Casa del Arte José Clemente Orozco

Casa del Arte José Clemente Orozco

Andrea Uribe. Profesora de Historia y Geografía. Editora de Historiográfica, edi­to­rial dedi­ca­da a la publi­ca­ción de libros sobre his­to­ria de Chile.

Ciudad: Concepción
Productor: Universidad de Concepción
Personas Vinculadas: Osvaldo Cáceres (arqui­tec­to), Alejandro Rodríguez (arqui­tec­to), Maco Gutiérrez (arqui­tec­to), Carlos Sandor (inge­nie­ro) y Jorge González Camarena (mura­lis­ta)
Ubicación: Campus Concepción de la UdeC (esqui­na for­ma­da por las calles Chacabuco y Paicaví)
País: Chile
Año: 1967

Estos jóve­nes arqui­tec­tos lle­ga­dos a Concepción fue­ron, en cier­to modo, pio­ne­ros de la nueva arqui­tec­tu­ra, cuyo sur­gi­mien­to está estre­cha­men­te unido a la his­to­ria arqui­tec­tó­ni­ca del siglo xx en la región. Ellos enar­bo­la­ron con ímpe­tu los códi­gos del Bauhaus y el racio­na­lis­mo de las nue­vas edi­fi­ca­cio­nes, ligán­do­los a la uto­pía de cam­biar la socie­dad por una con más jus­ti­cia e igual­dad.

— Juana Paz Gutiérrez, 2020

En este con­cur­so, los arqui­tec­tos no logra­ron poner­se de acuer­do para con­sen­suar una pro­pues­ta que sin­te­ti­za­ra sus ideas, deci­dien­do pre­sen­tar tres dis­tin­tas, una a cargo de cada uno, pero todas a nom­bre de los tres.

— Bustos, Darmendrail y Zeiss, 2021

Del tem­blor nació la idea.

Aquellos días, 21 y 22 de mayo de 1960, el Gran Terremoto de Chile (hasta la fecha, el más poten­te que se ha regis­tra­do en el mundo), sacu­dió a la región del Biobío con furia. Entre el movi­mien­to, las pla­cas tec­tó­ni­cas dije­ron que la Escuela Dental de la Universidad de Concepción, hasta enton­ces ubi­ca­da en la esqui­na for­ma­da por las calles Chacabuco y Paicaví, no podría seguir fun­cio­nan­do en su empla­za­mien­to habi­tual por los daños que el sismo pro­vo­có en su estruc­tu­ra y un pos­te­rior incen­dio que la con­su­mió. Claro que las dudas sobre su esta­bi­li­dad se habían plan­tea­do antes del terre­mo­to, pues­to que este edi­fi­cio era de los blo­ques fun­da­do­res. Cuando se veri­fi­có que sus daños eran estruc­tu­ra­les, se deci­dió no tra­ba­jar en su res­tau­ra­ción y los futu­ros den­tis­tas se tras­la­da­ron a otras depen­den­cias.

Por otro lado, reso­na­ba entre la comu­ni­dad y las auto­ri­da­des que este edi­fi­cio cons­ti­tuía un ingre­so pro­ble­má­ti­co al cam­pus de la Universidad de Concepción. La Diagonal Pedro Aguirre Cerda, dise­ña­da como ante­sa­la al Barrio Universitario, esta­ba lista, por lo que solo fal­ta­ba —aún falta— ter­mi­nar la Plaza Perú, preám­bu­lo a la esqui­na que ter­mi­nó sien­do la entra­da prin­ci­pal al cam­pus. Ameritaba que ella ofre­cie­ra más que un edi­fi­cio tosco y daña­do en su estruc­tu­ra; un inmue­ble en diá­lo­go con las cons­truc­cio­nes en semi­círcu­lo que ya rodea­ban la plaza.

Superada la urgen­cia que el sismo pro­vo­có a nivel per­so­nal y mate­rial, en 1961 se comen­zó a tra­ba­jar en lo que ter­mi­na­ría sien­do la Casa del Arte, cuyo finan­cia­mien­to —dos­cien­tos cua­ren­ta mil escu­dos— fue dona­do por los gobier­nos de México y Venezuela. Un tra­ba­jo, a la par que arqui­tec­tó­ni­co, cura­to­rial, pues la Casa del Arte sería el hogar de más de qui­nien­tas obras de pin­to­res per­te­ne­cien­tes a la Generación del 13 que fue­ron dona­das a la Universidad de Concepción por Julio Vásquez en 1958, gra­cias a las ges­tio­nes de Tole Peralta, direc­tor de la Escuela de Arte.

El con­cur­so de 1961 deter­mi­nó como gana­dor el pro­yec­to (más bien, uno de los pro­yec­tos, pues­to que el mismo equi­po pos­tu­ló tres, tur­nán­do­se quién que­da­ría a cargo de cada uno) pre­sen­ta­do por los arqui­tec­tos Osvaldo Cáceres, Alejandro Rodríguez y Maco Gutiérrez. Tras algu­nas modi­fi­ca­cio­nes en los pla­nos, que res­pon­die­ron a un cam­bio en la rec­to­ría de la Universidad, el segun­do pro­yec­to estu­vo listo en 1962, momen­to en que se con­cre­tó el rega­lo que el gobierno mexi­cano había com­pro­me­ti­do a causa del terre­mo­to: un mural alu­si­vo a la unión de los pue­blos de México y Chile.

