
La Conferencia Tricontinental
Alberto García Molinero, investigador del Departamento de Historia Contemporánea, Universidad de Granada, España
Alejandro Pedregal, investigador del Consejo de Investigación de Finlandia en la Universidad Aalto, Finlandia
“Justo es que dediquemos nuestro recuerdo a los que se han sacrificado por la victoria de sus pueblos, a los que han caído víctimas del imperialismo en todos los continentes; y que nos propongamos ser siempre fieles a esa causa, ser siempre fieles, en Asia, en África y en América Latina, a la causa de los que han dado su vida y su sangre por la liberación de los pueblos.”
— Fidel Castro, 1966
La Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina, más conocida como la Conferencia Tricontinental, tuvo lugar en enero del año 1966 en La Habana. Con antecedentes que se remontan al Congreso de Bakú (1920), la Liga Antiimperialista de Bruselas (1927), la Conferencia de Bandung (1955) y el encuentro de los No Alineados en Belgrado (1961), este evento —del que se cumplen ahora sesenta años— marcó un hito sin precedentes en la historia de la solidaridad internacionalista. En la capital cubana convergieron líderes y representantes de movimientos sociales y políticos muy diversos procedentes del Tercer Mundo con el objetivo de construir un espacio común de integración, cooperación y nuevas alianzas a escala mundial frente al colonialismo, el neocolonialismo y todas las formas de opresión imperialista que durante siglos habían marcado la historia de los pueblos de África, Asia y América Latina. Al encuentro acudieron 782 personas procedentes de 82 países, incluyendo delegados, observadores, invitados y miembros de prensa. El Comité Inicial Preparatorio, encabezado por el líder independentista marroquí Mehdi Ben Barka (asesinado poco antes del evento), reafirmó su compromiso por aunar el combativo espíritu afroasiático impulsado en Bandung con el legado de un internacionalismo comunista reivindicado desde la Cuba revolucionaria.
El encuentro, denominado por un informe del Congreso de los Estados Unidos como el “más importante de fuerzas procomunistas y antiamericanas en la historia del hemisferio occidental”, recibió el patrocinio de Fidel Castro. Aquello constituyó una importante victoria diplomática para Cuba, fruto de largos esfuerzos sostenidos desde principios de la década de los sesenta. Con la integración de América Latina a la corriente de solidaridad afroasiática, la celebración de la Conferencia otorgó a la isla —que bautizó al año 1966 como el “Año de la Solidaridad”— un marcado protagonismo internacional. La sede de la Conferencia estuvo presidida por retratos de figuras icónicas de los tres continentes, tal como el vietnamita Nguyễn Văn Trỗi, el congoleño Patrice Lumumba o el nicaragüense Augusto Sandino. Y con ello, la Tricontinental aspiró a forjar un modelo genuino de solidaridad que excediera las disputas existentes entre China y la Unión Soviética en aquel momento.
A lo largo de la Conferencia se discutieron múltiples temáticas relacionadas con la guerra de Vietnam, la reunificación de Corea, el derecho a la autodeterminación de Palestina, la independencia de Puerto Rico, las descolonizaciones africanas y las guerrillas de América Latina. Se pusieron sobre la mesa asuntos tan diversos como el rechazo de las deudas ilegítimas que operaban como mecanismo de control neocolonial sobre los pueblos del Tercer Mundo, y se abordaron también casos particulares ajenos a este marco geográfico como el futuro del movimiento Black Panther en Estados Unidos. La heterogeneidad de las y los participantes reunidos permitió que convergieran tendencias ideológicas que fueron desde el maoísmo hasta el nacionalismo más radical, pasando por corrientes trotskistas y grupos prosoviéticos que dejaron presentes sus agudas disputas.
Bajo el principio de “unidad sin unicidad”, la Tricontinental trató de constituirse como un escenario abierto capaz de reconocer la diversidad de realidades y los distintos caminos que cada pueblo debía recorrer hacia su propia liberación. Pese a la ingente pluralidad, el eje de la mayor parte de las intervenciones fue el antiimperialismo como modelo de lucha frente a todas las formas de opresión contemporánea que sufrían los pueblos del Tercer Mundo. En este contexto, la consigna lanzada por Ernesto Guevara en su célebre Mensaje a la Tricontinental, llamando a crear “dos, tres… muchos Vietnam”, ejemplificó la vocación internacionalista de un encuentro que reunió a voces tan dispares como las del chileno Salvador Allende, la india Aruna Asaf Ali, el guatemalteco Augusto Turcios Lima o la mozambiqueña Josina Machel, por citar sólo unas pocas de ellas.
Las discusiones de la Tricontinental, lejos de estrechar el horizonte político, incorporaron también aspectos relacionados con problemáticas emergentes para el periodo. Desde la lucha por la liberación de las mujeres hasta las dimensiones socio-ecológicas inherentes a las propuestas de los movimientos revolucionarios y de liberación nacional, la Conferencia de La Habana anticipó debates alternativos e influyentes sobre los feminismos del Tercer Mundo, la cuestión agraria, el uso y control sobre los bienes naturales, la soberanía industrial y el desarrollo autocentrado. El impacto de la Tricontinental siguió la estela de estos intensos debates para extenderse más allá de La Habana y llegar a diversos espacios públicos, conectándose con la más concreta de sus correspondientes realidades. En esta línea, con la clausura de la Conferencia, delegadas y delegados envueltos en esta génesis del Tricontinentalismo regresaron a sus países con una renovada conciencia de unidad y solidaridad. Aquello ayudaría a fortalecer redes de intercambio y estrategias de apoyo mutuo internacionalista durante la segunda mitad del siglo XX. Al término del evento se fundó la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL) como organismo destinado a articular canales de cooperación efectiva entre los pueblos del Tercer Mundo, con la revista Tricontinental como su principal órgano de difusión. La OSPAAAL desplegó una intensa actividad político-comunicativa durante la Guerra Fría, con un notorio impacto incluso en la Europa occidental. El halo de la Conferencia Tricontinental y su trabajo infatigable, si bien no alcanzó sus aspiraciones definitivas en aras de una revolución global, despertó todo un crisol de genealogías de largo impacto en la cooperación Sur-Sur y el diálogo socio-político e intercultural que conecta con las problemáticas actuales más acuciantes.
Referencias
Bouamama, S. (2016). La Tricontinentale : Les peuples du tiers-monde à l’assaut du ciel. Éditions Syllepse.
Estrada, U., & Suárez Salazar, L. (2007). Rebelión tricontinental: Las voces de los condenados de la Tierra de Asia, África y América Latina. Editorial de Ciencias Sociales.
Faligot, R. (2013). Tricontinentale: Quand Che Guevara, Ben Barka, Cabral, Castro et Hô Chi Minh préparaient la révolution mondiale (1964–1968). Éditions La Découverte.
Grenat, S. (2023). La internacional guerrillera: Una historia de la Conferencia Tricontinental y de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (1965–1967) (Tesis doctoral). Universidad Pablo de Olavide.
Parrott, J. R., & Lawrence, M. A. (Eds.). (2022). The Tricontinental Revolution: Third World radicalism and the Cold War. Cambridge University Press.
Prashad, V. (2007). The darker nations: A people’s history of the Third World. The New Press.
Young, R. J. C. (2001). Postcolonialism: An Historical Introduction. Blackwell.
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