Cristianos por el Socialismo

Marcos Fernández Labbé. Doctor en Historia, aca­dé­mi­co del Departamento de Historia de la Universidad Alberto Hurtado, cen­tra­do en Historia Intelectual y Política del cato­li­cis­mo lati­no­ame­ri­cano, e Historiografía.

Ciudad: Santiago, Valparaíso
Productor: Jóvenes reli­gio­sas, reli­gio­sos, sacer­do­tes, lai­cas y lai­cos de Chile
Personas Vinculadas: Gonzalo Arroyo, Alfonso Baeza, Roberto Bolton, Pablo Fontaine, Mariano Puga, Pablo Richard, Sergio Torres
Ubicación: Archivo Patrimonial de la Pontificia Universidad Católica de Chile
País: Chile

“Ser cris­tiano es ser soli­da­rio. Ser soli­da­rio en estos momen­tos en Chile es par­ti­ci­par en el pro­yec­to his­tó­ri­co que su pue­blo se ha tra­za­do.”  
— La par­ti­ci­pa­ción de los cris­tia­nos en la cons­truc­ción del socia­lis­mo, 1971

“Este magis­te­rio para­le­lo se mani­fies­ta –entre otras mane­ras- en la difu­sión de una espe­cie de cate­cis­mo popu­lar, que no con­tie­ne sino un adoc­tri­na­mien­to ideo­ló­gi­co y polí­ti­co”
— Conferencia Episcopal de Chile, 1973

La vic­to­ria elec­to­ral de la Unidad Popular en sep­tiem­bre de 1970 repre­sen­tó para un con­jun­to muy visi­ble de cris­tia­nas y cris­tia­nos la posi­bi­li­dad de con­cre­tar la tra­yec­to­ria de poli­ti­za­ción por izquier­da que –al menos desde la déca­da de 1950– habían expe­ri­men­ta­do lai­cas y lai­cos, sacer­do­tes, reli­gio­sas y reli­gio­sos. Con expe­rien­cias como el Movimiento Católico Allendista arti­cu­la­do en la elec­ción de 1964 e Iglesia Joven, pro­ta­go­nis­ta de la Toma de la Catedral del 11 de agos­to de 1968, uno de los obje­ti­vos cen­tra­les que se plan­tea­ban era, por un lado, la refor­ma inter­na de la Iglesia Católica, en tér­mi­nos de su demo­cra­ti­za­ción como ins­ti­tu­ción; y por otro, el com­pro­mi­so acti­vo de la misma con los más des­fa­vo­re­ci­dos, ale­ján­do­se por ello de su tra­di­cio­nal vin­cu­la­ción con las éli­tes.

En abril de 1971, jóve­nes reli­gio­sas, reli­gio­sos, sacer­do­tes, lai­cas y lai­cos uni­dos en lo fun­da­men­tal por la expe­rien­cia de tra­ba­jo entre sec­to­res popu­la­res y parro­quias uni­ver­si­ta­rias, fun­da­ron el Secretariado Sacerdotal de Cristianos por el Socialismo, que poco más tarde se deno­mi­na­ría Cristianos por el Socialismo. Su inten­ción ini­cial era apo­yar explí­ci­ta­men­te el cum­pli­mien­to del Programa de la Unidad Popular, sos­te­nien­do que este gesto públi­co de parte de agen­tes reli­gio­sa­men­te ins­pi­ra­dos per­mi­ti­ría supe­rar la siem­pre ame­na­zan­te ten­den­cia al sec­ta­ris­mo de los par­ti­dos que cons­ti­tuían la coa­li­ción. De forma com­ple­men­ta­ria, se con­si­de­ra­ban como un apor­te cul­tu­ral a las accio­nes del gobierno, en tanto en su diag­nós­ti­co la figu­ra del líder reli­gio­so man­te­nía pres­ti­gio popu­lar y ser­vi­ría de legi­ti­ma­ción de los cam­bios radi­ca­les que la cons­truc­ción del socia­lis­mo impli­ca­ría.