No fue, por cier­to, la única mues­tra de la soli­da­ri­dad mexi­ca­na, plas­ma­da en el Plan Chileno-Mexicano de Cooperación Fraternal, vigen­te entre 1960, año del terre­mo­to, y 1964, cuan­do ambos gobier­nos cerra­ron sus perio­dos. En ade­lan­te se pro­yec­tó una cola­bo­ra­ción que tras­cen­die­ra las pre­mu­ras mate­ria­les, plas­ma­da en la cons­truc­ción de un espa­cio para el arte en Concepción, la Casa del Arte José Clemente Orozco, y en Puerto Montt, la Casa del Arte Diego Rivera, junto al inter­cam­bio de téc­ni­cas y sabe­res.

Por enton­ces, Maco Gutiérrez deci­dió emi­grar a Cuba res­pon­dien­do al lla­ma­do del gobierno isle­ño para reclu­tar pro­fe­sio­na­les com­pro­me­ti­dos con el pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio en curso. González y Rodríguez se hicie­ron cargo del desa­rro­llo de la obra. Concretada la dona­ción mexi­ca­na, ambos arqui­tec­tos acor­da­ron una nueva modi­fi­ca­ción al pro­yec­to que esta­ble­ció su defi­ni­ti­va forma pira­midal, dotan­do al edi­fi­cio de un sen­ti­do ame­ri­ca­nis­ta que requi­rió los cálcu­los del inge­nie­ro Carlos Sandor. 

Fue nece­sa­rio, entre otras modi­fi­ca­cio­nes, incor­po­rar una sala de gran­des mag­ni­tu­des para alber­gar el mural Presencia de América Latina, obra del artis­ta mexi­cano Jorge González Camarena, asis­ti­do por un equi­po de artis­tas mexi­ca­nos y chi­le­nos intro­du­ci­dos por González en las téc­ni­cas del mura­lis­mo. Se trata de una obra de 300 m2, des­ple­ga­da a lo largo y ancho del muro que reci­be a quie­nes visi­tan el lugar, enca­be­za­da por un verso del poeta Pablo Neruda.

La Casa del Arte José Clemente Orozco cerró su cons­truc­ción a media­dos de la déca­da del sesen­ta. En 1967 fue abier­ta al públi­co. El resul­ta­do del tra­ba­jo man­co­mu­na­do entre arqui­tec­tos, inge­nie­ros y artis­tas, que pudo sobre­po­ner­se a los suce­si­vos cam­bios de pla­nes y pla­nos, fue un edi­fi­cio lim­pio, maci­zo y aus­te­ro, de pare­des áspe­ras, que hoy hace de puer­ta a un espa­cio abier­to a la comu­ni­dad y la ciu­dad. Un lugar donde con­flu­ye la tra­di­ción artís­ti­ca lati­no­ame­ri­ca­na con las ansias de un Concepción joven y en per­ma­nen­te cons­truc­ción.

Referencias

Libros y publi­ca­cio­nes aso­cia­das (en APA):

Bustos, A., Darmendrail, L. y Zeiss, P. (2021). Maco Gutiérrez. Hacia una arqui­tec­tu­ra de la casa gran­de. Concepción, Chile: Dostercios.

Bustos, A., Darmendrail, L. y Zeiss, P. (2023). Osvaldo Cáceres González. Un arqui­tec­to fren­te a su época. Concepción, Chile: Dostercios.

García, J. (1994). El cam­pus de la Universidad de Concepción: su desa­rro­llo urba­nís­ti­co y arqui­tec­tó­ni­co. Concepción, Chile: Ediciones Universidad de Concepción.

Otros enla­ces:

Historia Arquitectónica de Concepción: pro­yec­to naci­do el 2004 como un espa­cio de denun­cia por la alar­man­te des­truc­ción del patri­mo­nio arqui­tec­tó­ni­co de Concepción. En sus 21 años de vida ha tran­si­ta­do hacia el desa­rro­llo de publi­ca­cio­nes digi­ta­les e impre­sas, la rea­li­za­ción de cami­na­tas guia­das por la ciu­dad y una fuer­te pre­sen­cia en redes socia­les. Dirigido por el arqui­tec­to Luis Darmendrail.

www.historiaarquitectonicaconcepcion.cl

Maco arqui­tec­to. Hacia una arqui­tec­tu­ra de la casa gran­de: pro­yec­to desa­rro­lla­do por los arqui­tec­tos Alexander Bustos, Luis Darmendrail y Patricio Zeiss (más la cola­bo­ra­ción de Patricio Ortega), con el obje­ti­vo de pre­sen­tar a un públi­co amplio la obra del arqui­tec­to Maco Gutiérrez, clave en la arqui­tec­tu­ra moder­nis­ta de la pro­vin­cia chi­le­na de Concepción.

www.macoarquitecto.cl

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