Olimpiadas de México 1968

Patricio Bascuñán Correa Dr.© en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile. Diseñador grá­fi­co y magís­ter en Estudios Latinoamericanos. Miembro de Editorial Anagénesis y aca­dé­mi­co de la carre­ra de Diseño de la Universidad de Chile.

Rigoberto Reyes Sánchez. Sociólogo, maes­tro y egre­sa­do del Doctorado en Estudios Latinoamericanos.

Ciudad: Ciudad de México
Productor: Comité Olímpico
Personas Vinculadas: Pedro Ramírez Vázquez, Lance Wyman, Taller de Gráfica Popular (TGP), Guillermo González Camarena, Esther Montero, Gustavo Díaz Ordaz
Ubicación: MUAC, Museo Universitario de Arte Contemporáneo, UNAM.
País: México
Año: 1968
Tipo: Deporte

“Ante nues­tros ojos apa­re­cían, de un día para otro, enor­mes anun­cios y car­te­le­ras de artis­tas y cari­ca­tu­ris­tas mexi­ca­nos, foto­gra­fías docu­men­ta­les de exce­len­te valor esté­ti­co, dise­ños sobre los depor­tes, mura­les ilus­tran­do nues­tra arte­sa­nía, flo­res y palo­mas inmen­sas, todo hacién­do­nos olvi­dar que no tenía­mos un peda­zo de cielo azul donde poner los ojos.”

— Helen Escobedo,1975    

Los Juegos Olímpicos de México 1968 fue un even­to mul­ti­de­por­ti­vo cele­bra­do en la Ciudad de México, entre el 12 y el 27 de octu­bre. La oca­sión fue uti­li­za­da por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz (1964–1970) del PRI (Partido Revolucionario Institucional) para trans­mi­tir una ima­gen de pros­pe­ri­dad y pro­gre­so de un país en vías de desa­rro­llo, con la pre­sen­cia de un fuer­te Estado de Compromiso. Se trató de la pri­me­ra vez que un país lati­no­ame­ri­cano fue sede de las Olimpiadas; sin embar­go, suele  recor­dar­se por moti­vos extra­de­por­ti­vos, como las inno­va­cio­nes en dise­ño, las pro­tes­tas estu­dian­ti­les y la vio­len­cia polí­ti­ca de Estado.

Desde la elec­ción de México como sede en 1963, se impul­só un com­ple­jo plan de dise­ño mul­ti­es­ca­lar. Este con­tem­pló labo­res coor­di­na­das en mate­ria de urba­nis­mo, arqui­tec­tu­ra, dise­ño y artes visua­les, con el fin de pro­yec­tar un esce­na­rio urbano orde­na­do y cohe­ren­te. Se rea­li­za­ron impor­tan­tes reno­va­cio­nes urba­nas, como la Villa Olímpica Libertador Miguel Hidalgo, que con­sis­te en 80 edi­fi­cios empla­za­dos en un área de 20 mil metros cua­dra­dos. También se eri­gie­ron moder­nos edi­fi­cios para la oca­sión, como la Alberca (pis­ci­na) Olímpica Francisco Márquez y el Gimnasio Olímpico Juan de la Barrera, ambos expo­nen­tes de la arqui­tec­tu­ra de cuño racio­na­lis­ta, en sin­to­nía con las corrien­tes del Movimiento Moderno y sus deri­vas bru­ta­lis­tas.

