­co, pero en el cual cree­mos está bien pues­ta la cifra de una ver­da­de­ra polí­ti­ca cul­tu­ral que cuen­te con la selva y los lito­ra­les del Pacífico y del Caribe; que apre­cie la sie­rra, el desier­to y los terri­to­rios cam­pe­si­nos andi­nos, indí­ge­nas y afro­co­lom­bia­nos; que les  de poder a sus  comu­ni­da­des, y que entien­da que la cul­tu­ra no es pro­gre­si­va sino pro­fun­da­men­te cícli­ca en sus reno­va­cio­nes y reafir­ma­cio­nes colec­ti­vas. Ese gesto, el de cam­biar­le el nom­bre al Ministerio de Cultura por el de Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, nom­bra a un país que sigue exclui­do y que que­re­mos incluir con deci­sión en nues­tra ges­tión. Es por ello por lo que cree­mos en  los apor­tes de los arte­fac­tos cul­tu­ra­les del pasa­do, y cele­bra­mos los cen­te­na­rios que con­me­mo­ra­mos este año junto con el  La Vorágine: las vidas y obras de  Arnoldo Palacios y de Jorge Gaitán Durán, para recu­pe­rar sus lega­dos y  vol­ver­los a obser­var con aten­ción. Si nos dete­ne­mos en ellos, como en aque­llas pri­me­ras Gacetas, quizá siga­mos encon­tran­do las cla­ves de com­pren­sión que nece­si­ta una socie­dad para reco­no­cer­se, ya no de espal­das a una selva que segui­mos des­co­no­cien­do, des­tru­yen­do e idea­li­zan­do; ni a tra­vés de  un racis­mo estruc­tu­ral y de la exclu­sión de sus sabe­do­res e  inte­lec­tua­les que han sido nin­gu­nea­dos más allá de los nichos letra­dos. 

Así, con este nuevo empe­ño edi­to­rial espe­ra­mos estar a la altu­ra de ese pasa­do. Y lle­nar­lo de sen­ti­do de futu­ro. Gaceta ten­drá que ser de todos y para todos. Por ahora, la pro­po­ne­mos como un retorno a la metá­fo­ra de la selva, esta vez  con la con­vic­ción de que no sólo no nos devo­ra­rá, sino que la recu­pe­ra­ción de su res­pe­to abri­rá cami­nos que con­tri­bu­yan a dar paso a la jus­ti­cia, la ver­dad y la espe­ran­za.

Referencias

www.gaceta.co
Todos los ejem­pla­res de Gaceta en sus tres eta­pas se encuen­tran en el sitio web de la revis­ta. Actualmente el pro­yec­to cuen­ta con un pod­cast y un estu­dio de gra­ba­ción en el Centro Nacional de las Artes. 

Cómo citar este artícu­lo APA (7.ª edi­ción):
Correa, J. D. (2026, 05 de junio). Revista Gaceta. Modernismo Latinoamericano.
https://www.modernismolatinoamericano.org/revista-gaceta/

Galería

Descubre más desde Modernismo Latinoamericano

Suscríbete y reci­be las últi­mas entra­das en tu correo elec­tró­ni­co.

Scroll al inicio

Descubre más desde Modernismo Latinoamericano

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo