Hacia una ciencia de la liberación de la mujer

Alondra Carrillo Vidal. Militante femi­nis­ta, edi­to­ra e inte­gran­te de la Coordinadora Feminista 8M de Chile.

Ciudad: La Habana
Productor: Casa de las Américas
Personas Vinculadas: Isabel Larguía (auto­ra), John Dumoulin (autor), Elena Urrutia, Alaíde Foppa, Margaret Benston, Susana Lugones, Heleieth Saffioti, Mary Goldsmith, Mirta Henault, entre otras.
Ubicación: Biblioteca Casa de las Américas
País: Cuba
Año: 1971

“El roman­ti­cis­mo se cons­ti­tu­yó en la más for­mi­da­ble cor­ti­na de humo que pudo segre­gar la his­to­ria para ocul­tar la explo­ta­ción de la fuer­za de tra­ba­jo escla­va. El regor­de­te Cupido que revo­lo­tea­ba en torno de nues­tras abue­las fue en reali­dad el más efec­ti­vo gen­dar­me al ser­vi­cio de la pro­pie­dad pri­va­da.”
— Isabel Larguía y John Dumoulin, 1971

El artícu­lo “Hacia una cien­cia de la libe­ra­ción de la mujer” fue una inter­ven­ción mar­xis­ta-femi­nis­ta pro­du­ci­da desde el inte­rior de la Cuba revo­lu­cio­na­ria, pio­ne­ra en nom­brar y teo­ri­zar el tra­ba­jo invi­si­ble de las muje­res al inte­rior del hogar. Su amplia cir­cu­la­ción es una mues­tra de la poten­cia que alcan­zó esta refle­xión: manus­cri­to, publi­ca­ción, tra­duc­cio­nes, folle­tos, reedi­cio­nes y relec­tu­ras que con­for­man una cons­te­la­ción edi­to­rial lati­no­ame­ri­ca­na y trans­na­cio­nal. Fue edi­ta­do en Francia (1970), Cuba (1971), Estados Unidos (1972), Argentina (1972), Venezuela (1975), Perú (1976), España (1976), Brasil (1982). Fue rese­ña­do en la revis­ta FEM, en México (1976), tra­du­ci­do por la poeta argen­ti­na dete­ni­da y des­apa­re­ci­da, Susana Lugones, dis­cu­ti­do por auto­ras como Gayle Rubin (1975) y Heleieth Saffioti (1979), emplea­do como refe­ren­cia canó­ni­ca por femi­nis­tas como Olga Poblete (1984) y uti­li­za­do como recur­so de for­ma­ción y pro­pa­gan­da para el Primer Encuentro Nacional de Mujeres en Argentina (1986). Sin embar­go, este texto clave para la his­to­ria del pen­sa­mien­to femi­nis­ta quedó par­cial­men­te olvi­da­do, y haría falta una irrup­ción femi­nis­ta mun­dial impul­sa­da desde Latinoamérica para des­per­tar­lo de su letar­go. 

A fines de los años sesen­ta, la revo­lu­ción cuba­na vivía la explo­sión de una con­tra­dic­ción.  En todas las esfe­ras de la vida, la cre­cien­te par­ti­ci­pa­ción de las muje­res en la indus­tria y la pro­duc­ción social hacía cru­jir las diná­mi­cas al inte­rior de la clase tra­ba­ja­do­ra. En 1968, el mismo pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio que había lla­ma­do a las muje­res, en pala­bras de Fidel, a “hacer la revo­lu­ción en la revo­lu­ción”, levan­ta­ba un decre­to que excluía a las muje­res de áreas de la pro­duc­ción con­si­de­ra­das insa­lu­bres y/o peli­gro­sas, e ins­ti­tuía así una pres­crip­ción sexis­ta del tra­ba­jo. Isabel Larguía y John Dumoulin, una pare­ja de mili­tan­tes inter­na­cio­na­lis­tas, encon­tra­ron en esa con­tra­dic­ción una de las tareas polí­ti­cas e inte­lec­tua­les más urgen­tes que debía enca­rar la revo­lu­ción en su pri­mer dece­nio. 

Isabel Larguía, cineas­ta argen­ti­na femi­nis­ta y comu­nis­ta, se había for­ma­do en Francia antes de radi­car­se en Cuba y, para 1968, era reco­no­ci­da en la isla por su par­ti­ci­pa­ción en la gue­rri­lla; John Dumoulin, su com­pa­ñe­ro, era un com­pro­me­ti­do antro­pó­lo­go esta­dou­ni­den­se que inte­gra­ba la Academia de Ciencias de Cuba. En Desde Cuba revo­lu­cio­na­ria (2018), los inves­ti­ga­do­res argen­ti­nos Mabel Bellucci y Emmanuel Theumer recu­pe­ran la tra­yec­to­ria inte­lec­tual y polí­ti­ca de Larguía y Dumoulin, y nos des­cri­ben las cir­cuns­tan­cias de pro­duc­ción, cir­cu­la­ción y recep­ción de sus escri­tos. 

