
Hijo de ladrón
Pía Gutiérrez: Doctora en Literatura, integrante de Colectivo Arde (www.proyectoarde.org) y académica UC. Estudia las artes escénicas y la literatura latinoamericanas a partir del s. XX, así como la teoría y la práctica vinculadas a archivos de artes.
Bajamos despacio el cerro. El desnivel obliga a la gente a caminar de prisa, aunque no es solo el desnivel el que empuja; es también el trabajo o la cesantía, la comida, la mujer o alguno de los niños enfermos, la ropa a punto de perderse en la casa de préstamos, el dinero que va a pedir y estotro y lo de más allá; se tiene esto y falta aquello y siempre es más lo que falta que lo que se tiene. El hombre hace lo que puede.
— Hijo de ladrón
Hijo de ladrón, publicada por Editorial Nascimento en 1951, es la primera de las novelas de la tetralogía del escritor chileno y Premio Nacional de Literatura (1957) Manuel Rojas (Buenos Aires 1896- Santiago 1973). Este grupo de obras está compuesto además por Mejor que el vino (1958), Sombras contra el muro (1964) y La oscura vida radiante (1971), todas ellas protagonizadas por Aniceto Hevia, una especie de alter ego del autor.
Rojas fue un prolífico escritor reconocido por ser un autodidacta cercano en su juventud al anarquismo y representante de la nueva literatura que se oponía al realismo criollista. Su obra explora en diversos géneros además de la narrativa, entre los que logra notables colaboraciones como la dramaturgia conjunta de Población Esperanza (1959) con la entonces joven Isidora Aguirre y las letras para el disco Chile de arriba a abajo (1968) de Ángel Parra. Su literatura es capaz de acercarse a los oficios, las clases populares, la vida política y artística en Chile de la primera mitad del siglo XX desde una mirada cercana de quien ha habitado esos espacios. A la vez temas, como la amistad, la naturaleza y el viaje se nos revelan en cada uno de sus textos.
Hijo de ladrón cuenta la travesía del joven Aniceto quien, tras la muerte de su madre y la detención de su padre en Argentina, cruza a pie la cordillera migrando a Chile, la tierra natal de sus progenitores, en busca de una vida más digna. En el trayecto, el adolescente encuentra a diferentes personajes que lo ayudan en su viaje formando alianzas con humanos y animales para sobrevivir. El relato es el recuerdo de esos días, de su apresamiento una vez en tierras chilenas y en general de la experiencia de transformación de este sujeto de una comunidad popular y obrera. Desde la perspectiva del narrador, podemos acceder como lectores a la apertura de un paisaje y de quehaceres que conforman la identidad del proletariado chileno de mediados de siglo XX, así como explorar la voz y los pensamientos de sujetos de esta clase.
Hijo de ladrón ha sido reconocido por la crítica como la obra central de Rojas, una novela de formación por excelencia que traspasa mucho de los pensamientos anarquistas que el propio Rojas exploró durante sus años de juventud, así como un respeto por la naturaleza y la solidaridad entre los humanos sometidos a un sistema de explotación. En su estructura Hijo de ladrón revoluciona la mímesis lineal, rompiendo con un tiempo progresivo de la narración característicos de movimientos como el realismo o criollismo, más vinculados a voces autorales burguesas en las tradiciones narrativas chilenas. En ese sentido, el texto incorpora un tiempo subjetivo: “nunca he podido pensar como pudiera hacerlo un metro, línea tras línea, centímetro a centímetro, hasta llegar a ciento o a mil” (7), según dice el narrador apenas iniciar el relato. El hombre adulto recuerda su infancia de forma no lineal y nos lleva desde ese recuerdo a entender cómo este viaje fue un viaje de transformación pasando por diferentes oficios y territorios. La conciencia de clase, la identificación del hablante con los grupos obreros y la reivindicación de una organización, educación y ética popular, dan sin duda un valor rupturista a esta publicación. Su protagonista no solo adhiere al grupo de los trabajadores, como podemos leer ya desde cierta literatura social de las décadas precedentes, sino que a partir de la técnica literaria hace operaciones que incorporan otros medios como el cine, por el uso del punto de vista, o las formas experimentales de las vanguardias históricas como el collage. De este modo Hijo de ladrón es además un punto de quiebre en las tradiciones literarias en nuestro país.
Si bien esta experimentación no fue inicialmente bien recibida por otros escritores, ‑se cuenta habitualmente la anécdota de que al postular la novela al premio gremial que otorgaba la SECH (Sociedad de Escritores de Chile), el jurado le recomendó al autor reordenar los capítulos para que siguieran un orden cronológico- con el tiempo Hijo de ladrón se convirtió en una novela muy leída, prueba de ello es las más de 40 ediciones que ha habido de ella y que ingresó a un canon como parte de las lecturas escolares y juveniles que conforman el currículo escolar chileno.
Recientemente, un nuevo interés crítico se ha despertado en torno a esta novela y el resto de los trabajos de Manuel Rojas, en parte tal vez por la sistematización y apertura de su archivo, aunque también porque la exigencia de leer nuestras novelas de juventud, aquellas que fueron parte del programa de formación lectora en las escuelas, desde nuevas perspectivas como los estudios de género, culturales o desde una mirada posthumanista, reconfigurando así nuestra propia formación. Hijo de ladrón es, a modo de artefacto, una clave que expande los horizontes del modernismo latinoamericano, incorporando la dimensión estética como un devenir en tránsito que, como la caminata de Aniceto, nos transforma en la experiencia y crea una comunidad lectora que resuena hasta hoy. En ese sentido, tanto la temática de la novela, la formación del joven Aniceto en medio de personajes populares que enfrentan la ciudad y la migración en busca de su sobrevivencia, como sus estrategias literarias influenciadas por las vanguardias y medios como el cine, son elementos que incluso hoy nos identifican y nos hacen reflexionar sobre los desafíos de nuestro continente. Hijo de ladrón ha sido adaptado al cine y a novela gráfica, la reciente publicación de estudios críticos y la apertura de los archivos del autor han favorecido a que nos volvamos a acercar a la obra de Rojas, viéndola también como un ejemplo de una comunidad regida por la amistad, los vínculos de clase y adhesiones ideológicas que valoran la vida plena en armonía con su entorno. Sin duda estas lecturas nos ayudan a apropiarnos de la novela más allá de su carácter educativo, al que parecía relegarse años atrás, sino a la libertad de un arte latinoamericano que nos propone otros mundos posibles.
Referencias
Libros y publicaciones asociadas:
Barros, M. J., & Gutiérrez Díaz, P. (Eds.). (2020). Manuel Rojas: una oscura y radiante vida: nuevas lecturas y aproximaciones críticas. Ediciones UC.
Espinoza, E. (1976). Manuel Rojas, narrador: 1895–1973. Babel.
Nómez Concha, N., & Tornés Reyes, E. (2005). Manuel Rojas, estudios críticos. Editorial de la Universidad de Santiago.
Rojas, M. (2019). Rojas: cuentos completos. Penguin Random House Grupo Editorial.
Otros enlaces:
Archivo Mauricio Amster: https://archivomauricioamster.cl/hijo-de-ladron-1951/
Archivo Manuel Rojas: https://archivospatrimoniales.uc.cl/handle/123456789/53400
Memoria Chilena: https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-3592.html
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