Probablemente en tér­mi­nos polí­ti­co-doc­tri­na­les la carac­te­rís­ti­ca cen­tral de Cristianos por el Socialismo fue la adop­ción –acrí­ti­ca de acuer­do a sus con­ten­do­res- del mar­xis­mo no solo como un méto­do de aná­li­sis de la reali­dad, sino que como un pro­gra­ma de trans­for­ma­ción de ésta, que asu­mía de forma his­tó­ri­ca que la vía a tra­vés de la cual esa trans­for­ma­ción se rea­li­za­ría sería la de la revo­lu­ción. En ese sen­ti­do, el eje de com­por­ta­mien­to polí­ti­co de gran parte de Cristianos por el Socialismo estu­vo orien­ta­do hacia la Nueva Izquierda, de ins­pi­ra­ción cuba­na y repre­sen­ta­da en Chile en gran medi­da por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Ello supo­nía, en la prác­ti­ca, un dis­tan­cia­mien­to táci­to de los par­ti­dos tra­di­cio­na­les de la izquier­da chi­le­na, como el PC y el PS, así como una pro­xi­mi­dad con el MAPU.

De forma evi­den­te, ello supu­so la con­vic­ción de que el uso de la vio­len­cia no solo era inevi­ta­ble, sino tam­bién jus­ti­fi­ca­da. Tal y como la Conferencia del Episcopado lati­no­ame­ri­cano había adver­ti­do en Medellín años antes (1968), exis­tía en el Continente una “vio­len­cia estruc­tu­ral”, gra­fi­ca­da en la exis­ten­cia de vas­tos sec­to­res opri­mi­dos por peque­ñas “bur­gue­sías hero­dia­nas”, es decir, admi­nis­tra­do­ras de la rique­za lati­no­ame­ri­ca­na en fun­ción de los intere­ses del impe­ria­lis­mo de los Estados Unidos. En ese cua­dro, los y las cris­tia­nas com­pro­me­ti­das con la revo­lu­ción debían hacer pri­mar el amor como fun­da­men­to, un amor que bien podía tor­nar­se vio­len­to en la libe­ra­ción del opri­mi­do de su opre­sión, así como del opre­sor de su peca­do.

Entre el 23 y el 30 de abril de 1972 se desa­rro­lló, en la sede de la UNCTAD de la ciu­dad de Santiago, el I Encuentro Latinoamericano de Cristianos por el Socialismo”, inau­gu­ra­do por Clodomiro Almeyda, enton­ces Ministro de Relaciones Exteriores chi­leno; y sin la pre­sen­cia de auto­ri­da­des ecle­siás­ti­cas del país. Con más de 400 per­so­nas con­gre­ga­das, dio ini­cio a una segui­di­lla de ini­cia­ti­vas simi­la­res – rea­li­za­das con pos­te­rio­ri­dad en Canadá, Italia y España – que daban cuen­ta del alcan­ce glo­bal que el movi­mien­to de Cristianos por el Socialismo ten­dría a lo largo de la déca­da de 1970, par­ti­cu­lar­men­te en el mundo del ecu­me­nis­mo y las teo­lo­gías de la libe­ra­ción. En el curso del Encuentro pre­sen­ta­ron infor­mes de cada uno de los paí­ses del con­ti­nen­te que ponían el acen­to en la rea­li­za­ción de un diag­nós­ti­co de la corre­la­ción de fuer­zas entre las dis­tin­tas cla­ses socia­les y orga­ni­za­cio­nes orien­ta­das hacia el cam­bio revo­lu­cio­na­rio o su obs­ta­cu­li­za­ción; así como refle­xio­nes de natu­ra­le­za tác­ti­ca y estra­té­gi­ca en torno a los modos de par­ti­ci­pa­ción acti­va de las y los cris­tia­nos en el pro­ce­so. Del mismo modo, se com­par­tió un can­cio­ne­ro con com­po­si­cio­nes des­ti­na­das a rimar la doc­tri­na cris­tia­na con el ánimo revo­lu­cio­na­rio; y el teó­lo­go peruano Gustavo Gutiérrez pre­sen­tó una densa ponen­cia que, titu­la­da “Marxismo y Cristianismo”, ano­ta­ba a este últi­mo como un ver­da­de­ro motor utó­pi­co de la his­to­ria.

