El Eternauta

Hernán Comastri. Doctor en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires e inves­ti­ga­dor de UNIPE/CONICET espe­cia­li­za­do en his­to­ria cul­tu­ral de la cien­cia.

Ciudad: Buenos Aires
Productor: Hora Cero Semanal, Editorial Frontera
Personas Vinculadas: Héctor Germán Oesterheld (guio­nis­ta y cofun­da­dor de la edi­to­rial), Francisco Solano López (dibu­jan­te de la ver­sión ori­gi­nal), Alberto Breccia (dibu­jan­te de la ver­sión de 1969), Jorge Oesterheld (cofun­da­dor y direc­tor de la edi­to­rial)
Ubicación: Archivo Histórico de Revistas Argentinas (AHIRA)
País: Argentina

Antes que leer la des­truc­ción alie­ní­ge­na de nues­tro mundo, en El Eternauta lee­mos una ver­sión cele­bra­to­ria de nues­tras cos­tum­bres y nues­tra orga­ni­za­ción social, en un for­ma­to artís­ti­co ‑la his­to­rie­ta- que par­ti­ci­pa tanto de algu­nas con­ven­cio­nes del arte “culto” como del arte masi­vo y popu­lar.

— Soledad Quereilhac, 2022

En últi­ma ins­tan­cia, gur­bos y hom­bres-robot no son sino ins­tru­men­tos de un enemi­go que jamás da la cara; han sido lle­va­dos allí para com­ba­tir por algo que no entien­den, que está más allá en una suce­sión infer­nal de cajas chi­nas. Los ‘ellos’, los sin nom­bre, adquie­ren una dimen­sión prác­ti­ca­men­te meta­fí­si­ca, son casi una metá­fo­ra del mal encar­na­do en la sed de poder, la volun­tad opre­si­va uni­ver­sal.

— Juan Sasturain, 1985

“Una cita con el futu­ro: El Eternauta, memo­rias de un nave­gan­te del por­ve­nir” (títu­lo luego sim­pli­fi­ca­do a El Eternauta) es una his­to­rie­ta argen­ti­na sur­gi­da en 1957 de los guio­nes de Héctor Germán Oesterheld (1919–1977) y los dibu­jos de Francisco Solano López (1928–2011), publi­ca­da, en su ver­sión ori­gi­nal, de forma seria­da entre el núme­ro 1 y el 106 de la revis­ta Hora Cero Semanal. Para ese momen­to, tanto Oesterheld como Solano López ya con­ta­ban con una amplia expe­rien­cia en el géne­ro de la his­to­rie­ta, que se desa­rro­lla­ba con velo­ci­dad en la Argentina de la época, con tira­das de cien­tos de miles de ejem­pla­res que se ven­dían en kios­cos a pre­cios popu­lar­men­te acce­si­bles. Ambos habían cola­bo­ra­do pre­via­men­te en otros títu­los de Editorial Abril, pero El Eternauta fue publi­ca­do por Editorial Frontera, fun­da­da por el pro­pio Oesterheld junto a su her­mano Jorge. Allí escri­bi­ría algu­nas de sus obras más impor­tan­tes, ya sin las res­tric­cio­nes impues­tas por los sellos comer­cia­les con los que había tra­ba­ja­do pre­via­men­te, en buena medi­da aún ata­dos al canon del comic book nor­te­ame­ri­cano. Esto le per­mi­tió explo­rar más libre­men­te las posi­bi­li­da­des del géne­ro y ensa­yar una voz espe­cí­fi­ca­men­te argen­ti­na a tra­vés de la cual narrar la aven­tu­ra moder­na sin repro­du­cir las fór­mu­las mani­queas domi­nan­tes en tiem­pos de la Guerra Fría.

Así, El Eternauta fun­cio­nó como punto de lle­ga­da de diver­sas apues­tas crea­ti­vas con las que Oesterheld venía expe­ri­men­tan­do en años pre­vios. Una de ellas fue ubi­car a la cien­cia en el cen­tro de la aven­tu­ra moder­na y, a la vez, uti­li­zar a esta últi­ma como vehícu­lo de la divul­ga­ción cien­tí­fi­ca (Oesterheld había estu­dia­do Geología en la Universidad de Buenos Aires), como ya había hecho, por ejem­plo, en Bull Rockett (1952–1957). Otra fue lle­var la acción del típi­co esce­na­rio nor­te­ame­ri­cano al ámbi­to barrial de Buenos Aires, como ya había pro­ba­do en Rolo, el mar­ciano adop­ti­vo (1957–1958). Y final­men­te, una últi­ma apues­ta fue por la cons­truc­ción del héroe colec­ti­vo en opo­si­ción al “súper-héroe” o al indi­vi­duo extra­or­di­na­rio, ya ensa­ya­da en Sargento Kirk (1953–1957). En El Eternauta este héroe colec­ti­vo tiene una pri­me­ra expre­sión en el grupo de ami­gos que jue­gan al truco cuan­do comien­za a nevar en la zona norte del conur­bano bonae­ren­se: un peque­ño indus­trial (Juan Salvo, el eter­nau­ta), un pro­fe­sor uni­ver­si­ta­rio, un jubi­la­do y un emplea­do de banco.