Al res­pec­to de la arqui­tec­tu­ra del even­to, cabe des­ta­car su inte­gra­ción con las artes, así como su rela­ción con la ima­gen en gene­ral. Desde los cimien­tos mis­mos de las nue­vas estruc­tu­ras, así como en la adap­ta­ción de com­ple­jos depor­ti­vos pre­exis­ten­tes, se reco­no­ce una prác­ti­ca de inte­gra­ción plás­ti­ca. Hablamos de toda una tra­di­ción, con un amplio desa­rro­llo en México, for­ja­da al alero del mura­lis­mo y la expe­ri­men­ta­ción van­guar­dis­ta, que busca cru­zar el arte y la arqui­tec­tu­ra. Desde la con­cep­ción del pro­yec­to mismo, “se tra­ba­jó en cola­bo­ra­ción con los arqui­tec­tos desde que nace el edi­fi­cio […]”, donde “la labor plás­ti­ca queda intro­du­ci­da en el cuer­po arqui­tec­tó­ni­co como parte de él, no como mera orna­men­ta­ción” (Guzmán, 1987: 131). Se rea­li­zan obras con fines peda­gó­gi­cos, como el mural de Diego Rivera, La Universidad, la Familia Mexicana, la Paz y la Juventud Deportista (1964–65), ubi­ca­do en el fron­tis del Estadio Olímpico Universitario. Donde figu­ran monu­men­ta­les depor­tis­tas de teni­da blan­ca, por­ta­do­res de la antor­cha encen­di­da, el águi­la y cón­dor sobre un nopal. Un con­jun­to que repo­sa impo­nen­te sobre Quetzalcōātl, la Serpiente Emplumada. Nótese la inter­ven­ción rea­li­za­da en los sue­los, con moti­vos de ondas vibran­tes, en línea con el dise­ño op-art de la iden­ti­dad grá­fi­ca del even­to. Cabe men­cio­nar que las dis­tin­tas obras arqui­tec­tó­ni­cas fue­ron con­ce­bi­das como íco­nos del even­to y  sus imá­ge­nes fue­ron amplia­men­te repro­du­ci­das en folle­tos y estam­pi­llas. Bajo un mismo sis­te­ma visual se orga­ni­zó la infor­ma­ción del metro, se ador­na­ron ave­ni­das y se empa­pe­la­ron kios­cos. En defi­ni­ti­va, Ciudad de México se pre­sen­ta­ba al mundo como una ciu­dad moder­na, orga­ni­za­da como un todo único. 

Una de las inno­va­cio­nes más sig­ni­fi­ca­ti­vas fue la intro­duc­ción de la tele­vi­sión sate­li­tal a color. Una ver­da­de­ra gesta olím­pi­ca fue impul­sa­da por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, orga­nis­mo esta­tal que estu­vo a cargo de un pro­ce­so de moder­ni­za­ción téc­ni­ca e infra­es­truc­tu­ral en el sec­tor de las tele­co­mu­ni­ca­cio­nes. Hablamos de un caso sin pre­ce­den­tes en el que des­ta­ca la labor del inge­nie­ro e inven­tor Guillermo González Camarena, crea­dor de los sis­te­mas tri­cro­má­ti­co secuen­cial y bicro­má­ti­co sim­pli­fi­ca­do, que per­mi­tie­ron difun­dir la tele­vi­sión a color en México y en el mundo desde media­dos del siglo, de forma pre­via a la implan­ta­ción del están­dar inter­na­cio­nal NTSC. Referimos a la exis­ten­cia de una indus­tria con un nota­ble desa­rro­llo tec­no­ló­gi­co, poten­cia­da por las nue­vas tec­no­lo­gías sate­li­ta­les. En plena gue­rra fría, las imá­ge­nes del even­to fue­ron trans­mi­ti­das a nivel mun­dial gra­cias al saté­li­te ATS‑3, lan­za­do recien­te­men­te por la NASA en 1967. De este modo, gra­cias a los avan­ces de la indus­tria audio­vi­sual mexi­ca­na y a las apor­ta­cio­nes de tec­no­lo­gías de punta, el even­to fue pro­yec­ta­do en color a nivel pla­ne­ta­rio con los más altos están­da­res de la época. Fue un ver­da­de­ro espec­tácu­lo, en el que cada plano y cada encua­dre esta­ban cui­da­do­sa­men­te estu­dia­dos.

Pese a que exis­te una polé­mi­ca en torno a la auto­ría del sis­te­ma de iden­ti­dad visual de México ‘68, se reco­no­ce, a modo de con­sen­so, que el dise­ño del logo­ti­po y de la marca en gene­ral fue rea­li­za­do por el nor­te­ame­ri­cano Lance Wyman –autor, a su vez, de los pic­to­gra­mas del Metro de la Ciudad de México– y el mexi­cano Pedro Ramírez Vázquez. El sis­te­ma que rea­li­za­ron se dise­ñó en sin­to­nía con las estra­te­gias moder­nas de comu­ni­ca­ción visual emplea­das en otros even­tos olím­pi­cos, como el de Tokio de 1964. Puntualmente, la pro­pues­ta de Wyman y Ramírez com­bi­na refe­ren­cias moder­nas  del op art –tam­bién cono­ci­do como arte ópti­co– y ele­men­tos del arte hui­chol. Ambos refe­ren­tes, en tér­mi­nos for­ma­les, com­par­ten el uso de colo­res vibran­tes y patro­nes geo­mé­tri­cos. Se trata de un sis­te­ma que fija cri­te­rios y linea­mien­tos, reco­no­ci­bles tanto para afi­ches, pos­ta­les, estam­pi­llas y todo tipo de ephe­me­ras. Cabe des­ta­car el sis­te­ma de pic­to­gra­mas: una serie de sen­ci­llos íco­nos que repre­sen­tan las diver­sas dis­ci­pli­nas depor­ti­vas, con­ce­bi­do para un públi­co no nece­sa­ria­men­te alfa­be­ti­za­do ni his­pa­no­ha­blan­te.