En 1969, Larguía y Dumoulin comen­za­ron a difun­dir un manus­cri­to mimeo­gra­fia­do titu­la­do Por un femi­nis­mo cien­tí­fi­co, que bus­ca­ba tan­tear el terreno y afi­lar los argu­men­tos para inte­rro­gar la cues­tión de las muje­res en el pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio en curso. Por media­ción de la inte­lec­tual fran­ce­sa Anne Zelensky, el texto se publi­có por pri­me­ra vez en Francia en 1970 bajo el títu­lo “Contra el tra­ba­jo invi­si­ble”. Este se inclu­yó en el núme­ro espe­cial de Partisans, Libération des fem­mes. Année zéro, junto a artícu­los que lle­ga­rían a ser refe­ren­cias cen­tra­les del femi­nis­mo socia­lis­ta, como “Para una eco­no­mía polí­ti­ca de la libe­ra­ción de las muje­res” de Margaret Benston. Ya en 1971, el texto fue publi­ca­do en Cuba en el dos­sier “La Mujer” del núme­ro 65/66 de la revis­ta Casa de las Américas, con el títu­lo “Hacia una cien­cia de la libe­ra­ción de la mujer”. Este dos­sier fue, en pala­bras de Bellucci y Theumer, el pri­mer inten­to de com­po­ner un cor­pus sobre estu­dios de la mujer en Cuba y, en él, el artícu­lo de Larguía y Dumoulin tuvo un lugar cen­tral (2018).

En este ensa­yo, Larguía y Dumoulin bus­ca­ron des­mon­tar dos apa­rien­cias estre­cha­men­te vin­cu­la­das: que las muje­res habrían per­ma­ne­ci­do al mar­gen de la pro­duc­ción hasta su ingre­so masi­vo al tra­ba­jo asa­la­ria­do, y que las labo­res rea­li­za­das his­tó­ri­ca­men­te por ellas en el hogar res­pon­den a una dis­po­si­ción natu­ral y no a la divi­sión social del tra­ba­jo. La pri­me­ra apa­rien­cia depen­de de la segun­da: solo por­que se ha nega­do el con­te­ni­do eco­nó­mi­co del tra­ba­jo domés­ti­co es que puede pre­sen­tar­se a las muje­res como aje­nas a la pro­duc­ción y des­ti­na­das natu­ral­men­te a cier­tas tareas. Contra esta ope­ra­ción de arrai­go mile­na­rio, el texto movi­li­za una lec­tu­ra mar­xis­ta para hacer visi­ble el fun­da­men­to mate­rial de la opre­sión de las muje­res.

Larguía y Dumoulin obser­van que, tras la facha­da de la fami­lia mono­gá­mi­ca, se rea­li­zan una serie de labo­res dife­ren­cia­das: la repro­duc­ción bio­ló­gi­ca, la crian­za de niños y niñas, el cui­da­do de per­so­nas enfer­mas y ancia­nas, y la repo­si­ción dia­ria de la fuer­za de tra­ba­jo con­su­mi­da. Este tra­ba­jo domés­ti­co, seña­lan, es una acti­vi­dad eco­nó­mi­ca invi­si­bi­li­za­da, indis­pen­sa­ble para la repro­duc­ción de la fuer­za de tra­ba­jo y, por tanto, para la repro­duc­ción social en su con­jun­to. Al que­dar mar­gi­na­do de la esfe­ra del plus­pro­duc­to visi­ble, este tra­ba­jo fun­da­men­tal se recu­bre de un velo natu­ra­li­zan­te y apa­re­ce como des­tino bio­ló­gi­co, cuan­do en reali­dad cons­ti­tu­ye el cimien­to eco­nó­mi­co de la socie­dad de cla­ses; sobre esa base mate­rial se levan­ta tam­bién una ideo­lo­gía del sexo que pre­sen­ta como natu­ra­les las tipo­lo­gías feme­ni­nas y mas­cu­li­nas pro­du­ci­das his­tó­ri­ca­men­te por la divi­sión del tra­ba­jo.

