
Mural Historia de la farmacia y de la medicina en Chile
Andrea Uribe. Profesora de Historia y Geografía. Editora de Historiográfica, editorial dedicada a la publicación de libros sobre historia de Chile..
Como teníamos tres muros, de partida ello significaba tres etapas de la vida nacional, vinculadas al tema central. Lo nativo; la conquista y la Colonia, y el Chile, políticamente independiente de ayer, de hoy y del porvenir.
— Luis Eguidio Contreras, 1986
La Maluje era el mural.
— Alicia Vergara, 2021
Cuando la farmacia fundada y atendida por María Maluje, química farmacéutica titulada en la Universidad de Concepción, creció hasta desbordar el local que ocupaba, María y su esposo, el abogado Luis Eguidio Contreras, comenzaron a soñar con un inmueble donde vivir junto a sus hijos, que también albergara la oficina de Luis y a la prestigiosa Farmacia Maluje. Tal como ellos plantearon al equipo de arquitectos encabezado por Carlos Martner e integrado por Maco Gutiérrez y Sergio Bravo, se trataba de levantar un edificio de tres pisos para unir «dos vidas profesionales distintas que se habían juntado en matrimonio». A fines de 1955, solicitaron a la Dirección de Obras de la Municipalidad de Concepción el permiso para edificar.
Lo soñaron para ellos y para sus hijos, pero también para la ciudad. Por eso el proyecto contempló en el segundo piso una sala de exposiciones abierta al público y, en las paredes de doble altura de la farmacia, el mural Historia de la medicina y la farmacia en Chile, del pintor Julio Escámez, conocido como El mural de la Maluje.
El artista oriundo de Antihuala, un pequeño pueblo perteneciente a la provincia de Arauco, recién pisaba suelo penquista tras dos años de estudio en Europa. Dos años transitando entre la Academia de Bellas Artes de Florencia, la Academia de Bellas Artes de Düsseldorf y el Museo de Historia del Arte de Viena, que lo convirtieron en un experto conocedor del muralismo renacentista. En 1957, cuando las conversaciones entre los propietarios del edificio, el equipo de arquitectos y el pintor llegaron a buen puerto, las técnicas aprendidas por Escámez en Europa debieron adaptarse a los materiales y a la humedad propia del Biobío. En adelante, los habitantes de Concepción estarían invitados a levantar sus cabezas más allá de la altura de sus ojos mientras esperaban ungüentos, jarabes y toda clase de remedios.
Historia de la farmacia y de la medicina en Chile está compuesto por tres paños que se corresponden con los tres muros del local, de entre siete y ocho metros de ancho por casi tres metros de alto. Cada uno de estos paños describe un tipo de conocimiento relativo a la salud: el primero representa a la medicina tradicional mapuche; el segundo, al centro, el acervo colonial, mientras que el tercero refleja la modernidad. Narra, por tanto, la historia de la medicina y de la farmacología chilenas. Una historia dividida en tres partes respondiendo a un afán didáctico, no obstante plantear, en el tercer paño, a la medicina moderna del sur como una síntesis, una mezcla de tradiciones y temporalidades que deriva en algo nuevo y propio. Las hierbas medicinales cordilleranas no solo conviven con las vacunas, también se complementan y potencian unas a otras. Eso ocurrió en la Farmacia Maluje.
En el primer paño parecen filtrarse los paisajes de Antihuala, sus árboles y plantas medicinales. Una machi tocando el kultrun encabeza una rogativa, mientras los presentes recolectan flores y un chivo, animal característico de la cordillera, es sacrificado. El paño central destaca al hospital San Juan de Dios, cuyo primer edificio fue levantado en lo que hoy es Penco, previo al traslado de la ciudad de Concepción al valle de la Mocha. Por último, el tercer paño muestra a las campañas estatales de vacunación como el epítome de la modernidad en cuanto al cuidado de la salud. En esta última sección aparecen amigos del pintor y de los anfitriones. Entre ellos se ha identificado a Alejandro Lipschütz, científico y filósofo entonces académico de la Universidad de Concepción; a Orietta Escámez, actriz; a Nicanor Parra, poeta invitado al Encuentro de Escritores realizado en la UdeC en 1958, y a Nemesio Antúnez, expositor en la Escuela de Verano del mismo año, los dos últimos esperando ser vacunados; a Maco Gutiérrez, arquitecto a cargo de la construcción del Colegio Médico y de otros importantes edificios de la ciudad, recibiendo una vacuna, y, casi saliendo de escena, a Violeta Parra.
Las culturas mapuche, campesina y urbana se mezclan en Historia de la farmacia y de la medicina en Chile para dotarlo de un rol educativo en clara conexión con el muralismo mexicano, del que hereda una estética propia del realismo social plasmada en gran parte de la obra de Escámez, también en este mural profundamente arraigado a Concepción. Así lo soñaron María y Luis Eguidio. Así lo soñaron para ellos, para sus hijos y para la ciudad.
Tan arraigados están la Farmacia Maluje y su mural en el alma penquista, que el 3 de noviembre de 1976, al ser capturado en Santiago por miembros de los servicios de inteligencia, Carlos Contreras Maluje, hijo de María y Luis Eguidio, farmacéutico como su madre, detenido y desaparecido, gritó cuan fuerte pudo que por favor avisaran a la Farmacia Maluje de Concepción.
Pero antes, en un tiempo otro conservado en el mural Historia de la farmacia y de la medicina en Chile, María y Luis Eguidio quisieron recibir a quienes cruzaban el umbral de la farmacia buscando remedios para sus dolencias con este magnífico mural, inaugurado el 16 de agosto de 1958. Ese día, durante la ceremonia de estreno, el actor Héctor Duvauchelle declamó «Sobre el daño que hace el tabaco», de Antón Chéjov, y el Teatro de Marionetas de la Escuela de Bellas Artes ejecutó «Paso para marionetas», obra escrita por Alfonso Alcalde, musicalizada por Violeta Parra e interpretada por Orietta Escámez. Ese mismo día, la sala de exposiciones Araucaria, ubicada en el segundo piso del inmueble, abrió sus puertas a la comunidad con una muestra del pintor Julio Escámez.
Aunque el edificio Contreras Maluje ha cambiado de propietarios y hoy otro negocio ocupa el espacio de la farmacia, el mural de la Maluje sigue ahí. Pese a haber sido declarado monumento nacional en 2015, su deterioro avanza. El tiempo, la humedad, los terremotos y la desidia de ciertas autoridades, han dejado huellas en sus paños. La Fundación Escámez, que resguarda el legado del artista, anhela que el municipio de Concepción adquiera el inmueble y lo convierta en una casa para la cultura penquista. Así lo soñaron María y su esposo.
Referencias
Libros y publicaciones asociadas:
- Bustos, A., Darmendrail, L. y Zeiss, P. (2021). Maco Gutiérrez. Hacia una arquitectura de la casa grande. Concepción, Chile: Dostercios.
- Fernández, L. y Lama, B. (2024). La Farmacia Maluje y el mural de Julio Escámez. Concepción, Chile: Almacén Editorial.
- Fernández, N. (2021). La dimensión desconocida. Santiago, Chile: PRHGE.
- Rivas, F. et al. (2026). Fracturas y utopías. Concepción, 1960–1974. Santiago de Chile: Lom ediciones.
Cómo citar este artículo APA (7.ª edición):
Uribe, A. (2026, 5 de agosto). Mural Historia de la farmacia y de la medicina en Chile. Modernismo Latinoamericano. https://www.modernismolatinoamericano.org/mural-historia-de-la-farmacia-y-de-la-medicina-en-chile/
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