Sin embar­go, pese a las ini­cia­ti­vas moder­ni­zan­tes y la tre­men­da “gesta olím­pi­ca” impul­sa­da por el gobierno, de forma pre­via al even­to depor­ti­vo, esta­lla una serie de movi­li­za­cio­nes que hacen mani­fies­to el des­con­ten­to y las con­tra­dic­cio­nes que se viven en la socie­dad mexi­ca­na.  El movi­mien­to estu­dian­til y popu­lar de 1968 en México no solo con­fron­tó al régi­men auto­ri­ta­rio del PRI, sino que tam­bién gene­ró una visua­li­dad polí­ti­ca iné­di­ta, espe­cial­men­te en el ámbi­to de la grá­fi­ca. En con­tra­po­si­ción a la esté­ti­ca ofi­cial de los Juegos Olímpicos, artis­tas y estu­dian­tes de ins­ti­tu­cio­nes como la UNAM y La Esmeralda impul­sa­ron una pro­duc­ción visual colec­ti­va, anó­ni­ma y pro­fun­da­men­te liga­da a los valo­res del movi­mien­to, como el anti­au­to­ri­ta­ris­mo, la cul­tu­ra de asam­blea y la irre­ve­ren­cia. La grá­fi­ca del ‘68 no adop­tó un esti­lo único, sino que se carac­te­ri­zó por su diver­si­dad esté­ti­ca y téc­ni­ca, nutri­da por influen­cias como el Taller de Gráfica Popular y por prác­ti­cas popu­la­res como la cari­ca­tu­ra y la car­to­ne­ría.

Uno de los ges­tos más poten­tes fue la reapro­pia­ción de los sím­bo­los olím­pi­cos, resig­ni­fi­ca­dos para denun­ciar la repre­sión esta­tal. Ejemplos como el car­tel de Adolfo Mexiac con un joven amor­da­za­do sobre el emble­ma de México ‘68, o la palo­ma olím­pi­ca atra­ve­sa­da por una bayo­ne­ta de Jesús Martínez, evi­den­cian la crí­ti­ca visual. Igualmente sig­ni­fi­ca­ti­vas fue­ron accio­nes per­for­má­ti­cas, como la quema de un gori­la de papel maché que repre­sen­ta­ba al jefe de poli­cía, en un acto que evo­ca­ba el ritual popu­lar de la quema de Judas.Otra estra­te­gia de la pro­tes­ta fue  la ausen­cia sim­bó­li­ca de emble­mas nacio­na­les, como cuan­do se izó una ban­de­ra roji­ne­gra en lugar de la ban­de­ra nacio­nal en el Zócalo. En el ámbi­to ins­ti­tu­cio­nal, algu­nos pin­to­res mos­tra­ron su apoyo vol­tean­do sus obras hacia la pared y escri­bien­do con­sig­nas en el rever­so. 

Luego de sema­nas de movi­li­za­ción estu­dian­til, en las que la única res­pues­ta del gobierno de Díaz Ordaz fue la repre­sión, se llevó a cabo la Matanza de Tlatelolco, per­pe­tra­da el 2 de octu­bre, ape­nas dos sema­nas antes del encuen­tro depor­ti­vo. En plena Plaza de las Tres Culturas (con obras de arqui­tec­tu­ra indí­ge­na, colo­nial y moder­na), el ejér­ci­to mexi­cano aco­rra­ló a una mul­ti­tud de mani­fes­tan­tes y abrió fuego, ase­si­nan­do a dece­nas de per­so­nas a plena luz del día. Tras la masa­cre, la cen­su­ra fue desa­fia­da por un car­tón de Abel Quezada que mos­tra­ba un rec­tán­gu­lo negro con la pre­gun­ta “¿Por qué?”.