El texto es pio­ne­ro al nom­brar dichas labo­res como tra­ba­jo invi­si­ble, pero no se limi­ta a eso: ade­más con­vier­te a ese tra­ba­jo y su invi­si­bi­li­dad en un pro­ble­ma polí­ti­co. De allí la poten­cia de su segun­do títu­lo: “Contra el tra­ba­jo invi­si­ble”. Para Larguía y Dumoulin, la tarea de un pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio no podía ago­tar­se en reco­no­cer estas labo­res, sino que debía avan­zar hacia la abo­li­ción de su forma pri­va­da como con­di­ción para el desa­rro­llo efec­ti­vo de la revo­lu­ción socia­lis­ta: “Mientras la fuer­za de tra­ba­jo siga pro­du­cién­do­se en millo­nes de taller­ci­tos domés­ti­cos, no podrá erra­di­car­se de la con­cien­cia social la influen­cia de la pro­pie­dad pri­va­da, y nece­sa­ria­men­te resul­ta­rán incom­ple­tos los esfuer­zos por cons­truir una socie­dad sin cla­ses y un hom­bre nuevo. En este con­tex­to se hace más evi­den­te la jus­te­za de la sen­ten­cia de Lenin: El pro­le­ta­ria­do no puede alcan­zar su plena liber­tad sin con­quis­tar la libe­ra­ción com­ple­ta de la mujer” (1975, p. 52).

La pluma del ensa­yo lo her­ma­na con la rica tra­di­ción del socia­lis­mo clá­si­co. Su crí­ti­ca al roman­ti­cis­mo, a la viri­li­dad, a la belle­za feme­ni­na y a las for­mas cul­tu­ra­les que natu­ra­li­zan la apro­pia­ción mas­cu­li­na del tra­ba­jo de las muje­res recu­pe­ra lo mejor del pole­mis­mo mar­xis­ta, des­pla­zán­do­lo hacia una zona que este no había desa­rro­lla­do con la dedi­ca­ción nece­sa­ria. Reclamando a Engels como heren­cia teó­ri­ca, Larguía y Dumoulin toman de él no solo sus desa­rro­llos en el Origen de la fami­lia, la pro­pie­dad pri­va­da y el Estado, sino ante todo la voca­ción de un socia­lis­mo cien­tí­fi­co, esta vez por un femi­nis­mo cien­tí­fi­co. Las refle­xio­nes de Larguía y Dumoulin actua­li­zan ese pro­gra­ma mate­ria­lis­ta de inves­ti­ga­ción inten­tan­do carac­te­ri­zar las diná­mi­cas de una nueva fase de orga­ni­za­ción glo­bal capi­ta­lis­ta, y en ese inten­to vin­cu­lan las trans­for­ma­cio­nes de la gran indus­tria y la amplia­ción del con­su­mo obre­ro con cues­tio­nes como la belle­za feme­ni­na, la liber­tad sexual y la cons­truc­ción de iden­ti­dad.

¿Por qué un texto cuyo apor­te tuvo tanta vigen­cia quedó invi­si­bi­li­za­do en las genea­lo­gías pos­te­rio­res del deba­te femi­nis­ta socia­lis­ta? Es posi­ble ensa­yar algu­nas hipó­te­sis. En parte, puede deber­se a que algu­nos de sus apor­tes más nove­do­sos, que expli­can su amplia cir­cu­la­ción en su momen­to, ter­mi­na­ron sobre­vi­vien­do al texto mismo. Es el caso, par­ti­cu­lar­men­te, del con­cep­to de “tra­ba­jo invi­si­ble”, cuya capa­ci­dad para nom­brar una forma de tra­ba­jo natu­ra­li­za­da y des­igual­men­te dis­tri­bui­da al inte­rior de la clase tra­ba­ja­do­ra per­mi­tió que la noción tras­cen­die­ra el texto y se incor­po­ra­ra a un len­gua­je femi­nis­ta más amplio. Así, para­dó­ji­ca­men­te, la gene­ra­li­za­ción de uno de los apor­tes que dio vigen­cia al texto con­tri­bu­yó tam­bién a borrar la inter­ven­ción espe­cí­fi­ca en la que había sido for­mu­la­do, así como el hori­zon­te polí­ti­co que la orien­ta­ba: la socia­li­za­ción del tra­ba­jo domés­ti­co y la abo­li­ción de la pro­pie­dad pri­va­da como con­di­cio­nes para supe­rar su invi­si­bi­li­za­ción. 