Estas inno­va­cio­nes, suma­das a la capa­ci­dad de Solano López para recu­pe­rar en sus dibu­jos la fiso­no­mía del “hom­bre común” y de la ciu­dad de Buenos Aires, sig­ni­fi­ca­ron el inme­dia­to éxito comer­cial del títu­lo. Oesterheld, que en un pri­mer momen­to no había pla­ni­fi­ca­do más allá de la neva­da mor­tal y la “situa­ción Robinson” a la que se verían enfren­ta­dos los sobre­vi­vien­tes, se vio enton­ces impul­sa­do a con­ti­nuar una his­to­ria que pron­to gira­ría en torno, ya no de la super­vi­ven­cia, sino de la resis­ten­cia fren­te al inva­sor extra­te­rres­tre, cau­san­te de aque­lla nieve que mata­ba al con­tac­to con la piel. Este mismo éxito llevó a la publi­ca­ción en 1958 de dos epi­so­dios uni­ta­rios vin­cu­la­dos a la his­to­ria cen­tral, uno de ellos en el pri­mer núme­ro de Hora Cero Extra con dibu­jos de Solano López (“El Eternauta. Episodio uni­ta­rio”) y el otro (“Muerte. La pre­cue­la de El Eternauta”) en el segun­do núme­ro de la revis­ta Géminis e ilus­tra­do por Alberto Breccia (1919–1993).

La cola­bo­ra­ción con Breccia sería reto­ma­da en 1969, cuan­do se publi­ca una nueva ver­sión de El Eternauta entre los núme­ros 201 y 207 de la revis­ta de actua­li­dad Gente. Esta ver­sión, sin embar­go, que­da­ría incon­clu­sa por deci­sión de la revis­ta, des­con­ten­ta con las ilus­tra­cio­nes de Breccia que, hacien­do uso del colla­ge, la abs­trac­ción y el expre­sio­nis­mo (a dife­ren­cia del “rea­lis­mo” de Solano López), poseían un esti­lo van­guar­dis­ta, expe­ri­men­tal y oscu­ro que gene­ró el recha­zo de sus lec­to­res. El guion de esta nueva ver­sión tenía pocos, pero sig­ni­fi­ca­ti­vos, cam­bios res­pec­to al ori­gi­nal de 1957–1959, prin­ci­pal­men­te en rela­ción a una mayor pre­sen­cia del comen­ta­rio polí­ti­co más o menos explí­ci­to. Ejemplos en este sen­ti­do son las mira­das más crí­ti­cas sobre el accio­nar de las Fuerzas Armadas en la resis­ten­cia al inva­sor extra­te­rres­tre, o la suge­ren­cia de una trai­ción de las poten­cias mun­dia­les que habrían aban­do­na­do al país a su suer­te. En parte, esto se expli­ca por una coyun­tu­ra argen­ti­na mar­ca­da por la pre­si­den­cia de facto de Juan Carlos Onganía. Y en parte, por el cre­cien­te com­pro­mi­so polí­ti­co de sus auto­res, que un año antes habían tra­ba­ja­do jun­tos en La vida del Che, sobre la figu­ra de Ernesto Guevara, ase­si­na­do en Bolivia en 1965, pero pre­sen­te como sím­bo­lo en todos los movi­mien­tos obre­ros y estu­dian­ti­les de 1968.

