
Industria Azucarera Nacional S. A. (IANSA)
Consuelo Ferrer Durán. Periodista, escritora y tejedora de Chillán. Autora de Siembra de cristal, publicado por Overol en 2026. Editora de la revista La Raza Cómica y co-creadora del podcast Club de Duelo de la Radio Inventada del Centro Cultural de España.
“Tengo fotos con los viejos, todos sentados en unas mesas como del té club: todo el turno ahí y yo con gorro cocinero. Comprábamos lomo y poníamos los bistocos en un brasero grande. Las de laboratorio iban a ayudar también. Era entretenido, un ambiente lindo”
— Vicente Ferrer Vaccaro, 2018
“Don Vicente fue una persona muy querida por todos sus pares y además un fiel representante de nuestros valores y espíritu Iansa, demostrado por su gran compromiso, esfuerzo, dedicación y principalmente por haber sido un formador de muchas generaciones en la noble tarea de la producción azucarera”
— Empresas Iansa, 2020
Fue en noviembre de 1953 cuando se materializó con éxito el plan de levantar la Industria Azucarera Nacional S.A. para abastecer a Chile de azúcar. La iniciativa de la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) formaba parte del plan de industrialización nacional que incluyó la creación de empresas como Endesa y Codelco. Era una declaración de principios, un salto de fe: Chile tenía lo que necesitaba para proveer a Chile de lo que necesitara. Había tierras donde plantar remolacha, había agricultores dispuestos a aprender su cultivo, había hombres y mujeres con ansias de entrar a una empresa pública para aprender a hacer azúcar. Así, hace casi 73 años, se fundó Iansa en Los Ángeles. En sus primeros 15 años, la empresa construyó e inauguró plantas también en Linares, Llanquihue, Chillán, Rapaco y Curicó. Mi papá, Vicente Ferrer Vaccaro, entró a la planta de Linares en 1959, el mismo año en que se inauguró, y salió de la empresa en 2020, cuando murió de cáncer. Dedicó el 75% de su vida a hacer azúcar. La Iansa es también parte de mi historia.
En la década de 1960, Chile era un país que todavía trataba de reponerse de dos fuertes terremotos y la crisis habitacional asociada. La población era, en su mayoría, rural y los índices de analfabetismo eran significativos. Por eso el modelo de empresa bajo el cual fue concebido IANSA era tan atractivo en las ciudades donde se fueron construyendo las plantas: junto a ellas, se levantaron poblaciones para sus trabajadores –o departamentos y condominios para las jerarquías más altas–, escuelas públicas para sus hijos, casinos, gimnasios, y más adelante complejos vacacionales, centros sociales, clubes deportivos, olimpiadas, construyendo además una cultura iansina entre quienes trabajaban en la industria.
Desde su concepción, el sello del azúcar de Iansa fue el nacionalismo. En la región latinoamericana, Chile es el único país que produce azúcar de remolacha: la materia prima favorita en el continente es la caña de azúcar y países como Brasil, México, Colombia y hasta Argentina son hoy grandes productores. La remolacha azucarera, por su lado, es una hortaliza cuya raíz crece bajo la tierra, con hojas que salen a la superficie y que se asemejan a las acelgas. El olor de la remolacha es el olor de mi infancia. Es el que despedía el uniforme de mi papá desde el canasto de la ropa sucia y sobre todo el que sentía yo cuando me bajaba de mi bici en primavera para ir a recibirlo cuando volvía por la tarde de la fábrica. Es el olor de su abrazo, de sus poleras azules con el sol bordado, un olor que en algo remite a lo dulce aunque casi no se podría describir así. Un olor primitivo y fuerte, a tierra, a inicio.
Los cultivos de remolacha fueron durante décadas una postal típica de la zona centro-sur: en los ‘80 y los ‘90, la Iansa llegó a plantar entre 45 mil y 55 mil hectáreas de remolacha entre las regiones del Maule y Bío Bío. A partir de los 2000, la superficie cultivada fue decreciendo y para la campaña de 2026 se sembraron cerca de 6.250 hectáreas, incluyendo 1.500 de propiedad de la misma empresa.