Pese al clima con­vul­sio­na­do, el even­to depor­ti­vo se reali­zó con rela­ti­va nor­ma­li­dad. Sin embar­go, hubo una serie de suce­sos que que­da­rían mar­ca­dos para la pos­te­ri­dad. Uno de estos fue el acto de inau­gu­ra­ción, en el que la atle­ta Enriqueta Basilio encen­dió el fuego olím­pi­co, sien­do la pri­me­ra mujer en la his­to­ria en hacer­lo. Otro hito, cuya ima­gen reco­rrió el mundo, fue el gesto de los meda­llis­tas Tommie Smith y John Carlos, quie­nes rea­li­za­ron el salu­do del poder negro en su cere­mo­nia de pre­mia­ción. Los Juegos Olímpicos de México se recuer­dan hoy prin­ci­pal­men­te por razo­nes extra­de­por­ti­vas: fue­ron el esce­na­rio de uno de los momen­tos más con­vul­sos de la his­to­ria recien­te del país y de la región. El 68 lati­no­ame­ri­cano marcó un punto de infle­xión en el que múl­ti­ples esta­lli­dos desde los már­ge­nes socia­les pusie­ron al des­cu­bier­to las con­tra­dic­cio­nes y los lími­tes del pro­yec­to desa­rro­llis­ta. En ese clima de efer­ves­cen­cia polí­ti­ca, dis­tin­tos movi­mien­tos sacu­die­ron los fun­da­men­tos del Estado nacio­nal mien­tras se libra­ba un deba­te pro­fun­do entre dos visio­nes de futu­ro: la vía refor­mis­ta y la revo­lu­ción.

Referencias

Libros y publi­ca­cio­nes aso­cia­das: 

Aquino, A., Chávez Mac Gregor, H., Decker, A., García, P., Gilly, A., Hidalgo, R., de la Garza, A., Henaro, S., Labastida, A., Martínez Velázquez, A., Tournon, A., & Vázquez Mantecón, Á. (2018). 68+50. Museo Universitario De Arte Contemporáneo. 

Debroise, O. (Editor) (2007). La era de la dis­cre­pan­cia. Arte y cul­tu­ra visual en México 1968–1997. Ciudad de México: MUCA, UNAM. 

Escobedo, H. (1975). A los ojos de un artis­ta de México. The Art Gallery, 19(1), 130. 

Guzmán,  X.  [et  al.].  (1987). Escritos  de  Carlos  Mérida  sobre arte: el mura­lis­mo. México: INBA-Cenidiap-DIDA.

Jácome-Moreno, C. (2010). Fábrica de imá­ge­nes arqui­tec­tó­ni­cas. El caso de México en 1968. Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, (96), 77–107. 

Labra, X., Lozano-Hemmer, R., & Medina, C. (2010). El orden invi­si­ble: Arte, esce­na y espa­cio públi­co: Memoria de los 40 años del movi­mien­to estu­dian­til del 68. Universidad Nacional Autónoma de México. 

Poniatowska, E. (1971). La noche de Tlatelolco: Testimonios de his­to­ria oral. Ciudad de México: Ediciones Era.

Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes. (s.f.). La gesta olím­pi­ca de 1968 por tele­vi­sión. El Mirador. https://elmirador.sct.gob.mx/cuando-el-futuro-nos-alcanza/la-gesta-olimpica-de-1968-por-television 

Otros enla­ces:

Archivo Histórico de la UNAM. Colección Esther Montero MX09003AHUNAM/ 4.31

En línea: http://www.ahunam.unam.mx/consultar_fcu?id=4.39

Grupo MIRA. Comunicado grá­fi­co núm. 1 (La vio­len­cia en Ciudad de Mira) [en línea]. Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC).

https://muac.unam.mx/objeto/comunicado-grafico-num.-1-la-violencia-en-la-ciudad-de-mexico

Martínez, F. (Editor). Sin títu­lo (Transmisiones de la inau­gu­ra­ción de las Olimpiadas México 68). Ciudad de México, Instituto Mexicano de Cinematografía, 1968. Recuperado de:

https://archive.org/details/coll-hp-676–199202-xx-olimpiadas-escenas-mex-68-alem-72-seoul-88-umatic

Gueilburt, M. (2008). La Masacre de Tlatelolco 1968 [Documental]. Anima Films. 

Cómo citar este artícu­lo APA (7.ª edi­ción):
Bascuñán, P., Reyes Sánchez, R. (2026, 03 de junio). Olimpiadas de México 1968
https://www.modernismolatinoamericano.org/olimpiadas-de-mexico-1968/↗

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