Otra de las razo­nes poten­cia­les de su invi­si­bi­li­za­ción es la posi­ción polí­ti­ca del ensa­yo, incó­mo­da tanto para el femi­nis­mo como para las pers­pec­ti­vas socia­lis­tas de la segun­da mitad del siglo vein­te. Larguía y Dumoulin inter­pe­la­ban al mar­xis­mo desde el femi­nis­mo, pero lo hacían desde una con­fian­za fuer­te en la forma par­ti­do y en su con­duc­ción revo­lu­cio­na­ria de la con­cien­cia de las masas. El texto abría una zona de aná­li­sis mate­ria­lis­ta de enor­me poten­cia mien­tras que, al mismo tiem­po, res­trin­gía las direc­cio­nes posi­bles de una poli­ti­za­ción femi­nis­ta autó­no­ma, que apa­re­cía como ries­go de des­via­ción sec­to­rial reac­cio­na­ria. Su obser­va­ción de las trans­for­ma­cio­nes capi­ta­lis­tas de aquel momen­to esta­ba atra­ve­sa­da por una con­de­na moral del con­su­mo y la liber­tad sexual, cues­tión que eleva una barre­ra polí­ti­ca y lo dis­tan­cia de los pro­ce­sos his­tó­ri­cos con­tra­dic­to­rios en los que se engen­dra­ba la con­cien­cia femi­nis­ta misma. Por eso, su invi­si­bi­li­za­ción no puede enten­der­se solo como el resul­ta­do de una injus­ti­cia exter­na: tam­bién se vin­cu­la con los lími­tes inter­nos de esta inter­ven­ción res­pec­to de esa reali­dad nacien­te. 

Hoy pode­mos acu­dir a las refle­xio­nes de Larguía y Dumoulin con parte de esa his­to­ria ya escri­ta y tran­si­ta­da. Las luchas femi­nis­tas con­tem­po­rá­neas nos per­mi­ten vol­ver sobre los desa­rro­llos teó­ri­cos y polí­ti­cos que que­da­ron sepul­ta­dos bajo los escom­bros del derrum­be de los socia­lis­mos reales. En ese campo, inter­ven­cio­nes como la de Larguía y Dumoulin reapa­re­cen como mate­ria­les vivos para enca­rar los pro­ble­mas polí­ti­cos de nues­tro pre­sen­te. Recién hoy, a cua­tro déca­das de su últi­ma reedi­ción, el texto vuel­ve a cir­cu­lar en paí­ses como Chile gra­cias a esfuer­zos de edi­ción mili­tan­te como Larga Marcha. En este gesto que acti­va el archi­vo femi­nis­ta mar­xis­ta de la Cuba revo­lu­cio­na­ria, Hacia una cien­cia de la libe­ra­ción de la mujer es un recur­so insos­la­ya­ble para aco­me­ter la tarea incon­clu­sa de nues­tra eman­ci­pa­ción colec­ti­va.

Referencias

Bellucci, M., & Theumer, E. (2018). Desde Cuba revo­lu­cio­na­ria: Feminismo y mar­xis­mo en la obra de Isabel Larguía y John Dumoulin. CLACSO. Disponible para des­car­ga gra­tui­ta en https://libreria.clacso.org/publicacion.php?p=1432&c=5

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Larguía, I. (1980). La mujer, el sec­tor más explo­ta­do de la his­to­ria. FEM, 15(4).

Larguía, I., & Dumoulin, J. (1988). La mujer nueva: Teoría y prác­ti­ca de su eman­ci­pa­ción. Centro Editor de América Latina.

Lipszyc, C. (1996). Desprivatizando lo pri­va­do: Sobre las rela­cio­nes entre tra­ba­jo domés­ti­co y la acu­mu­la­ción capi­ta­lis­ta. En C. Lipszyc et al., Desprivatizando lo pri­va­do: Mujeres y tra­ba­jos. Catálogos.

Poblete, O. (1984). Mujer y edu­ca­ción: Algunos ante­ce­den­tes para una refle­xión y dis­cu­sión del tema. Signos: Revista de Educación y Cultura, 1(3), 6–9.

Rubin, G. (1975). The traf­fic in women: Notes on the “poli­ti­cal eco­nomy” of sex. En R. R. Reiter (Ed.), Toward an anth­ro­po­logy of women (pp. 157–210). Monthly Review Press.

Saffioti, H. I. B. (1979). Emprego domés­ti­co e capi­ta­lis­mo. Avenir.

Urrutia, E. (1976). Del tra­ba­jo invi­si­ble al tra­ba­jo visi­ble. Fem, 1(1), 14–15.

Cómo citar este artícu­lo APA (7.ª edi­ción):
Carrillo, A. (2026, 3 de sep­tiem­bre). Hacia una cien­cia de la libe­ra­ción de la mujer. Modernismo Latinoamericano.
https://www.modernismolatinoamericano.org/hacia-una-cien­cia-de-la-libe­ra­cion-de-la-muj/

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