En su docu­men­to final que cir­cu­ló rápi­da y masi­va­men­te a nivel nacio­nal y con­ti­nen­tal, con inten­ción apo­lo­gé­ti­ca y polé­mi­ca, se indi­ca­ba:

“El pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio en América Latina está en pleno curso. Son muchos los cris­tia­nos que se han com­pro­me­ti­do en él, pero son más los que, pre­sos de iner­cias men­ta­les y cate­go­rías impreg­na­das por la ideo­lo­gía bur­gue­sa, lo ven con temor e insis­ten en tran­si­tar por impo­si­bles cami­nos refor­mis­tas y moder­ni­zan­tes. El pro­ce­so lati­no­ame­ri­cano es un pro­ce­so único y glo­bal. Los cris­tia­nos no tene­mos y no que­re­mos tener un camino polí­ti­co pro­pio que ofre­cer. La com­pren­sión de este carác­ter único y glo­bal hace com­pa­ñe­ros y une en una tarea común a todos aque­llos que se com­pro­me­ten en la lucha revo­lu­cio­na­ria.”

La expe­rien­cia chi­le­na de Cristianos por el Socialismo llegó a su fin con el 11 de sep­tiem­bre de 1973, que supu­so la muer­te, pri­sión, expul­sión y exi­lio de muchos de sus miem­bros. Poco más tarde se publi­có el Documento Episcopal –ela­bo­ra­do con ante­rio­ri­dad al Golpe de Estado– Fe Cristiana y Actuación Política, que en 100 pun­tos some­tió a crí­ti­ca no solo al movi­mien­to, sino tam­bién a cual­quier posi­bi­li­dad de víncu­lo doc­tri­nal o prác­ti­co entre cato­li­cis­mo y mar­xis­mo, decla­ran­do de forma con­clu­yen­te la pros­crip­ción del tipo de con­duc­ta ‑a fin de cuen­tas a su jui­cio cis­má­ti­ca- que Cristianos por el Socialismo había repre­sen­ta­do. Así, ese víncu­lo entre la uto­pía cris­tia­na de la igual­dad y el fin del peca­do, y la ideo­lo­gía moder­ni­zan­te y secu­la­ri­zan­te del mar­xis­mo se des­en­vol­vió para­dó­ji­ca­men­te en un con­ti­nen­te y un tiem­po his­tó­ri­co en el que la revo­lu­ción era un pro­gra­ma posi­ble, y por ello, la his­to­ria latía como futu­ro.

Referencias

Libros y publi­ca­cio­nes aso­cia­das: 

Cárcamo, U. Renovación ecle­sial y radi­ca­li­za­ción polí­ti­ca 1964–1973. En Sanchez, M (Ed.), Historia de la Iglesia en Chile, Tomo V (pp. 203–235). Santiago: Universitaria.

Conferencia Episcopal de Chile (1973). Fe cris­tia­na y actua­ción polí­ti­ca. En Documentos del Episcopado. Chile 1970–1973. Santiago: Ediciones Mundo.

Díaz de Valdés, L. (2024). Bendecir la revo­lu­ción. Cristianismo de izquier­da en Chile, 1957–1973. Santiago: Ediciones UC.

Fernández, M. (2017). Un reino de este mundo: la con­tro­ver­sia en torno a Cristianos por el Socialismo. Chile, 1970–1973. En Sanchez, M (Ed.), Historia de la Iglesia en Chile, Tomo V (pp. 149–200). Santiago: Universitaria.

Fernández, M. (2025). En la tor­men­ta. Cristianismo y mar­xis­mo en Chile de la Revolución en Libertad a la fun­da­ción de Cristianos por el Socialismo, 1964–1971. Santiago: Ediciones UAH.

Ramminger, M. (2019). Éramos Iglesia…en medio del pue­blo. El lega­do de los Cristianos por el Socialismo en Chile, 1971–1973. Santiago: LOM.

Otros enla­ces:

Archivo Primer Encuentro Latinoamericano de Cristianos por el Socialismo en el Archivo patri­mo­nial UC 

https://archivospatrimoniales.uc.cl/handle/123456789/64151

Cómo citar este artícu­lo APA (7.ª edi­ción):
Fernández Labbé, M. (2026, 19 de junio). Cristianos por el Socialismo. Modernismo Latinoamericano.
https://www.modernismolatinoamericano.org/cristianos-por-el-socialismo/

Galería

Descubre más desde Modernismo Latinoamericano

Suscríbete y reci­be las últi­mas entra­das en tu correo elec­tró­ni­co.

Scroll al inicio

Descubre más desde Modernismo Latinoamericano

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo