
Reforma agraria chilena
Rodrigo Utrera Q. Licenciado en sociología. Investigador militante. Miembro del Comité Editorial de la revista Actuel Marx Intervenciones (Chile).
“El campesino no ha sido marginal, sino reprimido. Su participación activa ha sido rechazada con medidas administrativas, legislación regresiva y violencia directa contra su persona. Represión, no marginalidad, es la clave para entender la condición histórica del campesinado chileno.”
Brian Loveman (1971: 4)
La reforma agraria fue uno de los procesos de mayor trascendencia social y política del siglo XX en Chile. Uno de sus protagonistas, el Ministro de Agricultura de la Unidad Popular Jacques Chonchol, sentenció: “Con la reforma agraria se terminó para siempre (…) el viejo latifundio tradicional, su insuficiencia productiva y su poder político y social…”
(Chonchol, 2018: 37).
La reforma agraria en Chile fue posible en un contexto internacional marcado por la efervescencia política de los años 60’. El subdesarrollo y los flagelos del capitalismo dependiente pusieron los cambios estructurales a la orden del día. Así, la disputa por el sentido y el alcance de las transformaciones se convirtió en la cuestión de fondo. Dos visiones sobre la reforma agraria coincidieron históricamente, pero se distinguían por sus objetivos, las fuerzas sociales que protagonizarían el cambio y su relación con la modernización como proceso social global. Por ello, el gobierno norteamericano creó en 1961 la Alianza para el Progreso, que contemplaba la reforma agraria como una vía para modernizar el capitalismo agrario latinoamericano. Proponían subdividir el gran latifundio improductivo y la “integración” de los campesinos a la sociedad, sin tensionar la dominación del imperialismo y las burguesías criollas. Por otra parte, la Revolución Cubana y los movimientos obreros, campesinos e intelectuales por ella influidos, apuntaron al problema del poder: mediante la expropiación de los terratenientes y la socialización de la tierra y el poder político entre el campesinado, la reforma agraria no sería un proceso aislado sino una transformación dentro de un cambio revolucionario general. Así, las reformas agrarias en América Latina condensaban, según su alcance y su relación con la totalidad social, el enfrentamiento entre dos visiones de la modernización.
En Chile, la reforma agraria también fue un campo de disputa. El campesinado chileno –compuesto por inquilinos, afuerinos, obreros agrícolas y minifundistas– llevaba al menos una década enfrentado a la proletarización, tanto por la regulación estatal de su salario como por la renovación técnica de ciertos sectores terratenientes (Robles & Kay, 2018). Contrario a lo que usualmente se ha afirmado, los trabajadores del campo no fueron un actor marginal antes de 1967, sino objeto de una feroz represión (Loveman, 1971). Prueba de ello son la Masacre de Ránquil (1934), la huelga campesina de Molina (1953), o la prohibición, por décadas, de la sindicalización campesina. A inicios de la década de 1960 se empezó a gestar un ánimo de organización campesina, que se expresó en los comités presindicales y pliegos de peticiones (Torres, 2020). En este contexto, la Democracia Cristiana (DC) accedió al gobierno en 1964 con Eduardo Frei, e incluyó en su Revolución en Libertad la reforma agraria.
En 1967 se promulgaron las leyes de Reforma Agraria y Sindicalización Campesina. Se estableció la expropiación de los fundos superiores a las 80 hectáreas de riego básico (HRB), y los campesinos fueron facultados, por primera vez en Chile, para organizarse en sindicatos. A su vez, la CORA (Corporación de Reforma Agraria) e INDAP (Instituto Nacional de Desarrollo Agropecuario) tuvieron la misión de gestionar las expropiaciones y organizar a los campesinos en asentamientos: formas transitorias que tras un plazo de 3 a 5 años serían la base para la asignación de tierras, en forma de cooperativas o de parcelas familiares, según la decisión de los asentados. Ambas instituciones prestaron asesoría técnica, créditos agrícolas, alfabetización y capacitación sindical. En estas últimas tareas participó también el Instituto de Capacitación e Investigación en Reforma Agraria, donde trabajó el educador popular brasileño Paulo Freire (Torres, 2020).
Aunque la organización campesina avanzó, la expropiación de latifundios fue más bien limitada. El sesgo reformista-burgués de la DC favoreció la modernización capitalista de los terratenientes, fortaleciendo así a la burguesía agraria (Marín, 1973). Por otro lado, la creación de un grupo campesino privilegiado y aislado del resto, los asentados, dio lugar a un clientelismo político útil a la DC. Sin embargo, las expectativas creadas por la demagogia discursiva de Frei se convirtieron en frustración: ni siquiera la mitad de las expropiaciones y asignaciones de tierras prometidas se realizó (Chonchol, 1976). La respuesta campesina dio lugar a un proceso de ruptura con la limitada reforma: una verdadera revolución rural (Palieraki, 2020) surgió a fines del gobierno de Frei, mediante un aumento radical de las huelgas campesinas –más de mil casos tanto en 1969 como en 1970 (Marín, 1973)–, sumado a las corridas de cerco de las comunidades mapuche en Cautín y Valdivia.
En 1970, con la elección de Salvador Allende y la asunción del gobierno de la Unidad Popular (UP), los territorios agrarios se colmaron de una efervescencia social general: persistieron las huelgas y se masificaron las tomas de fundos por los campesinos. En los tres primeros meses de 1971 se reportaron 412 ocupaciones de fundos (Bengoa, 1972: 62). El movimiento campesino encontró, con el gobierno popular, una oportunidad histórica. La prometida modernización capitalista había agotado toda paciencia y los trabajadores del campo se dispusieron a una sinuosa búsqueda del protagonismo campesino (Palieraki, 2020). Tras las tomas de fundos, el gobierno procedió a la formación de unidades de producción colectiva (Centro de Reforma Agraria, CERA, de tipo cooperativo; Centro de Producción, CEPRO, como haciendas estatales), creación de Consejos Comunales Campesinos (organismos de poder popular) y la batalla de la producción agrícola (Vasconcelos, 2020). La modernidad se afianzaba en el campo de la única forma en que podría encontrar un cauce favorable a las masas: que los campesinos tomasen en sus manos las riendas de sus propios destinos.
La contrarrevolución ocurrida tras el golpe de Estado en 1973 desató en los territorios rurales una represión feroz. Más de 300 líderes campesinos, sindicalistas y funcionarios estatales fueron apresados, torturados, ejecutados o hechos desaparecer (Ortiz, 2023: 181). Al reorganizarse el ‘sector reformado’ una enorme cantidad de campesinos fueron expulsados de las tierras por las cuales habían arriesgado todo. Las leyes de 1967 fueron derogadas, y las tierras expropiadas tuvieron tres destinos: fueron devueltas a sus antiguos propietarios; rematadas en el mercado –generalmente en favor de la agroindustria–; y sólo un tercio fue asignada a campesinos, sólo en forma individual (Chonchol, 2018). Sin apoyo técnico ni crédito, sin sindicatos o asociaciones, muchos campesinos terminaron vendiendo sus tierras.
La modernización neoliberal impuesta mediante la represión y el terror dio forma al actual modelo agropecuario, caracterizado por la dominación de las empresas forestales y agroindustriales en los territorios rurales de Chile, surgida del despojo y la intimidación. La “contrarreforma agraria” de la Dictadura no es parte de un pasado pretérito: pervive en el despojo de los trabajadores rurales, de las comunidades mapuche y en la precariedad estructural a la que son sometidos/as los trabajadores temporales en la agricultura chilena. Una nueva reforma agraria, al decir de Jacques Chonchol (2018), aparece como posibilidad de realizar ese futuro arrebatado por terratenientes, capitalistas y generales; para retomar la senda del desarrollo socialista en los territorios rurales, contra la acumulación capitalista que está destruyendo la Naturaleza y la vida de la clase trabajadora.
Referencias
Referencias
Bengoa, J. (1972). Movilización campesina: análisis y perspectivas. Sociedad y Desarrollo (3), pp. 57–76.
Chonchol, J. (1976). La reforma agraria en Chile (1964–1973). El Trimestre Económico, XLIII (171), pp. 599–623. https://www.jstor.org/stable/20856568
Chonchol, J. (2018). Por una nueva reforma agraria para Chile. LOM Ediciones.
Loveman, B. (1971). El mito de la marginalidad: participación y represión del campesinado chileno. ICIRA.
Marín, J. C. (1973). Las tomas (1970–1972). Marxismo y Revolución (1), pp. 49–77.
Ortiz, E. (2023). Historias, memoria rural y futuro: a 50 años del Golpe de Estado. Ministerio de Agricultura. https://fucoa.cl/publicaciones/50golpe_estado/
Palieraki, E. (2020). Revolución rural y protagonismo campesino (Chile, 1967–1973). En R. A. Henry, J. S. Vasconcelos, & V. C. Ramírez (eds.), La vía chilena al socialismo. 50 años después. Tomo 1 (pp. 339–359). CLACSO. doi: https://doi.org/10.2307/j.ctv1gm02mm.17
Robles, C., & Kay, C. (2018). La transición del sistema de hacienda al capitalismo agrario en Chile central. En I. Jaksić (ed.), Historia política de Chile, 1810–2010. Tomo III. Problemas económicos (pp. 107–139). Fondo de Cultura Económica.
Torres, O. (2020). Sindicalismo y capacitación campesina en la Unidad Popular. En R. A. Henry, J. S. Vasconcelos, & V. C. Ramírez (eds.), La vía chilena al socialismo. 50 años después. Tomo 2 (pp. 207–226). CLACSO. doi: https://doi.org/10.2307/j.ctv1gm02mm.17
Vasconcelos, J. S. (2020). Revolución chilena y batalla de la producción agraria: sabotajes patronales y estímulos al trabajo campesino. En R. A. Henry, J. S. Vasconcelos, & V. C. Ramírez (eds.), La vía chilena al socialismo 50 años después: tomo 1 (pp. 439–466). CLACSO. doi: https://doi.org/10.2307/j.ctv1gm023v.26
Libros y publicaciones asociadas:
Acevedo, N. (2023). Un fantasma recorre el campo. Comunismo y politización campesina en Chile (1935–1948). Ariadna Ediciones. doi: https://doi.org/10.26448/ae9789569645143.65
Alaluf, D., Barraclough S., Corvalán A., Echenique J., Mattelart A., & Sampaio, P. (1970). Reforma agraria chilena: seis ensayos de interpretación. ICIRA.
Bengoa, J. (2016). Reforma agraria y revuelta campesina. Seguido de un homenaje a los campesinos desaparecidos. LOM Ediciones.
Chonchol, J., Robles-Ortiz, C. (2016). Jacques Chonchol : un cristiano revolucionario en la política chilena del siglo XX. Ediciones Finis Terrae.
Correa, M., Molina, R., & Yáñez, N. (2005). La reforma agraria y las tierras mapuches: Chile 1962–1975. LOM Ediciones.
Loveman, B. (1976). Struggle in the Countryside. Politics and rural labor in Chile, 1919–1973. Indiana University Press.
Otros enlaces
Archivo histórico de la Confederación Nacional Sindical Campesina Ránquil (Departamento de Historia de la Universidad de Santiago de Chile) https://historia.usach.cl/archivo_ranquil/
La Confederación Nacional Unidad Obrero Campesina y los 50 años de la reforma agraria. Documento: https://uocchile.cl/wp-content/uploads/2022/05/Cartilla-Reforma-Agraria-web.pdf
Estudio empírico sobre la contrarreforma agraria y su efecto en el Wallmapu: https://www.elmostrador.cl/destacado/2021/05/26/estudio-revela-que-focos-de-conflicto-en-la-araucania-se-situan-en-terrenos-que-fueron-cedidos-al-pueblo-mapuche-durante-la-reforma-agraria-y-luego-arrebatados-en-dictadura/
Cómo citar este artículo APA (7.ª edición):
Utrera, Rodrigo (2026, 30 de julio). Reforma agraria chilena. Modernismo Latinoamericano. https://www.modernismolatinoamericano.org/reforma-agraria-chilena
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