Invertir en formación fue una característica identitaria de la Iansa. La empresa fue pionera en sus métodos, entre ellos el sistema de la “agricultura de contrato”, que implicaba por primera vez un vínculo contractual entre la empresa y el agricultor, quien producía la remolacha que se usaba para hacer azúcar al mismo tiempo en que la Iansa le brindaba asesoría técnica y la promesa de comprar el producto. Así se propició el uso de tecnologías para pequeños agricultores, muchos de ellos beneficiarios de la Reforma Agraria, que mejoraron sus procesos gracias al acompañamiento de la empresa estatal. Por ejemplo: si en 1990 se producían 53 toneladas de azúcar por hectárea plantada de remolacha, ya en 2013 se generaban 103 toneladas en la misma área.
Pero el éxito de la Iansa no fue inmune a las consecuencias de la dictadura. Entre 1985 y 1990, empresas públicas como Endesa, Entel, Lan Chile y Soquimich fueron privatizadas, y Iansa no fue la excepción. Después, a mediados de los noventa, empezaron a entrar los propietarios extranjeros: los españoles, después los ingleses, y actualmente la propiedad corresponde a una firma estadounidense.
Con los años, las plantas de Iansa fueron cerrando una a una: la primera fue Llanquihue, que fue vendida en 1978; luego Rapaco, que cerró en 2008; Curicó terminó su producción en 2016; Linares en 2018 y Los Ángeles en 2020. Actualmente, la planta de Chillán –que en realidad está ubicada en Cocharcas, entre Chillán y San Carlos– es la única que sigue en pie, pero la empresa ya anunció que, a partir de la próxima campaña de producción, ya no se utilizará la remolacha como materia prima, sino que comprarán crudo de azúcar de caña en el mercado internacional para terminar el proceso de producción en Chile.
Aunque sigue operando bajo el mismo nombre, IANSA ya no encarna lo que representaba al momento de su creación, cuando su inauguración concretaba la apuesta por fortalecer la producción nacional de la mano de mayor educación y mejores condiciones sociales para toda la cadena de trabajadores que participaban del proceso. Un producto cotidiano y simple, blanco y brillante, cristalino, representaba el esfuerzo del trabajador y la confianza en que Chile le bastaba a Chile; en que éramos suficientes para nuestro propio pueblo.
Referencias
Libros y publicaciones asociadas:
Ferrer, C. (2026). Siembra de cristal. Santiago, Chile: Ediciones Overol.
Ferrer, C. (2026, 21 de junio). La última cosecha de remolacha: crónica del fin del cultivo que alimentó a la industria azucarera chilena durante más de 70 años y dejará a 3 mil familias sin trabajo. The Clinic.
Silvestre, S. (2026, 29 de abril). Duro golpe para la industria de la remolacha: Iansa anuncia que no comprará en el mercado chileno. Radio Bío Bío.
Bohle, C. (2020, 29 de septiembre). Empresas Iansa cierra planta azucarera de Los Ángeles y concentrará su producción en Chillán. Diario Financiero.
Durante, N. & González, A. (2018, 22 de julio). Cierre de Iansa en Linares: El recálculo del impuesto verde que estudia el gobierno para evitar la crisis en el Maule. El Mercurio.
Mazzuco, J. (2016, 23 de marzo). IANSA cierra planta en Curicó y limita producción a solo dos recintos en Chile. El Mercurio.
Otros enlaces:
La Raza Cómica: “Hogar, dulce hogar” o cómo la historia de IANSA es también la historia de mi familia. Crónica a propósito de los 70 años de IANSA, donde cuento por primera vez la historia de mi padre como trabajador azucarero.
Cómo citar este artículo APA (7.ª edición):
Ferrer Durán, C. (2026, 16 de abril). Industria azucarera nacional IANSA. Modernismo Latinoamericano. https://www.modernismolatinoamericano.org/industria-azucarera-nacional-s-a-iansa/
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