En Oesterheld, este cre­cien­te com­pro­mi­so polí­ti­co llevó a su acer­ca­mien­to a la agru­pa­ción gue­rri­lle­ra Montoneros, parte de la lla­ma­da “Tendencia Revolucionaria” del pero­nis­mo, y en la que mili­ta­ban sus hijas. Este cam­bio es obser­va­ble en los guio­nes de El Eternauta II (publi­ca­do en 1976 por Ediciones Record, nue­va­men­te con dibu­jos de Solano López), que trans­cu­rre en una Buenos Aires post-apo­ca­líp­ti­ca en la que el pro­ta­go­nis­ta orga­ni­za y guía a los sobre­vi­vien­tes (el “pue­blo de las cue­vas”) en con­tra de su opre­sor extra­te­rres­tre. Aunque el argu­men­to reto­ma la his­to­ria de Juan Salvo, muchos de los ele­men­tos pre­sen­tes en la his­to­ria ori­gi­nal, como la idea de un héroe colec­ti­vo com­pues­to de “hom­bres comu­nes”, son en buena medi­da aban­do­na­dos. Tras el golpe de Estado de marzo de 1976, Oesterheld ter­mi­na­ría de escri­bir estos guio­nes desde la clan­des­ti­ni­dad, y un año más tarde él y sus cua­tro hijas serían secues­tra­dos y des­apa­re­ci­dos por los gru­pos de tareas de la dic­ta­du­ra mili­tar.


Con el regre­so a la demo­cra­cia en diciem­bre de 1983, y en parte como resul­ta­do de la tarea de divul­ga­ción de escri­to­res y ensa­yis­tas como Guillermo Saccomano, Carlos Trillo y Juan Sasturain, El Eternauta no sólo fue recu­pe­ra­do por el públi­co lec­tor, sino tam­bién por la crí­ti­ca lite­ra­ria y el aná­li­sis aca­dé­mi­co. Desde media­dos de la déca­da del seten­ta y hasta la fecha se han rea­li­za­do nume­ro­sas reedi­cio­nes de su ver­sión ori­gi­nal (tanto en Argentina como en el exte­rior), en 1983 se publi­có su con­ti­nua­ción en El Eternauta III (en Ediciones Record, con guio­nes de Alberto Ongaro y dibu­jos de Mario Morhain y Osvaldo Walter “Oswal” Viola) y en 2025 fue estre­na­da su adap­ta­ción en for­ma­to tele­vi­si­vo en la pla­ta­for­ma Netflix. En reco­no­ci­mien­to a su impor­tan­cia his­tó­ri­ca, en 2010 el Congreso de la Nación esta­ble­ció el 4 de sep­tiem­bre (fecha de su pri­me­ra edi­ción en 1957) como Día Nacional de la Historieta Argentina. Pero más allá del reco­no­ci­mien­to ofi­cial y comer­cial, El Eternauta per­du­ra en la memo­ria social y en múl­ti­ples pin­ta­das calle­je­ras como sím­bo­lo de resis­ten­cia y de comu­ni­dad fren­te a la adver­si­dad.

Referencias

Libros y publi­ca­cio­nes aso­cia­das:

Fernández, L. C. (2012). Historieta y resis­ten­cia. Arte y polí­ti­ca en Oesterheld (1968–1978). Mendoza, Argentina: EDIUNC.

Moreno, H. (comp.) (2024). La ima­gi­na­ción cien­tí­fi­ca popu­lar. Paradigmas de los ’50 en El Eternauta y otras his­to­rias de Oesterheld. José C. Paz, Argentina: EDUNPAZ.

Sasturain, J. (2010). El aven­tu­ra­dor. Una lec­tu­ra de Oesterheld. Buenos Aires, Argentina: Editorial Aquilina.

Vázquez, E. (2009). El ofi­cio de las viñe­tas. La indus­tria de la his­to­rie­ta argen­ti­na. Buenos Aires, Argentina: Paidós.

Von Sprecher, R. y Reggiani, F. (eds.) (2010). Héctor Germán Oesterheld: de El Eternauta a Montoneros. Córdoba, Argentina: EDIUNC.

Otros enla­ces:

Centro de Historieta y Humor Gráfico Argentinos: Programa de inves­ti­ga­ción y de ges­tión de dona­cio­nes de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno lan­za­do en 2012 y apun­ta­do a pre­ser­va­ción, con­ser­va­ción, estu­dio, valo­ri­za­ción y difu­sión de la pro­duc­ción his­to­rie­tís­ti­ca y humo­rís­ti­ca desa­rro­lla­da desde fines del siglo XX y hasta la fecha en Argentina. https://www.bn.gov.ar/culturalia/centros/historieta

Cómo citar este artícu­lo APA (7.ª edi­ción):
Comastri, H. (2026, 17 de abril). El Eternauta. Modernismo Latinoamericano.

https://www.modernismolatinoamericano.org/el-eternauta

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